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¡POR  FIN!

Ha llegado el momento de hacer algo. En la última reunión del barrio, un padre de familia me dice:

- Usted, padre, es el único que puede hacer algo para solucionar el problema del documento de identidad. ¿Por qué no habla con el Director del Registro Civil? Puede que a usted le atienda.

- Tengo muchas dudas. Les prometo que haré todo lo que esté en mi mano. El lunes a primera hora estaré en el Registro. No se olviden que los milagros los hace el de Arriba.

Por la noche, al despedirme del Sagrario, el abuelo Mamerto se pone solemne:

- Si pides una gracia especial de Dios, tienes que poner primero todo lo que esté de tu parte y dejarlo todo en las manos del Señor. Vete al Registro Civil. El Señor pondrá sus palabras en tu boca.

Llega el lunes y voy decidido al Registro Civil. Busco el despacho del señor director. El ujier me atiende:

- La Sra. Directora está ocupada en este momennto; después viene el caballero que está esperando; después es usted.

Llega mi turno, entro y saludo. Es una señora de mediana edad:

- ¿En qué puedo servirle, padre?

- Sra. Directora, vengo en nombre de todo un barrio, el barrio "San José" que está sufriendo una grave necesidad. Son más de 200 familias. Nadie tiene documento de identidad. Los papás se ven obligados a robar para llevar algo de comer a sus hijos. Ninguno va a la escuela. Si no tienen para comer, ¿de dónde van a sacar para pagar una multa? ¿No hay algún motivo para poder exonerarlos?

- Me conmueve, padre, lo que me dice; pero no está en mi mano exonerarlos de la multa y no será tan pequeña, pues muchos de ellos han dejado pasar muchos años.

- Pero la Constitución dice que todos los cargos están para servicio y bienestar de los ciudadanos. Piense en qué milagro tan hermoso que en unos pocos días desapareciesen 200 ladrones de Guayaquil; que más de 500 niños pudiesen ir a la escuela y que más de 200 familias llevasen una vida digna !!!

La Directora guarda silencio. Creo ver que una lágrima puja por asomar a sus ojos

- Padre, le prometo que haré todo lo posible por solucionar este problema. ¡Deme la bendición!

Vuelvo a casa entre dudoso e ilusionado. En el bus una idea se me va abriendo camino: ¿Y si pongo en el papel membretado de la parroquia que Fulano de tal, con todos los datos precisos para el Registro Civil, está haciendo el curso de preparación para recibir el Bautismo?

Al abuelo Mamerto no le parece bien. !Una mentira es una mentira! Por esta vez no le hago caso.

Pasado un par de días, bien de mañana, llamo a un vecino y le explico el plan, a ver qué le parece

- ¡ Estupendo, padre!.

Me va dando todos los datos

- ¿En qué día nació?

- La verdad es que no sé.

- Pues pongamos una y no la olvide.

Poco antes del mediodía oigo unos gritos un tanto exaltados que se van acercando. Entra un grupo de gente a la casa.

- Padre, ¡¡¡que ha resultado, que ha resultado!!! El vecino me muestra el papel de resguardo del Registro Civil.

- ¡No me han cobrado multa. Que vaya luego de 5 días a recoger la cédula de identidad. Y me da un abrazo. Todos nos abrazamos

- Vamos a hacer las cosas bien. No vayan todos de golpe. Cuatro por la mañana y cuatro por la tarde. ¡Y ninguna palabra de todo esto.

El día viernes hay fiesta en la reunión del barrio. Les digo:

- Lo primero es dar gracias a Dios. Esto ha sido un milagro.

Antes de un mes están todos los varones adultos con su cédula.

- Ahora, sí; a buscar trabajo. Las señoras que vengan para que les dé el certificado y ¡a inscribir en seguida a los hijos!

Por la noche, ante el Sagrario, imagino que Jesús se sonríe. El abuelo Mamerto, también; Yo ¡feliz!.

Rodolfo Erburu

 

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