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SOLEMNIDAD DE NAVIDAD

Vino a su propia casa, y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les dio capacidad para ser hijos de Dios” (Jn 1,11-12)

navidad 2011La “hospitalidad” es uno de los valores culturales que se pueden resquebrajar por el miedo a la persona-cultura desconocida o diferente. La “acogida” es una capacidad humana de relación gratuita, que debe superar el miedo a la agresión o la incomodidad. Sin hospitalidad y sin acogida, las personas y las comunidades tenemos el riesgo de quedarnos en nuestras propias seguridades-incertidumbres, certezas-dudas, convencimientos-emociones y estructuras-sistemas… hasta dejarnos esclavizar por ellas, sin opción para la creatividad o la renovación.

La encarnación de Dios Padre en su Hijo Jesucristo -el Niño de Belén- sorprende a cuantos esperan espectacularidad o una emergencia para reaccionar, porque no han/hemos aprendido el valor de la cotidianidad, lo sencillo y la “minoridad”, que son rasgos del discipulado misionero, muy lejos de la dulzona evasión de lo religioso o del consumismo adobado con la indiferencia solidaria.

Dios-con-nosotros no es un turista que llega a la tierra para visitar a sus habitantes, sino que es la plena encarnación del Hijo del Hombre (Mc 2,10),  ya que “tomando la condición de siervo, se hizo semejante a los hombres, encontrándose en la condición humana” (Flp 2,7), de tal modo que descubrimos “la generosidad de Cristo Jesús, nuestro Señor, que, siendo rico, se hizo pobre por ustedes para que su pobreza los hiciera ricos” (2 Cor 8,9).

¿Seguimos creyendo en un Dios “evasivo” y castigador? ¿Acogemos y hospedamos el amor que Dios nos regala en Jesús de Belén, de Nazaret, de Galilea…, tal como Él lo entrega? ¿Le queremos obligar a Dios a que se manifieste según nuestras esquizofrenias en vez de acogerle con “sencillez evangélica”? 

Recordemos que el gran signo de nuestra fe no pasa por la espectacularidad sino por “un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,12), vulnerable y tierno.

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