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MENSAJE EN LA FIESTA DE SAN FRANCISCO

Haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz...

Queridos hermanos: Paz y Bien

En ningún momento de nuestra historia reciente ha adquirido tanto sentido este saludo franciscano de "Paz y Bien". El sentido lo adquiere porque nunca hemos visto tan de cerca amenazada la paz, nuestra paz, la paz del mundo en el que vivimos. No creíamos que fuera posible una guerra en nuestro mundo, y ahora estamos oyendo a cada momento en los medios de comunicación, no solo que la guerra es posible, sino que es posible y probable una guerra nuclear.

¿Qué ha pasado en nuestro mundo, y en la situación concreta de Europa, para que ahora no descartemos un conflicto armado internacional en el que de un modo directo nos podemos ver involucrados? ¿Cómo es posible que tantos acuerdos, tantos tratados internacionales salten por los aires en nuestro "civilizado siglo XXI" y no seamos capaces ni de respetarnos, ni de ponernos de acuerdo?

Cuando escuchamos hablar a los analistas internacionales de los motivos y las razones por los que nos encontramos en esta situación, los argumentos que esgrimen siempre tienen que ver con el ansia de poder, con cuestiones económicas y estratégicas, con demostrar al otro que puedo tanto o más que tú, que necesito y quiero preservar mi patrimonio, mi cultura, mi forma y estilo de vivir frente a tu cultura, tu forma de vivir y de actuar que poco a poco van deteriorando mi entorno.

Desgraciadamente, la persona y valores como el respeto, la libertad, el trabajo, la dignidad humana, el futuro de los niños y jóvenes... o no cuentan o no son tenidos en cuenta a la hora de calibrar las consecuencias de un conflicto armado. Es más, los más implicados acaban siendo los jóvenes a los que se les exige la participación directa en los conflictos armados. Y asistimos atónitos a escenas tan dramáticas como las vistas estos días en los medios de comunicación: un joven rompiendo la pierna a otro joven para que no pueda ser llamado a filas.

Cuando Francisco se acercó a hablar con el sultán no lo hizo tanto para tratar de convencerle o para que prescindiera de su visión de la vida, del mundo y de la sociedad. Tampoco pretendió convertirle al cristianismo, y mucho menos que viviera según los criterios y valores de su sociedad, con los que -por cierto- tampoco Francisco estaba totalmente de acuerdo.

Cuentan las crónicas que Francisco terminó aquel encuentro siendo "amigo" del sultán. De hecho, el haber salido con vida de aquel encuentro, nos indica que el diálogo tuvo que ser respetuoso. Y que los temas de los que hablaron no tenían que ver con el poder, la fuerza, las cuestiones económicas... u otras cuestiones que siempre dividen más que unen y remarcan las diferencias más que los valores que tienen a la persona como el centro de atención.

Y en esto, en la persona, es en lo que siempre nos deberíamos basar a la hora de negociar y de buscar soluciones de paz. Estamos hartos de oír que en las guerras y en los conflictos armados quien siempre sale derrotada es la persona y, como suele pasar siempre, la persona más débil y desfavorecida; y todo aquello que está unida a ella y a su entorno: la familia, el trabajo, el bienestar que con tanto trabajo y esfuerzo se ha ido consiguiendo a lo largo de los años...

¿Cómo no recordar esas imágenes desgarradoras, a las que hemos asistido en el conflicto reciente en Ucrania, de la despedida de los hombres que van a luchar al frente y el resto de la familia que tiene que salir del país, o que se queda en él para pasar un montón de calamidades? ¿y las devastadoras consecuencias de la guerra? Muertes, destrucción, hambre, miedo, soledad... el sinsentido de empezar una nueva vida sin los seres queridos, el futuro más que incierto... y las consecuencias más terribles en la propia persona: el odio, el rencor, el deseo de venganza, el desprestigio y la destrucción de los valores en los que habíamos sido educados...

¿Todo esto no son suficientes motivos para luchar por la paz, para trabajar por la paz, para no descansar hasta que consigamos la paz? Siempre nos queda la duda de saber qué podemos hacer en una guerra o en un conflicto internacional. No están a nuestro alcance las soluciones globales del conflicto, pero sí que están a nuestro alcance el tomar posturas y defender los valores de la convivencia, del respeto, del diálogo, de la libertad...

Está a nuestro alcance el paliar, en la medida de lo posible, los efectos que las guerras y los conflictos armados traen consigo a muchas personas y familias concretas: acogida de refugiados, apoyo y ayuda económica, acompañamiento y cercanía... Cada uno de nosotros sabremos cómo ha respondido nuestro corazón a la solicitud que se nos hizo hace unos meses de poner nuestros espacios al servicio de los que nos podían llegar de Ucrania. Cada uno sabremos de qué hemos prescindido en nuestras vidas para compartir algo con los que lo han perdido prácticamente todo, o si sencillamente nos hemos conformado con recaudar y entregar lo que otros han dado. Cada uno sabremos hasta qué punto somos capaces de escuchar al otro, de valorar su cultura, de respetar sus principios y valores, de convivir con quienes ni piensan ni comparten nuestras creencias.

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz... iCuántas veces lo hemos dicho y rezado Ahora nos toca ponerlo en práctica.

Madrid, 3 de octubre de 2022

FIRME carlos coca removebg

 

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