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Experiencia y encuentro con Jesucristo

Cuando uno se encuentra con Jesucristo, el cual transforma el corazón, entonces nace el deseo de mostrar a los hombres el rostro amable y compasivo de Jesús. Al mismo tiempo, seguir buscando un encuentro sincero y valiente con su persona, creerle a él, ya que es la única respuesta absoluta a nuestras esperanzas y necesidades más profundas. Abandonarse en Él, esperar en Él, vivir para Él, cada sueño, cada ideal nos adhiere a su proyecto por el Reino. Querer vivir como un enamorado, apasionado en su bella obra de amor.

Es Jesús, enviado por el Padre, el que nos llama, el que nos busca y el que nos hace discípulos. Nos apasiona por su Proyecto de Salvación. Su testimonio aquí en la tierra no deja de ser algo que se experimenta vivamente hasta hoy: su amor a los pequeños, su perdón para con los que nos reconocemos pecadores, su sencillez de vida, las palabras con las que se dirige al mundo (Conf. Mt. 5,1-12), su modo de sentir con el otro (Conf. Mc. 6, 34) y caminar a su lado (Conf. Lc. 24,15), es lo que hace que siga habiendo más discípulos, dispuestos a seguir sus pasos y dejarnos conducir por él mediante su Santo Espíritu, reconociéndonos pecadores y necesitados de su perdón y gracia.

Mi experiencia con Él fue a los 20 años, día 09 de agosto del 2013, en un campamento juvenil organizado por el Movimiento Cursillos de Cristiandad de Tulcán. En este campamento viví la misericordia de Dios, y sentí su voz en el testimonio de los jóvenes que dirigían el campamento, también por medio de su Palabra (Conf. Ap. 3,20) y en la reconciliación y en la Eucaristía. Puedo afirmar que fue ahí donde mi autoestima encontró su verdadero fundamento, al entender que Dios nos ama y somos sus hijos (Conf. Jn.3,16), dándome a entender mi verdadera identidad, que hasta ese momento muy poco lo había comprendido. Es por eso que lo que he mencionado anteriormente, es el resultado de esa experiencia de amor o de encuentro, con el resultado de un grito fuerte en mi interior, hacer con el otro lo que hicieron conmigo, es decir, anunciar la Buena Nueva.

Caminar hacia delatante en búsqueda o en respuesta de este llamado ha sido hasta hoy, el mayor sueño, el más grande ideal, encontrando respuesta, acogida y fortaleza en la persona de Jesucristo. Sin duda alguna este camino ha sido difícil, me he angustiado, he sentido mucho miedo, me he sentido solo, desesperado, necesitado y con mucha incertidumbre, pero al mismo tiempo reconfortado, no por mis propias fuerzas sino por la presencia de Jesús y el ejemplo de su santa Madre.

Los dones que Dios me ha concedido: la alegría, la generosidad, la amabilidad, la sencillez, el servicio, la lealtad, la transparencia, la perseverancia, la humildad y la valentía que voy cultivando los puedo poner al servicio de los demás. Estos dones vienen de Dios y me conducen hacia Él.

La oración es la que sostiene y alimenta mi vocación, es encuentro y comunión con Dios, Él me llena de alegría y fortaleza. Es un motor que me lleva al movimiento, mediante su voz que me habla en el silencio para comunicarme su voluntad. Mediante la oración puedo salir del egoísmo porque puedo encontrar la generosidad en mi interior y practicarla con mis hermanos.

Es un misterio explicar los caminos recorridos y cuantas personas me han ayudado en este camino de conversión y de proceso vocacional: papás, hermanos, amigos, sacerdotes y religiosos. Solo sé que a través de ellos Dios se valió para háblame y guiarme hasta ser parte de esta vida religiosa, al estilo de Francisco de Asís, y ser un hermano menor que quiere vivir el evangelio en fraternidad, alegría y sencillez.

Jesús es para mí Maestro, Amigo y Hermano que me va revelando el rostro amoroso del Padre. Santa María del camino, guíame hacia tu Hijo amado.

No es una emoción con ilusión pero sí una verdadera afirmación que, si tenerte quiero, yo no puedo porque fuiste quien me amó primero.

 

¡Qué amor tan diferente, porque, si estoy en pecado, Tú, sigues presente y te vuelves al pobre que fue indiferente!

Oh Jesús que amas sin esperar fama, queriendo del hombre lo que tú anhelas, sabiendo que así el amor del Padre encontrará y en sus brazos descansará.

En tus palabras eres coherente, y con tu vida muestras vivamente que ser y actuar es tu ideal lo que para el Padre es su voluntad.

Gracias Verbo de Dios, Hijo amado, Enviado de Dios humanado, por mi amor crucificado, muerto y resucitado.

 

Oscar Molina,

Novicio Capuchino

Quito, Julio 2020.

 

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