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Un Soplo de Vida

Prot. N. 00514/22

Roma, 21 de julio de 2022

Fiesta de San Lorenzo de Brindis

A todos los hermanos de las Américas

A todos los frailes de la Orden

 

Carísimos hermanos,

En el pasado mes de mayo hemos vivido un momento importante en la vida y animación del Orden en las Américas. Después de un largo periodo de preparación, todos los ministros provinciales, custodios, delegados y demás frailes han podido reunirse en São Paulo (Brasil), con la presencia de la mayoría del Consejo General.

Éstos fueron precisamente días de Capitulo, de fraternidad, de escucha del Espíritu, de entusiasmo, de apertura al futuro y a la esperanza que viene de Dios. Agradezco de corazón al Señor que, con ineludible evidencia, ha acompañado los trabajos, suscitando el involucrarse de casi todos los frailes de las Américas, e hizo resurgir con fuerza, casi de manera espontánea, los valores que deseamos abrazar de manera siempre más fuerte y que deberán ser directrices para reavivar la llama de nuestro carisma.

Ahora deseo enviarles el Documento Final del Encuentro Panamericano de los Capuchinos, debidamente revisado y ordenado. Aquí ustedes encontrarán mucho material, incluso con algunas repeticiones, que intencionadamente no hemos querido cambiar, pues expresan mejor la genuinidad de los trabajos hechos por los grupos. Aquí se puede leer el ánimo entusiasta y decididamente soñador de la autenticidad para el futuro de nuestra vida, reformulada nuevamente sobre los valores que hacen parte de la dimensión vital de nuestro carisma. Se vuelve a reflexionar sobre la Misión, la Formación, las Estructuras y la Colaboración, y hemos identificado los caminos que quisiéramos recorrer para llegar a ser capuchinos más auténticos.

Aprovecho nuevamente estas líneas para agradecer a los Consejeros Generales que han acompañado cuidadosamente toda la preparación y las varias Comisiones que con gran dedicación y eficacia han involucrado todos los frailes en este dinamismo de corresponsabilidad y de vida. Agradezco a todos los frailes que si han dejado involucrarse. Estoy cierto de que con el tempo se producirán frutos benéficos para toda la Orden en las Américas.

Quiero aún aprovechar esta oportunidad para invitar a otras partes de la Orden a valorar la experiencia americana. Porque lo que ellos han vivido y madurado, en la realidad expresa los valores que todos nosotros cargamos en el corazón, y que nos gustaría de poder compartir y realizar el máximo posible. Entonces, aún que de modo diferente, debido a las diversas realidades sociales y culturales, ¿por qué no intentar de hacer algo semejante también en los otros continentes?

Que el Señor, siempre generoso en sus dones, nos guíe a todos e infunda en todos, por la intercesión de nuestro Padre San Francisco, paz, confianza y coraje.

Fr. Roberto Genuin

Ministro General OFMCap


 

Documento final del

Encuentro Panamericano de Capuchinos

San Pedro, Brasil 1-8 de mayo de 2022

 

Recorrido histórico del Encuentro

Fr. Roberto Genuin, en su primera carta circular del 14 de abril de 2019 anunciaba para las Américas un Encuentro Panamericano de todos los Superiores mayores de todo el continente para madurar criterios de ayuda mutua y sugerencias para posibles cambios en las estructuras de las circunscripciones ya que diversas de ellas, en particular en el área de lengua española y algunas de América del Norte, están sufriendo una fuerte disminución de hermanos. Los cuatro grandes temas indicados para la reflexión fueron: la misión, la formación, las estructuras y la colaboración.

A partir de esa convocatoria, todas las fraternidades de las Américas se reunieron en una serie de Capítulos locales en los que reflexionaron sobre la historia de nuestras presencias, dando gracias a Dios por tantos dones que realizó por medio de la Orden en nuestras iglesias particulares; sobre nuestros sueños como capuchinos en estas tierras, expresando nuestros ideales y esperanzas; contemplando nuestro presente y las situaciones concretas que se están viviendo y cómo se está dando respuesta desde nuestro ser carismático de capuchinos; y, finalmente, se debatió sobre nuestra vida misionera en la Américas.

Cuando teníamos previsto comenzar nuestro Encuentro Panamericano, la pandemia de Covid-19 nos interrumpió el proceso que hubiese culminado en 2020. Se pospuso para mayo de 2021 y finalmente se resolvió empezarlo en modo virtual el 3 de mayo de 2021 para culminar con el encuentro presencial en mayo de 2022. Providencialmente este tiempo en que no pudimos encontrarnos fue uno de mayor profundización de los temas con todos los hermanos de las Américas. 

Hubo cinco sesiones oficiales: una sesión de apertura y otras cuatro para reflexionar sobre cada uno de los temas principales: misión, formación, estructuras y colaboración. Paralelamente, se realizaron encuentros virtuales para grupos de hermanos como los que trabajan con JPIC, los formandos, los formadores, los pastoralistas y, finalmente, los hermanos que hicieron los votos perpetuos desde 2010. De una u otra manera, todos los hermanos de las Américas fueron convocados. En estas reuniones, hermanos preparados en diversos temas nos acompañaron con su iluminación, y por medio de trabajos en grupos se hicieron muchísimos nuevos aportes.

Todas las reflexiones, desde los capítulos locales hasta los encuentros virtuales, fueron recogidas, sistematizadas y elaboradas para que los superiores mayores y los delegados pudieran estudiarlas para el encuentro presencial de ocho días en San Pedro (SP), Brasil.

En un jubiloso y fraterno encuentro del 1 al 8 de mayo de 2022, presidido por el Ministro General, fr. Roberto Genuin, el hermano Bernardo Molina nos ofreció una provocadora iluminación sobre nuestra espiritualidad en los escritos de San Francisco, dando gracias por todo nuestro pasado; el hermano Carlos Susin habló sobre los desafíos hoy presentes en nuestras sociedades de las Américas; y nuestro hermano el Card. Sean O’Maley nos dio la posibilidad de profundizar nuestro carisma en la Iglesia y la necesidad de ser auténticos capuchinos mirando a nuestro futuro.

A continuación, les presentamos los compromisos que fueron asumidos por los Capuchinos de las Américas con el objetivo de reavivar la llama de nuestro carisma en este inmenso Continente. Estas sencillas y prácticas líneas de acción son el puntapié inicial de los desafíos que se nos presentaron en estos años de reflexión común y que se abren a nuevas profundizaciones en el futuro. Si bien los temas se implican unos a otros, hemos mantenido la división en Misión, Formación, Estructuras y Colaboración para que en cada Conferencia y Circunscripción de nuestra Orden en la Américas los puedan poner fácilmente en práctica.


MISIÓN

Luego de que diferentes grupos de hermanos conversaron en su lengua natal el tema de la Misión, se presentaron propuestas que se basan en el carisma, las estructuras, la misión “ad gentes”, la colaboración y JPIC. Los hermanos compartieron las nuevas formas de vivir como misioneros. Subrayando la centralidad del carisma, se destaca la oración, la fraternidad y la minoridad como las raíces y pilares del ser misionero Capuchino. No podemos ser misioneros si no vivimos nuestro carisma. Se preguntaron si era posible ser misioneros sin cambiar la forma en que vivimos ahora.

Los hermanos insistieron en que se haga valer lo que dicen las Constituciones. Dios suscita la vocación misionera en el corazón de los hermanos. Los ministros no pueden negarse si un hermano pide ir a un territorio de misión. Sin embargo, deben evaluar si es idóneo (cf. Const 178). En esta área se asumieron los siguientes compromisos:

1. Vivir en todas las circunscripciones una conversión misionera. Esto debe ser una prioridad en los Capítulos, planes trienales, la formación inicial y permanente y los retiros. Cada Circunscripción haga una clara opción de los valores de nuestro carisma estableciendo fraternidades bien constituidas y con un auténtico servicio a los pobres para que los trabajos sean asumidos por las fraternidades, pues esto es lo que hace que nuestra vida sea atractiva.

2. Formar para la misión, incluyendo la misión Ad gentes, en todas las etapas de la formación, desde la pastoral vocacional hasta la formación permanente, integrando experiencias misioneras significativas.

3. Tener en la formación inicial una experiencia intercultural para cada fraile, en su circunscripción y fuera de ella. Para eso se propone las fraternidades en la triple frontera y otras fraternidades San Lorenzo de Brindis como espacio formativo y vivencial para la misión.

4. Tener alguna misión en todas las circunscripciones. Cuando no es posible, deben tener hermanos aptos en misiones fuera de su territorio, aunque sus miembros sean pocos.

5. Formar, cuidar y animar fraternidades interculturales y entre circunscripciones que, desde el carisma, realicen su servicio a la Iglesia. Estos hermanos deben tener en cuenta las misiones “ad gentes”, utilizando los medios adecuados disponibles. Toda misión debe partir con un proyecto fraterno.

6. Realizar intercambios pastorales entre circunscripciones para reforzar nuestras presencias en algunos lugares y servicios claves. Este tipo de trabajo conjunto promueve la colaboración y la solidaridad entre circunscripciones. Por estas razones, se anima al estudio de los idiomas que se hablan en las Américas.

7. Establecer en cada conferencia al menos una fraternidad internacional San Lorenzo de Brindis. Esta comunidad debe tener en cuenta la cercanía a los pobres, los indígenas y los inmigrantes. Esta fraternidad debe estar abierta a todas las circunscripciones de las Américas.

8. Establecer en cada circunscripción un Secretariado de Misión. Este servicio tiene que formar, apoyar y motivar la vida misionera de los hermanos.

9. Fortalecer las presencias misioneras existentes.

10. Constituir una comisión con miembros de las tres Conferencias para elaborar un manual con orientaciones generales que expresen nuestro carisma y cómo debemos ejercer nuestro servicio pastoral considerando la dimensión de JPIC, en las diversas áreas: misiones, parroquias, santuarios, escuelas, hospitales, multimedia, etc.


FORMACIÓN

La formación es un desafío constante en la vida de la Orden, son muchas las inquietudes que rodean esta realidad. Vivimos en un mundo en constante cambio y se requiere cuidado y atención a la hora de realizarlos para que nuestros valores carismáticos estén garantizados y no perdamos nuestra identidad.  

El diálogo continuo, el acompañamiento personalizado, la formación de formadores, la formación en colaboración, la formación para que todos seamos hermanos y para la misión de la Orden son temas que necesitan ser considerados. La formación es, en gran parte, responsable de dar primacía al carisma franciscano capuchino, enfatizando esta importancia, tanto en la formación inicial como en la formación permanente. Con base en estos elementos, presentamos los compromisos asumidos:

11. Crear, en el espíritu del llamado de colaboración suscitado por el encuentro Panamericano, una comisión para delinear un programa de formación para formadores, que pueda combinar conferencias virtuales y presenciales. A su vez, cada conferencia estructure y organice la Schola Fratrum como espacio de formación para formadores, y de otros grupos de hermanos, poniendo en práctica los principios de la Ratio Formationis. Cada circunscripción tiene el compromiso de proveer tanto profesores como estudiantes.

12. Fortalecer la colaboración fraterna efectiva con los formandos y formadores de todas las circunscripciones en la formación inicial.

13. Asumir las diversas iniciativas formativas para los formadores que ya existen en las conferencias, promover y divulgar publicaciones académicas sobre franciscanismo y la tradición capuchina en las Américas.

14. Brindar la misma formación para todos los hermanos. Esto significa que todos los hermanos candidatos a laicos y sacerdotes reciban similar formación en los “valores” franciscanos y la necesaria formación en teología. Los hermanos en formación inicial discernirán con sus formadores el tipo de formación que les permitirá servir a la Orden de un modo coherente con sus aspiraciones y talentos individuales. Para ello sería fundamental crear fraternidades fuertes en las casas de formación.

15. Continuar formando a todos los frailes para participar de la vida de la Orden. Por lo tanto, durante su formación inicial recomendamos que cada hermano pueda participar de múltiples experiencias en la Orden, más allá de su circunscripción particular. Las conferencias deben continuar la discusión acerca de la colaboración en los programas y experiencias.

16. Tener siempre presente en los programas de formación de cada circunscripción que somos una Orden misionera. Por lo tanto, debemos ser formados para el dialogo, la interculturalidad y la inculturación.

17. Establecer en cada conferencia una comisión para estudiar y recomendar oportunidades formativas interprovinciales e interculturales; de un modo concreto sería asumir las fraternidades internacionales de la triple frontera como parte del programa de formación misionera del post noviciado.

18. Establecer en las circunscripciones procesos de transición entre la formación inicial y la formación permanente con acompañamiento para los frailes en los primeros cinco años de votos perpetuos.

19. Divulgar, promover y reforzar los cursos de franciscanismo que tenemos en las Américas de modo que todos los hermanos puedan, en algún momento de su formación permanente, participar en alguno de ellos. Para esto es necesario formar más hermanos en el campo de la espiritualidad franciscana.

20. Hacer que los capítulos locales sean espacios de formación permanente para fortalecer los vínculos fraternos e insistir en los valores de nuestra vida a partir de la Ratio Formationis. Favorecer una revitalización de la consagración.


ESTRUCTURAS

Nuestras actuales estructuras en las Américas son una herencia de nuestra historia como “Orden en misión”.  Estas fueron necesarias para la implantación de la Iglesia y de la Orden en una nueva realidad, como herramientas para llegar a los distintos lugares en este gran continente. Sin embargo, hoy nos encontramos en un contexto histórico y pastoral muy diferente al de nuestros antepasados Capuchinos. La llama de nuestro carisma en las Américas necesita de un nuevo impulso. Lo que antes fue importante y necesario, ahora puede que nos pese, por lo cual necesita ser repensado, pues, somos una Orden en reforma. En esta área se asumieron los siguientes compromisos:

21. Renovar constantemente desde el carisma nuestras estructuras, físicas, institucionales, formativas y mentales. El trabajo en equipo debe ser transversal en toda nuestra formación a la vida fraterna.

22. Revisar con valentía todas las estructuras. Las que hoy en día no se ajusten a nuestro carisma deben ser dejadas, así ya no se consumirá nuestras fuerzas y nuestros hermanos. Discernir para decidir no tener más una presencia que no sea una fraternidad bien constituida. Donde un ministerio pueda hacer la vida fraterna imposible, se debe considerar si ese ministerio permanece o no.

23. Constituir presencias de al menos tres hermanos. Por lo tanto, no debemos continuar con casas con solo uno o dos (cf. Const. 118,8)

24. Evaluar en cada circunscripción las actuales presencias y, si es necesario, buscar nuevos lugares donde se pueda vivir mejor nuestro carisma y estemos más próximos a los pobres.

25. Crear en cada circunscripción alguna fraternidad distinta a las parroquiales de modo que en haya en ella al menos un ministerio que no sea basado en pastoral parroquial.


COLABORACIÓN

El tema de la colaboración fue creciendo en la Orden, desde el pedido de colaboración a nivel económico hasta una reflexión más amplia de la colaboración fraterna. Surge en nuestro tiempo un renovado deseo del despertar el sentido de colaboración fraterna, provocado originalmente por la disminución de los hermanos. Pero esa llamada, fruto de la necesidad, se hace soplo del Espíritu que nos impulsa a vencer barreras, como el provincialismo y los nacionalismos, que por mucho tiempo nos distanciaron. Compartimos hoy una nueva visión del mundo, de la Iglesia y de la Orden, no fraccionada, sino en su totalidad, que interpela no sólo a los frailes, sino a todo el género humano hacia una interdependencia y cuidado de la casa común. Con base en estos elementos, presentamos los compromisos asumidos:

26. Hacer posible, en orden a facilitar la colaboración entre las Circunscripciones y Conferencias de las Américas, que cada hermano aprenda una segunda lengua. Que todas las circunscripciones en las Américas ofrezcan otras posibilidades de especialización.

27. Favorecer que los hermanos que se sienten llamados a una experiencia pastoral-misionera fuera de su Circunscripción, luego de evaluada su idoneidad, tenga la preparación adecuada sobre la realidad local a la cual son enviados (cf. Const. 178)

28. Realizar experiencias temporales de intercambio pastoral y de formación entre las Circunscripciones, teniendo en cuenta las necesidades particulares de cada fraternidad, a fin de fortalecer nuestra presencia en las Américas y fomentar la cooperación y la solidaridad, ayudando a la superación del provincialismo.

29. Fortalecer la colaboración en la formación inicial, a través de proyectos comunes y equipos formativos constituidos por hermanos de las distintas circunscripciones.

30. Crear un equipo de comunicación a nivel continental, a través del cual se haga visible el trabajo misionero en las Américas. Este equipo debe elaborar un proyecto de comunicación para las Américas.

31. Determinar que el Encuentro Panamericano (EPAN) sea el que asuma las tareas que antes realizaba la ALAC, añadiendo, en este caso, la NAPCC, para el mutuo conocimiento, la integración y la colaboración de la Orden en las Américas.


CONCLUSIÓN

Desde el inicio de nuestros trabajos, invocamos al Espíritu Santo. Quisimos que Él fuera el protagonista y el guía en todo el camino de reflexión que culminó con el primer Encuentro Panamericano de Capuchinos. Estas conclusiones son el fruto de haber escuchado a los hermanos y al Evangelio que nos habla en estos momentos de la historia. Por eso, siendo fieles a nuestros orígenes y asumiendo los desafíos del presente, queremos obedecer a través de estas propuestas la voz del Señor que otra vez nos llama a vivir el Evangelio al modo de Francisco de Asís en estas tierras Americanas.

Fr. Roberto Genuin, en su homilía de conclusión del Encuentro nos recordaba la centralidad de la acción Divina en la vida de San Francisco, para quien todo es don de Dios: “El Señor me dio…” repite insistentemente en su Testamento. Nos decía fr. Roberto: “El Señor debe ser escuchado. ¿Y qué hemos hecho en los últimos años y días, con la participación de miles de hermanos capuchinos de América? Tratamos de escuchar ¡Su voz! ¿A dónde ir? ¿Qué opciones tomar? ¿Cómo proponerlas? ¿Cómo reavivar la llama de nuestro carisma?”.

Y a raíz del evangelio del Buen Pastor, continuaba reflexionando, que “el Señor nos conoce, Él nos conoce a cada uno de nosotros. Él conoce nuestra buena voluntad. Conoce nuestros límites y nuestras resistencias. Él sabe de las incongruencias de nuestras fraternidades y de nuestras Provincias y Custodias. Él lo sabe ¡y no le importa!: porque, si nos comprometemos a escuchar Su voz y a seguirlo, será Él quien nos guíe. Esto lo veremos hecho realidad si, al regresar a nuestros hogares, tratamos de poner en práctica lo que hemos escuchado: esto será el bien para el futuro de cada uno de nosotros, de cada uno de nuestros hermanos, de toda la Orden”.

Estos compromisos asumidos nos animan a dar pasos seguros, concretos y firmes para caminar juntos en la fidelidad al Padre que nos sigue llamando, a la regla que hemos prometido, a las iglesias en las que servimos y al santo pueblo de Dios al que pertenecemos. Y, de este modo, podremos recibir la bendición de nuestro Padre San Francisco que una vez más nos dice: “y todo el que guarde estas cosas, sea colmado en el cielo de la bendición del altísimo Padre, y sea colmado en la tierra de la bendición de su amado Hijo, con el santísimo Espíritu Paráclito y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos. Y yo el hermano Francisco, vuestro pequeñuelo siervo, os confirmo cuanto puedo, interior y exteriormente, esta santísima bendición” (Test 40-41). Amén.

 

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