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A TODA LA SOCIEDAD ECUATORIANA

LA PAZ TRIUNFARÁ

logo ceeComo Pastores de la Iglesia Católica, con el corazón herido por la violencia que busca apoderarse de nuestra sociedad, pero sobre todo con la certeza de que somos un pueblo de hermanos, que hemos sabido siempre unirnos para combatir a los verdaderos enemigos del presente y del futuro:

Nos dirigimos, en primer lugar, a las comunidades cristianas que irrigan en medio de la aridez de este tiempo, el agua fresca del encuentro, del diálogo y de la fraternidad.  El tejido eclesial atraviesa toda nuestra patria, especialmente los sectores más frágiles y vulnerables de la sociedad. Ahí donde falta pan, educación, salud, vivienda, ahí la comunidad cristiana “actúa como anticuerpo manso y fuerte contra los intereses partidistas, la corrupción, la codicia, la violencia, que son el ADN de las organizaciones criminales” (Papa Francisco).

Exhortamos, a todos los cristianos, a no bajar los brazos, a no ceder a la tentación de ser parte de la violencia, a no hacerle el juego al miedo. “Las mafias vencen cuando el miedo se apodera de la vida, razón por la cual se apoderan de la mente y del corazón, despojando a las personas de su dignidad y libertad desde dentro”. (Papa Francisco). 

No dejen de hacer lo posible para que el miedo no venza: seamos pues, un rayo de luz en medio de la oscuridad, un testimonio de fortaleza y de fe que se niega a caer en la desesperanza. 

Nos dirigimos a todos los actores sociales y políticos.  Cuando está en riesgo el futuro de la patria, cuando se busca sembrar la muerte y el caos, cuando se ataca nuestros valores comunes, no sólo que es necesaria una buena dosis de cordura sino sobre todo una mayor dosis de valentía para no hacerle el juego a la demagogia, al populismo y a la búsqueda proterva de intereses personales o partidistas. Toda discusión política debe hacerse en el marco del respeto a la constitución y al orden democrático, sin olvidar que la razón de la acción política es la defensa de los más pobres y vulnerables. “Cuando falta la seguridad y la legalidad, los primeros perjudicados son en realidad los más frágiles y todos aquellos que de diversas maneras pueden llamarse “últimos”. Todos estos son los esclavos modernos sobre los que se construyen las economías criminales” (Papa Francisco). De la acción política y social depende en gran parte que las mafias no alimenten sus filas con los pobres.

Nos dirigimos, sobre todo, a cada hombre y mujer que habita esta hermosa tierra del Ecuador. Cada uno de nosotros tendremos que rendir cuentas no sólo a la historia sino a Dios mismo de nuestras acciones. Es hora de la unión nacional, de reconstruir el pacto social que nos une y combatir ese enemigo común que es el crimen organizado, el tráfico de drogas, la delincuencia, la inseguridad, que buscan destruir el tesoro más valioso que tenemos, nuestros niños y jóvenes y que encuentran terreno fértil en una sociedad en la que lastimosamente la pobreza y la desigualdad parecen no tener fin. 

Hay que “resistir al colonialismo cultural mafioso, mediante la investigación, estudio y actividades formativas, encaminadas a testimoniar que el progreso civil, social y ambiental no surge de la corrupción y el privilegio, sino de la justicia, la libertad, la honestidad y la solidaridad” (Papa Francisco). 

Es urgente que todos nosotros, en todos los niveles, tomemos con decisión el camino de la justicia y de la honestidad, que no nos cansemos de soñar y de construir una economía inclusiva, que no deje a nadie atrás, que esté centrada en la dignidad de la persona humana, que genere trabajo digno para todos, que escuche el clamor de los pobres y de la tierra. 

Nos dirigimos a los responsables de esta violencia: a los hombres y mujeres criminales. “Por favor, cambien de vida, conviértanse, deténgase, dejen de hacer el mal. Esta vida que viven ahora, no les dará placer, no les dará alegría, no les dará felicidad. El poder, el dinero que ustedes ahora tienen de tantos negocios sucios, de tantos crímenes mafiosos, es dinero ensangrentado, es poder ensangrentado, y no podrán llevarlo a la otra vida. Conviértanse, aún hay tiempo, para no acabar en el infierno. Es lo que les espera si siguen por este camino. Han tenido un papá y una mamá: piensen en ellos. Lloren un poco y conviértanse” (Papa Francisco).

En especial, queremos expresar nuestra solidaridad a quienes entre nosotros han perdido a una persona querida, víctima de la violencia asesina de estos días en las calles, en las cárceles, civiles y policías. Su dolor y sus lágrimas son el dolor y las lágrimas de cada ecuatoriano. Rezamos por todas las víctimas del narcotráfico, la delincuencia, la inseguridad, la corrupción, la injusticia y la marginalidad. ¡Gracias a quienes cumpliendo su deber, a riesgo de su propia vida, nos muestran que la paz triunfará! 

Queremos compartir con todos ustedes una esperanza, y es ésta: que el sentido de fraternidad poco a poco triunfe sobre la división, en todas las conciencias y corazones...  sólo desde allí podremos curar, volver a sanar los comportamientos, las relaciones, las decisiones, el tejido social, de modo que la justicia y la paz gane espacio, se amplíe, se arraigue, y ocupe el sitio de la iniquidad y la violencia.

Finalmente, convocamos a todo el pueblo católico a una jornada de oración el día domingo 6 de noviembre en todas las parroquias, capillas, oratorios del Ecuador. Y les invitamos a que en cada hogar cristiano se eleve a Dios la siguiente oración:

 

ORACIÓN POR EL ECUADOR

Dios omnipotente y misericordioso, Señor del Universo y de la historia humana. Todo lo que has creado es bueno, y tu compasión por el hombre, que te abandona una y otra vez, es inagotable.

Venimos hoy a implorarte que ampares al Ecuador y a sus habitantes con la paz, alejando de él el destructivo oleaje de la violencia, restaurando la amistad y derramando en los corazones de tus criaturas el don de la confianza y la prontitud para perdonar.

Dador de la vida, te pedimos también por todos los que han muerto, víctimas de los brutales actos delictivos. Concédeles la recompensa y las alegrías eternas. Que intercedan por el Ecuador, sacudido por la angustia y las desgracias.

Jesús, Príncipe de la Paz, te rogamos por los heridos en los ataques de bandas criminales: los niños y los jóvenes, las mujeres y los hombres, los ancianos, las personas inocentes y los que han sido agredidos por casualidad. Sana su cuerpo y el corazón, que se sientan fortalecidos por tu consuelo, aleja de ellos el odio y el deseo de la venganza.

Santo Espíritu Consolador, visita a las familias que lloran la pérdida de sus familiares, víctimas inocentes de la violencia y el narcotráfico. Cúbreles con el manto de tu Divina Misericordia. Que encuentren en Ti la fuerza y el valor para continuar siendo hermanos y hermanas de los demás, testimoniando con su vida tu amor.

Mueve los corazones de los violentos para que reconozcan la maldad de sus acciones y vuelvan a la senda de la paz y el bien, el respeto por la vida y la dignidad de cada ser humano.

Dios, Eterno Padre, escucha compasivo esta oración que se eleva hacia Ti entre el estruendo y la desesperación del Ecuador. Llenos de confianza en tu infinita Misericordia, confiando en la intercesión de tu Santísima Madre, nos dirigimos a Ti con gran esperanza, suplicando el don de la paz y pidiendo que alejes de nosotros el látigo de la violencia.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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CONSEJO DE PRESIDENCIA DE LA CEE

Quito, 5 de noviembre de 2022

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