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LA PASCUA DE LA VIDA

Retiro de Pascua 2010

Hno. Manuel Jarama

 

«La confianza y nada más que la confianza es lo que nos debe conducir al Amor» (Sta. Teresa).

«Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces…Pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos» (Martín Luther King)

 

Presentación

Queridos hermanos:

La resurrección es sinónimo de vida plena, gozo, felicidad, alegría, serenidad, paz, armonía, sentido, fiesta, paciencia, libertad, justicia, amor, etc. Es, precisamente, esa alegría resucitada, la que estamos llamados a irradiar en nuestro rostro al acoger en nuestro corazón a la persona de Jesucristo, sus actitudes y sus valores, que no son otros, que los valores del Reino anunciado a tiempo y a destiempo por Él en su paso por nuestra tierra.

Jesucristo, en su Resurrección, viene a decirnos a todos los seres que habitamos este planeta, que más allá de nuestras fragilidades, de nuestros pecados y egoísmos, de nuestras guerras y odios, a escala mundial y personal, es posible resucitar y cambiar las vestiduras del hombre viejo para entrar en el vestido nuevo y de fiesta que Él nos trae como regalo de Resurrección para que nuestras vidas sean de verdad Vida en Él y, de nosotros con Él, promesa creíble de felicidad para todos.

En estos retiros pascuales, dejémonos iluminar con la guía preparada por nuestro Hno. Manuel Jarama, “La pascua de la vida” que nos invita a resucitar con Cristo.

¡Felices Pascuas!

Hno. Adalberto Jiménez, OFMCap.

Ministro Viceprovincial

 

LA PASCUA DE LA VIDA

1.- Nuestras preocupaciones

Cuando uno va por la calle y se encuentra con la gente sencilla nos dice “no hay trabajo, ha aumentado la inseguridad, a mi el gobierno no me da de comer, yo tengo que trabajar, se aprovechan del dinero del pueblo, hay corrupción, con los desastres naturales será que se acerca ya el fin del mundo, será verdad eso de los escándalos eclesiales que habla y comenta la prensa, etc.” Yendo más adentro, cuando escuchamos a personas en su drama humano también uno vuelve sobre sí mismo y se pregunta ¿Por qué nos cuesta convertirnos a Dios?

Hay mucho miedo e incertidumbre en la sociedad. El temor a tantas cosas: las dificultades, los conflictos, los fracasos, la falta de trabajo, la delincuencia, la soledad, la enfermedad, la vejez, la muerte, la política… generan en nosotros tristeza, angustia, sufrimiento, desesperanza. En medio de esta realidad como hombres consagrados nos proponemos llevar esperanza, sentido de la vida, alegría, deseos de vivir a fondo nuestra vocación capuchina, acompañar la sed de espiritualidad de la gente que nos rodea, vivir con responsabilidad nuestras tareas fraternas.

2.- ¡Cristo ha resucitado, Aleluya!

La Resurrección no fue el producto de la imaginación de ese puñado de discípulos que tras la crucifixión de Jesús se replegó sobre si mismo a puertas cerradas, con miedos, con sensación de frustración, sino el fruto de un largo proceso de asimilación y comprensión de lo que un día les dijo el Maestro en varios de esos encuentros íntimos que tuvo con ellos. Es el camino de la fe y del amor hecho en comunidad.

De esto nos hablan las lecturas que estamos leyendo en estos días del tiempo pascual. Es la experiencia de las mujeres y del grupo de los once Jn 20, 1-9; el conflicto existencial de los discípulos de Emaús Lc 24, 13-35; la experiencia de Tomás que en el fondo de sus dudas nunca se cansó de buscar al Señor Jn 20, 19-31; las acciones de Pedro y Juan que realizan los mismos signos que hizo Jesús Hch 3-4, etc.

Estamos celebrando una nueva Pascua en la Iglesia, una nueva celebración y la renovación de nuestro seguimiento del Crucificado que vive. Una oportunidad para renovar nuestro amor confiado al Señor Jesús que ha vencido a la muerte y nos abre el camino de la Vida. Es Pascua y las huellas están abiertas para que pongamos nuestros pies sobre ellas. La Pascua es la bajada a lo más profundo de la tierra, a la muerte misma, y la subida a lo más alto del cielo, a la Vida en plenitud.

3.- Resucitemos con Cristo

Hoy la Pascua tiene muchos caminos. Son todos aquellos caminos que el hombre recorre para vivir con dignidad. Hoy es Pascua en los corazones de quienes suben con Jesús a Jerusalén para compartir el Jueves Santo su mesa y su mandamiento de amor; para contemplar el Viernes Santo su cruz redentora, abierta al mundo del dolor para que los sufrimientos y las injusticias encuentren sentido en la entrega; para esperar en la tumba de Sábado Santo y el silencio sonoro de la madrugada del Domingo de Resurrección el grito que nos dice que Cristo no está muerto, sino que vive, y que nos dejemos de buscar entre los muertos al que es la Vida.

Cristo vive por encima de quienes se lo quieren apropiar. Su fuerza derriba fronteras, colores y grupos, y se ofrece a toda la humanidad.

La Pascua debería ser para nosotros un momento para recargarnos del dinamismo de la esperanza que nos compromete en la transformación del mundo en la línea del proyecto de Dios. En un mundo globalizado y en una Iglesia con conflictos, tensiones y desencantos, la fuerza de Cristo resucitado nos ayuda a liberarnos de las cargas energéticas negativas del egoísmo, del desaliento y de la división; reaviva en nosotros la confianza en el triunfo de la vida sobre la muerte y nos ayuda a descubrir, en medio de las adversidades, los sufrimientos y las crisis eclesiales y sociales las semillas de vida y resurrección. Eso reafirma nuestra esperanza activa, nos da paz, alegría y serenidad. Lo cotidiano, el compartir la palabra, la eucaristía, las tareas fraternas, el consejo, la vida misma, se convierten en experiencia profunda de comunión con el Dios del Amor.

Con Francisco de Asís queremos aportar con nuestro ser hermanos la vivencia honda de la fraternidad tal y como lo experimentó él, hombre profundamente evangélico y, por ello, comprometido en la causa del amor al prójimo (Test 1. 14-16).

Cristo resucitado pone a la Iglesia en marcha, en camino, anunciadora de la buena noticia y portadora de esperanza y alivio a tantos hermanos nuestros cansados y agobiados.

Que Cristo Resucitado nos siga estimulando a formarnos en la vida interior: la oración, los sacramentos y, principalmente, la Eucaristía para ser hombres de adentro que sepamos dar brillo a nuestras tareas cotidianas, sin activismo falso, sin espiritualismo vano. Para ser personas forjadas en el taller de la misericordia entrañable. La caridad pastoral, entendida como el ejercicio de la misericordia del mismo Dios para con los últimos, ha de ser la pasión del hermano capuchino. Que el Señor nos ayude a mostrar el rostro positivo Dios, de la Iglesia y de nuestro ser Hermanos Menores.

4.- Reflexión

Finalmente les comparto un par de pensamientos que nos pueden ayudar en este tiempo pascual.

«La confianza y nada más que la confianza es lo que nos debe conducir al Amor» (Sta. Teresa).

«Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces…Pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos» (Martín Luther King).

 

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