III Jornada de la Familia Capuchina

Junio 6, 2019

El 3 de julio es un día particular en el calendario capuchino, porque es la fecha de la Bula Pontificia “Religionis Zelus” (3 de julio de 1528) con la cual fue aprobada la reforma capuchina hace 491 años. En este día, cada año recordamos la identidad de nuestra Familia Capuchina y el vínculo espiritual que nos une con un centenar de Institutos de Vida Consagrada que se sienten parte de esta historia. Por lo que, en torno al 3 de julio, cada año nos encontraremos para:

  • Agradecer a Dios en la oración común o en la Celebración Eucarística por los dones recibidos de nuestra familia espiritual común y para hacer memoria de nuestros fundadores.
  • Compartir fraternalmente el diálogo con una comida fraterna (desayuno, merienda o almuerzo), subrayando nuestra identidad de hermanos y hermanas y comunicando nuestra realidad actual.
  • Proyectar algunos simples pasos para intensificar nuestras relaciones, proponiendo nuestra colaboración o informando nuestros proyectos.

Cada convento, cada fraternidad, cada lugar concreto es el espacio para dar vida a esta simple iniciativa para mantener vivo el don de ser familia, adaptándose a las diversas realidades, incluso buscando un día más apto si es necesario, pero sintonizando en la misma frecuencia de comunión y de reciprocidad.

Este año 2019, la propuesta temática nos lleva a hacer memoria del VIII centenario del encuentro entre Francisco y el Sultán, junto al recuerdo del III centenario de la muerte de san Lorenzo de Brindisi, para profundizar en el tema del diálogo intercultural, compartiendo experiencias e inspiraciones.

Un itinerario de comunión

El 31 de enero de 2016, en la clausura del año de la vida consagrada, tuvo lugar el primer encuentro de los superiores generales o sus delegados, en Roma, en la Curia General de los Capuchinos. Entonces dimos gracias a Dios por nuestra vida común, que también hoy nos ayuda, en la relación fraterna, a vivir el presente con pasión y fuerza carismática, y a abrazar el futuro con esperanza.

Participaron con interés las congregaciones presentes en Roma o en Italia, las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, los Terciarios Capuchinos de la Dolorosa, las Hermanas Capuchinas de la Madre Rubatto, las Hermanas Misioneras Franciscanas del Verbo Encarnado, las Hermanas Capuchinas del Sagrado Corazón.

Al fin del año de la vida consagrada, quisimos reforzar el vínculo que une nuestra Orden capuchina con los numerosos Institutos religiosos, laicos religiosos y consagrados, cultivando el sentido de familia; buscamos también hacer posible el conocimiento de la realidad y la proyección de nuestros Institutos; y encontrar y potencialmente relacionar nuestra formación, misionera y en el campo de la justicia, de la paz y compartiendo las nuevas iniciativas.

De aquel encuentro nació la idea de establecer una jornada anual para hacer memoria de nuestra común pertenencia. En la sesión del Consejo General de marzo de 2016, se aprobó la iniciativa de celebrar la “Jornada de la Familia Capuchina” entorno al 3 de julio en toda la Orden, una vez al año, y agregarla al calendario oficial a partir de 2017. La iniciativa fue comunicada a todos los miembros de nuestra familia en una carta del 15 de marzo de 2016.

El 3 de julio de 2017, en coincidencia con el curso de los Nuevos Ministros Provinciales, se celebró en Frascati la Primera Jornada de la Familia Capuchina. A nivel de los Superiores generales y de sus delegados, nos hemos encontrado en Frascati, en nuestro convento, representado así a toda nuestra familia espiritual. Se escribió en ese momento una carta a todos los provinciales y a los Superiores generales para celebrar la jornada a nivel local.

En la mañana, luego de la presentación, con la presencia del vicesecretario general de la formación fr. Jaime Rey, fue propuesta una conferencia sobre el tema: “La unidad de los franciscanos y la reforma capuchina: recuerdo de la Bula “Ite vos”, hacia la celebración del V centenario de la reforma capuchina”. Partiendo de la concepción de la unidad como “poliedro” (cf. Papa Francisco, Evangelii Gaudium 236), la búsqueda de una comunión en la diversidad y el respeto por la particularidad de cada realidad se recupera la razón de nuestro ser familia espiritual. En esta concepción hay una antropología cristiana y franciscana que se destacaron con diferentes claves.

Con la bella presencia de los nuevos ministros en Frascati esa semana, hemos celebrado la Santa Misa, presidida por el Ministro General, para agradecer a Dios el don de nuestra particular corriente de renovación dentro de la gran familia franciscana. El Evangelio propio de la fiesta de Santo Tomás dio el tono a la reflexión y el vínculo con la característica profundamente contemplativa y apostólica de los primeros capuchinos.

El almuerzo festivo fue una hermosa ocasión para el encuentro fraterno compartiendo en simplicidad. Durante la tarde, continuando la reunión, se habló de dos grandes eventos franciscanos del año: el Capítulo generalísimo de los franciscanos de Umbría y el Congreso sobre la unidad de la familia franciscana de la Escuela Superior de Estudios Franciscanos de Madrid.

Luego, cada congregación ilustró con simplicidad, como entre hermanos y hermanas, la realidad del propio Instituto y el principal trabajo que realizan. Se habló de reestructuración de las circunscripciones, del programa formativo de renovación espiritual, del gran desafío de la interculturalidad, y también no faltó hablar sobre los problemas.

Por último, se abrió la posibilidad de compartir espacios propios animados por el secretariado de la formación con hermanas y hermanos de nuestra familia. En concreto, el programa de formación de formadores para África para el próximo año, y el curso de formación permanente de visita a los lugares franciscanos.

La II Jornada de la Familia Capuchina, se realizó en el particular ámbito del Capítulo general de las Hermanas Capuchinas del Sagrado Corazón, en su Curia General en Roma, el 3 de julio de 2018. Ese año abrieron su espacio “sagrado” de la máxima autoridad del gobierno del Instituto, en medio de los trabajos sobre sus Constituciones, para acogernos, y hacernos sentir familia.

El tema elegido fue: “Para vino nuevo, odres nuevos: el desafío de la formación”, para poder compartir entre nosotros los desafíos actuales de la Formación inicial y permanente dentro de cada Instituto: preocupaciones y respuestas institucionales, tentativos de estos últimos años, en vista a recoger sugerencias para abrir caminos de colaboración.

Con una bella y numerosa participación, se compartió el camino de formación de cada Instituto en base a las inspiraciones del documento de la CIVCSVA “Para vino nuevo, odres nuevos. Del Concilio Vaticano II, la vida consagrada y los desafíos abiertos” (6 de enero de 2017). Fr. Jaime Rey, vicesecretario general para la formación presentó el trabajo de la Ratio formationis, que la Orden de los Capuchinos propone al Capítulo general. Muy interesante fue compartir los itinerarios, especialmente los de formación permanente para los diversos momentos de la vida consagrada.

Al medio día celebramos la Santa Misa, presidida por fr. Sergio Dal Moro, Consejero general y responsable del acompañamiento de la formación. Luego hemos compartido un almuerzo festivo. Fue una jornada para agradecer, compartir, proyectar futuros pasos. Una jornada simple pero en movimiento para continuar nuestro camino en comunión.

Este año 2019, la propuesta temática nos lleva a hacer memoria del VIII centenario del encuentro entre san Francisco y el Sultán, junto al recuerdo del III centenario de la muerte de san Lorenzo de Brindisi, para profundizar el tema del diálogo intercultural, compartiendo las experiencias e inspiraciones. Los Superiores generales y sus delegados y miembros de las casas generales están convocados en nuestro Colegio Internacional de Roma.

 

Oración para la jornada de la Familia capuchina

ENCIENDE EN NOSOTROS EL FUEGO

Oh, Espíritu Santo,

llena el corazón de tus fieles

y enciende en nosotros el mismo fuego,

que ardía en el corazón de Jesús,

mientras él hablaba del reino de Dios,

mientras anunciaba a todos la buena noticia:

“¡Vuestro Padre quiso daros su reino…

todos vosotros sois hermanos!”

 

Haz que este fuego se nos comunique,

así como se le comunicó a Francisco y Clara,

así como se encendió en los primeros capuchinos,

así como ha abrazado de amor a los fundadores y fundadoras

de nuestra familia espiritual.

 

Tú solo, Espíritu Santo,

puedes encenderlo

y a ti por lo tanto dirigimos nuestra debilidad

nuestra pobreza, nuestro corazón apagado,

para que tú lo vuelvas a encender con el calor,

con la santidad de la vida, con la fuerza del Reino.

 

Danos, Espíritu Santo,

de modo nuevo, el Carisma

para ser acogido en nuestra vida concreta

para ponerlo al servicio de la Iglesia,

para volver a donarlo a los pobres, a los últimos.

 

Te lo pedimos

por intercesión de María, madre de Jesús,

llena de gracia y comunión,

modelo de la Iglesia sierva y fraterna. Amén.

 

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