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Como religiosas y religiosos de América Latina y el Caribe, nos hemos congregado las 22 Conferencias Nacionales, esparcidas en las entrañas de nuestros pueblos, en la XXI Asamblea General de la CLAR. Estuvieron con nosotras/os, representantes de la Vida Consagrada femenina y masculina de los Estados Unidos, y el secretario general adjunto del CELAM.

Al calor del fuego de la esperanza, en medio de la penumbra y la incertidumbre de este tiempo, nos hemos dejado inspirar por “las mujeres silleteras antioqueñas”[1] para armar la silleta de la inclusión, hacer una travesía orante, pintar con belleza y parresía, el futuro de la Vida Consagrada en nuestro Continente. 

Puestos en el corazón de María, Nuestra Madre, ha vuelto a resonar en las honduras de nuestro ser, su invitación: “Hagan lo que Él les diga”.  La fluidez desbordante de la “Ruah Divina” dinamiza nuestro compromiso místico-proféticocomunional con los más empobrecidos y excluidos, nos anima a contemplar sus sufrimientos con sus ojos, a sentir con su corazón y a escuchar sus clamores en los gritos de los pobres y de la tierra.

Ha sido ésta, una hermosa oportunidad para orar juntas/os al Dios de la “llamada” y volver a confirmar que la Vida Consagrada es una vanguardia profética y un don expansivo. Volvemos a cada uno de nuestros países a vivir alegremente en nuestra entrega generosa, este regalo que hemos sentido como un rocío pascual. 

 Estos días de encuentro, han sido únicos, para volver a escucharnos, recíprocamente, buscar la voluntad de Dios y prestar oído a las invitaciones que nos hace el Espíritu Santo; desde la experiencia de lo que el Espíritu le dice a las iglesias de hoy, hemos abierto el oído para discernir que la Vida Consagrada debe ser sembradora, cultivadora y segadora de un nuevo modo de ser Iglesia en el proceso sinodal.

En este discernimiento, hemos sentido la urgencia de desaprender las formas anti-evangélicas de ser Iglesia e intuir los signos de su presencia viva, en las “albas de cada amanecer” de esta “hora histórica” y recrear la centralidad de nuestro seguimiento de Jesús de Nazaret y un renovado compromiso, con el Reino y en él, con los más pobres, para vivir nuestro discipulado misionero con sentido, radicalidad y reencanto.

Con las “Mujeres del Alba”, en la mañana de la resurrección, con las mujeres silleteras antioqueñas, que visibilizan la “memoria viva del resucitado” en la cotidianidad de sus existencias, nos decidimos, mujeres y hombres consagrados, a “arropar el misterio de la vida” con el colorido de nuestras flores que germinan en las parcelas marginales del Continente. Y, con la multiplicidad de los aromas y fragancias de nuestros carismas, emprendemos el camino de retorno, a plena luz del día, a nuestra “Galilea original”.  

Las “Mujeres del Alba”, muchas de ellas sin nombre, sumidas en el olvido y el silencio, se convierten en nuestro Icono Inspirador para el trienio 2022-2025. Son nuestra fuente de inspiración, nuestro aliento vital, son nuestras compañeras de camino. En medio de la incertidumbre de la noche, le dan vitalidad a nuestra osadía de transgredir lo establecido para que, venciendo los miedos de tantas oscuridades corramos el riesgo de la salida y gritar, en medio de las auroras existenciales y geográficas que la vida emerge, que la esperanza es más cierta que la oscuridad de la muerte y que Jesús ha resucitado. 

Jesús sigue resucitando con una creatividad esplendorosa en la “aurora de una Iglesia sinodal”, en la aurora de reimaginar nuevos liderazgos, en la aurora de inaugurar nuevas relaciones humanas y ministeriales, en la aurora de nuevas itinerancias, en la aurora de nuevos modelos comunitarios desde la intercongregacionalidad, en la aurora de la interdependencia desde la interculturalidad e intergeneracionalidad, en la aurora de una relación sana con la naturaleza, nuestra casa común, en la aurora de seguir tejiendo nuestra unidad con los hilos de la diversidad, en la aurora para cultivar una cultura de la prevención en ambientes sanos y seguros.

Celebramos y agradecemos a las hermanas y hermanos que nos han acompañado en la animación de la CLAR en el pasado trienio. Y, acogemos con alegría, la generosidad, de la nueva Presidencia de la CLAR, que enfrenta el desafío de acompañarnos en este proceso de transformación eclesial y carismática.

En la vigilia de Pentecostés, en la frescura de la noche del cenáculo, oramos con ella, la Mujer de la Ruah Divina, repitiendo las palabras que la Iglesia ha musitado a lo largo de su historia: “Ven Espíritu y renueva la faz de la tierra”.

Rionegro, 4 de junio de 2022

 

[1] Las silleteras/os representan el trabajo del campesino, hoy erigidos como símbolo de la cultura antioqueña, recuerdan la dedicación y el trabajo que requiere el campo colombiano. El desfile de silleteras/os nació en el año de 1957, como desfile de campesinos que cargaban silletas con flores y hortalizas desde el corregimiento de Santa Helena hacia Medellín. La idea era mostrar la particular estética con las que las flores eran organizadas en las silletas para ser vendidas en las calles de la capital antioqueña.

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