CRÓNICA DE LA EXPERIENCIA VOCACIONAL DE VIDA FRATERNA

 “Ven y lo verás”

 

Playas de Villamil, del 2 al 10 de marzo 2012

Paz y Bien queridos hermanos.

Como ustedes ya saben, hace algunos días hemos vivido un encuentro de vida fraterna con jóvenes vocacionados y queremos, en estas pocas líneas, compartirles nuestra experiencia y el camino que Dios va haciendo con nosotros y con los jóvenes que quieren seguirle. Al frente de este encuentro estamos los hermanos Óscar Ramos y Fernando Ortega.

Para vivir esta experiencia fraterna llegó un grupo de doce jóvenes vocacionados que previamente han expresado alguna inquietud por consagrarse al Señor y entrar en nuestra Orden. Estos jóvenes son los siguientes: Manuel Quezada (Sarayunga, Azuay); Fabricio Fuentes (Esmeraldas); Darwin Aguilar (Pasaje, El Oro); Jacinto Zambrano (Chone); Marcelo Pumacuro (Machachi); Jonathan Chávez (Portoviejo); Eduardo Quiroz (Guayaquil); Félix Delgado (Quito); Pedro Cruz (Playas); Diego Rumipulla (Cuenca); Andrés Mejía (Daule, Guayas); y, Saúl Aguilar (Cuenca).

Podríamos decir que el ambiente, desde el principio, se desarrolló en un clima vocacional.

Comenzamos la experiencia explicándoles claramente el objetivo de la misma y las exigencias que conllevaba vivirla. Constatamos una muy buena disponibilidad de los jóvenes para vivir este encuentro.

Una de las exigencias fuertes era justamente ponernos en la presencia del Señor a través de la oración personal y comunitaria en las primeras horas de la mañana; en una hora y media teníamos nuestra oración personal y los laudes de manera creativa, en donde los jóvenes iban conociendo el ritmo de oración que llevamos, sobre todo en las casas de formación.

La misma organización de la experiencia nos ayudó mucho a favorecer el buen ambiente fraterno y vocacional. Intercaladamente tuvimos espacios de oración, formación, diálogo personal, trabajo, lectura comunitaria sobre Alejandro e Inés, descanso, limpieza de casa, recreación, en fin, los momentos que nosotros llevamos normalmente en nuestra vida cotidiana.

Dentro de las actividades que desarrollamos a lo largo de estos nueve días podríamos describir algunas vivencias muy significativas para los jóvenes. Por ejemplo, las mismas charlas de formación fueron progresivamente mostrando la historia, el caminar, la misión y los elementos esenciales de nuestro carisma capuchino, de modo que los jóvenes vocacionados vayan teniendo un panorama de la vida que quieren escoger y a la que Dios podría estarles llamando.

También tuvimos una caminata hacia el Puerto del Morro, pasando por la Virgen de la Roca; una experiencia de apostolado en un barrio marginal (Playas 2); trabajo manual en la Iglesia Cristo Resucitado; una jornada de oración por las vocaciones dentro de la celebración de la Hora Santa, tanto en la Iglesia de la Merced como en nuestra parroquia Madre del Buen Pastor; el análisis de la película de Clara y Francisco; y, el mismo ritmo cotidiano de la experiencia, a través de los distintos trabajos fraternos.

En momentos claves fuimos dialogando con cada uno de estos jóvenes descubriendo en ellos una experiencia de Dios desde las distintas realidades y procesos en el que cada uno se encuentra, poniéndonos de acuerdo para seguir un proceso de búsqueda y discernimiento vocacional.

Los momentos de evaluación fraterna fueron también claves para ir descubriendo en las experiencias personales las mociones del Espíritu y cómo Dios va trabajando el corazón de cada uno de estos jóvenes.

Al finalizar esta experiencia vocacional de vida fraterna, tuvimos (el día viernes 9) un desierto personal todo el día en la Virgen de la Roca, en donde los vocacionados trabajaron su historia vocacional, su historia personal y una síntesis de la vivencia fraterna de estos días. Por la noche concluimos este encuentro con el Señor celebrando la Eucaristía, presidida por nuestro hermano Luis Pesántez, en Puerto Engabao. Luego, tuvimos una fogata fraterna a la luz de la luna y con el suave colchón de las arenas del puerto.

Ciertamente esta experiencia de vida fraterna tiene una fuerte carga de ilusión y de enamoramiento del carisma que entusiasmó a los jóvenes a seguir las huellas de Cristo al estilo de Francisco, siendo hermanos unos de otros, pero no quita tampoco que de estos jóvenes Dios quiera regalarnos unos nuevos hermanos para nuestra fraternidad. Y ya más concretamente, de estos doce vocacionados, cuatro van a seguir un proceso de acompañamiento y discernimiento para entrar, posiblemente, este año al Postulantado. Que Dios nos acompañe y que sea lo que él quiera…

 

Hno. Fernando Ortega, animador vocacional

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