Mi Cuarta Experiencia de trabajo Solidario

Al empezar a escribir este artículo, pienso en todas las personas que van a leerlo y cómo les puede ayudar a pensar de manera diferente acerca de su vida.

Con el Trabajo Solidario realizado en Urcutambo hice mi cuarta experiencia con los hermanos capuchinos y las hermanas capuchinas, y es ahora cuando me toca decidir hacia donde voy a enrumbar mi vida.

Con cada experiencia ha descubierto el infinito amor que Dios tiene para mi, así cómo también la desigualdad entre hermanos y lo mucho que hay que hacer en este país y el mundo por los más necesitados, desde ahí empieza el misterios llamado a servir y a no ser servidos. En cada carencia de agua, de luz, de comodidad es cuando me he ido dando cuanta lo mucho que poseo y lo poco que he sido capaz de dar. Vivir e fraternidad me ha enseñado el verdadero significado de ser hermanos y a la vez cada una de las maravillosas pero duras y difíciles experiencias me han dejado como aprendizaje la importancia de desprenderme de lo material, de apreciar más a mis padres, pero sobre todo de darle gracias a Dios por poner esta inquietud vocacional en mi corazón porque es lo que me mantiene viva.

Quizás muchos jóvenes no sabemos que hacer con nuestras vidas, pero el camino se hace más fácil y claro cuando herman@s Capuchin@s nos ayudan a discernir nuestra vocación, no solo religiosa sino también la del matrimonio, pero hacerlo bien y sencillamente ser felices con nuestra decisión.

Además con cada experiencia que he vivido, he encontrado personas maravillosas de todo el país, muchach@s quienes nunca podré olvidar, personas tan diferentes pero a la vez tan semejantes en el llamado que sentimos, sencillamente amigos que nunca saldrán de mi vida y se que al leer esto recordarán los felices momentos que hemos compartido, para todos ellos un beso. Y cómo olvidar a la gran familia capuchina quienes me han abierto las puertas de su casa y de su corazón, la deuda que tengo para con ellos es incalculable, porque los consejos y los buenos deseos no tienen valor. De manera especial quiero mencionar a quienes me han ayudado en este corto caminar: al Hno. Juan, Hna. Estrella, Hnas. Nora y Bilma, Laura, Clara Imelda, Gissela, Hnos. Freddy, Carlos, Max (mi querido padrino), Darwin, a los Hnos. Juan Pedro, Jesús, la lista sería interminable pero a todos ellos mil gracias, mi corazón está en deuda con Uds.

Finalmente quiero animar a todos los jóvenes a descubrir el llamado de Dios a través de los encuentros y las personas que él mismo pone en nuestro camino, “Muchos son los llamados pero pocos los decididos”.

Con mucho pero con mucho cariño

Linda (Cuenca)


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