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Retiro Vocacional Capuchino
“Francisco, ve y repara mi iglesia”


Paz y bien mis queridos hermanos y hermanas, es una alegría volvernos a encontrar los que conformamos la Pastoral Vocacional de los Capuchinos en el Ecuador, iniciando un nuevo año de trabajo con el Retiro Vocacional en el recinto Cochancay, del cantón La Troncal, provincia del Cañar, durante los días del 1 al 3 de noviembre.
El tema que nos iluminó fue: el encuentro de San Francisco de Asís con el Cristo de San Damián, con el lema “Francisco, ve y repara mi iglesia” y motivados por la oración frente al Cristo de San Damián: “Oh alto y glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón, y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, oh Señor para que cumpla tu santo y verás mandamiento” Amén.
Los jóvenes comenzaron a llegar el día viernes después del mediodía a la iglesia parroquial de Cochancay donde les esperábamos. No faltó la buena acogida del P. Galo Idrovo, párroco a quien le agradecemos con el corazón su apertura y cariño.
Una vez llegados los jóvenes participantes los trasladamos a un sector agradable entre las montañas llamado “El Paraíso”. Los encargados que acompañaron este encuentro fueron los hermanos capuchinos: Fernando Ortega, Oscar Ramos y un servidor, Carlos Tubay; además nos acompañó la hermana terciaria capuchina Rosita Campoverde.
Los jóvenes que participaron fueron: Mirian, Shirley y Jonathande Quito; Tatiana, Patricia y Marilyn de Barbones; Saúl, Carlos y Luis Campoverde de Cuenca; Damián y Javier de Guayaquil; Manuel de Biblián; Luis Girón de Loja; Danilo de Machachi, Jorge de Manta; Jasson de Playas; Matías de Latacunga; y, Edison de Zumba.
En la tarde del viernes arreglamos nuestras carpas y organizamos nuestro ritmo para los siguientes días. A las 18h30 tuvimos un momento de presentación y acción de gracias, que nos ayudó para disponernos a vivir estos días en silencio y oración guiados por el Espíritu de Dios.
El día sábado nos despertamos con la alegría de la naturaleza que nos envolvía, acompañados del canto del río y de las aves. Rezamos juntos en torno al Cristo de San Damián, preparamos el desayuno y compartimos la mesa fraterna.
El primer tema lo acompañó el hno. Oscar: “Mi propia realidad”, ¿Quién soy y cómo estoy? Seguidamente la hermana Rosa, acompañó con el segundo tema: “La experiencia de Dios en el joven de hoy”. Terminado el segundo tema, se dio un espacio para el silencio, la soledad y la reflexión. Luego del almuerzo hubo un descanso y a la media tarde se compartió el tercer tema: “El encuentro de Francisco con el Cristo de San Damián”.
A las 16h00 hicimos un alto en la reflexión para compartir la Eucaristía de difuntos con el pueblo, presidida por el hermano Óscar Ramos. Los fieles llegaron de las comunidades vecinas, y se creó un ambiente de vida y color. Recordamos con acción de gracias a los familiares y seres que han partido al encuentro con el Padre. Aprovechamos este momento para presentarnos a la comunidad y poder expresar los sentimientos de búsqueda, camino y llamado que percibimos como bendición de Dios.
Luego de la merienda, nos reunimos y empezamos un espacio fuerte del retiro. Cada uno fue experimentando la conexión con la naturaleza desde los susurros, caricias y manifestaciones que ella nos regala. La dinámica les llevó a los jóvenes a experimentar el encuentro con Jesucristo, a través de su presencia real en la Eucaristía, la confrontación con la realidad personal y un momento de reconciliación con su propia historia.
Nuestras manos también sintieron y tocaron la bondad de Dios y las limitaciones del camino. Escribimos con el corazón unas letras y las presentamos como signos de fe y lazos de vida. Así culminamos esta jornada con un corazón agradecido ante la mirada de Dios.
Nuestro despertar del día domingo fue sonriente y lleno de hermandad. Oramos, compartimos la mesa servida y nos dispusimos a evaluar la experiencia de los días de retiro, presentación del carisma capuchino, y proceso vocacional.
Hay que resaltar la acogida, bondad y amor de la familia que nos recibió en este bello sector: don Leoncio y doña Rosita, junto con sus hijos y demás familias. Como despedida nos ofrecieron un rico seco de gallina criolla estando siempre pendientes de nosotros.
Gracias a todos los hermanos y hermanas por tan hermoso momento, les esperamos en la próxima experiencia vocacional.
 
 
Carlos Tubay
Postnovicio capuchino

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