HOMILÍA EN LA PROFESIÓN PERPETUA
Quito, 14 de agosto de 2015

Teófilo, Ángel, Jorge, Leandro, Emilio, Paúl, ustedes, están aquí está mañana dejándose consagrar por el amor de Dios, manifestado en Jesucristo.
Este es, sin duda, uno de esos momentos especiales para dejarse llenar de los valores de Dios mismo y de todos los valores que los hacen a ustedes más humanos y por ello también más cercanos a las otras personas y al mismo Dios, como lo fue Jesucristo: cuanto más humano, más divino.
Les invito en esta mañana a vivir la centralidad del carisma manifestado en tres aspectos importantes que no pueden faltar en un consagrado capuchino. Hoy es el día especial en que Dios los consagra para una misión, que dura toda la vida, no cuatro días, ni cuatro meses, ni un par de años, no. Dios los ha llamado para siempre para que estén con él, para que sean hermanos y para enviarlos a su misión.
Los invito en este día a vivir y no olvidar estos tres aspectos centrales que harán de ustedes verdaderos hombres de Dios y verdaderos hermanos.

Primero: busquen a Jesucristo y entréguenle a Él toda la vida. El teólogo Karl Rahner nos dejó hace unos años atrás estas profundas palabras: “El hombre del mañana o será un místico o ya no será cristiano, es decir, ya no será nada”….Y muchos años antes, quien fuera el agnóstico Carlos de Foucault y que más tarde pasó a llamarse el hombre contemplativo del desierto escribió en  su diario: “Y el día en que supe que existías, ya no hice otra cosa que vivir para ti”. Benedicto XVI también nos ha dicho: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética, sino por el encuentro personal con la persona de Jesucristo”. Nuestro patrono Francisco nos dirá: “Yo hice mi parte... la de ustedes se las enseñe Cristo”. Queridos hermanos, a ejemplo de los grandes creyentes, dedíquenle largos espacios al Señor que los ha elegido por amor y dejen que la vida de cada uno de ustedes sea una vida llena de Dios. Que donde ustedes vayan, ya sea con sus palabras, pero sobre todo con sus vidas y sus obras, ustedes muestren a Jesucristo. Que, como Francisco, puedan decir siempre: “Sé que mi vida y regla es vivir el Evangelio de Jesucristo”. Ustedes, ayúdennos a buscar a Dios y a darle el lugar central y único que él espera de nosotros.

Segundo: Entreguen su vida y su corazón a esta fraternidad, de verdad. El Poeta Pill Bomans escribió: “Donde Dios nos siembra es preciso saber florecer”. Ustedes han sido sembrados en un jardín lleno de rosas y espinas, llamado fraternidad. Ustedes no sólo eligieron esta vida, a ustedes Dios los eligió para esta vida, para que den fruto. Un capuchino es sinónimo de hermano. Un hermano que vive con otros hermanos, con los que comparte la misma vida de Jesús. Ustedes saben que la vida en fraternidad es muy exigente y que en nuestra vida de la Custodia, y sobre todo en nuestras fraternidades locales, aún nos queda mucho camino por andar para crear la fraternidad verdadera. El Ministro General de la Orden dice que la vida fraterna es incluso mucho más exigente que la  vida de pobreza y de penitencia, porque la vida de pobreza y austeridad me pone frente a mí mismo, pero la vida en fraternidad me pone siempre en relación con el otro. Ustedes así han escogido venir a nuestra Custodia con todo lo bueno y no tan bueno que tiene. Ayúdennos a ser verdaderos hermanos. Porque sucede que nos llamamos y nos llaman siempre: “hermanos”, pero con frecuencia “hermano” es un bello título, aunque en realidad no amo de corazón a ese hermano, porque no lo trago, no lo quiero, me cae mal… Ustedes lo saben, aún hay mucho de ello entre nosotros. Ustedes lo saben y lo grande de todo esto es que ustedes o el Señor en ustedes, hace que en este día apuesten por este estilo de vida llamado fraternidad. Ojalá todos, nosotros junto a ustedes, podamos decir cada día: El Señor me dio hermanos. Ustedes, ayúdennos también a ser hermanos, no de título sino de verdad.

Tercero: Vayan a la misión, sobre todo a donde nadie quiere ir. El hermano Mauro, Ministro General de los Capuchinos en varias de sus cartas y en su paso por las fraternidades de todo el mundo, nos recuerda este principio de vida que debe ser regla de oro para un capuchino: “ir a donde nadie quiere ir”. Se trata de privilegiar esos lugares donde las personas están más olvidadas y abandonadas de todo, les falta salud, educación, dignidad, paz. Como dice el Papa Francisco: “vayan a las fronteras existenciales”. Si nos damos cuenta, casi nadie quiere vivir en una frontera, donde la vida está más amenazada, donde de pronto el internet y las redes sociales no funcionan bien y donde seguro no hay ningún mega o supermaxi. La frontera es el lugar de los excluidos, de los más pobres, es el lugar de los menores. Yo me siento muy interpelado, porque les hablo de esto y vivo en una casa donde tengo todas las seguridades y no me falta nada. El día que el Papa estuvo en el Quinche para su encuentro con la Vida Religiosa, nos dijo: “no olviden de donde los sacaron, no olviden sus orígenes y vean que todo es gratuidad, para que todo lo den gratis”. En la portada del folleto que todos tienen en sus manos, está dibujado el abrazo de Francisco al Leproso. El leproso es el marginado, el excluido de la sociedad. Francisco, después del encuentro con el Cristo de San Damián, es conducido al Cristo vivo en el leproso, que se encuentra en la frontera. Esto lo han hecho ya algunos hermanos nuestros capuchinos y de otras familias religiosas que nos han dado el ejemplo de entregar su vida en totalidad a los que lo necesitaban más. Un ejemplo de ello es el santo que celebramos hoy: Maximiliano Kolbe, que entregó su vida al martirio para salvar a un compañero del campo de concentración. Finalmente, ustedes ayúdennos a ir a la misión que Jesucristo quiere entregarnos como capuchinos, hoy.

Que así sea.

Adalberto Jiménez
Custodio

Comentarios   

# Guest 14-08-2015 21:36
Ñaño Adal, mi querido buen "hermano" desde siempre

Que reflexión tan real,

solo aquella persona que ha vivenciado tan de cerca la angustia, el dolor, la marginación, la pobreza...,

solo aquel ser humano que sonríe ante las dificultades de la vida y hace sonreír a los demás a pesar del dolor que lleva a cuestas...,

tan solo en esa persona sincera, sencilla, humilde, solidaria, alegre se encontrará el verdadero sentido del amor fraternal.

"paz y bien" la frase de nuestros Capuchinos, quiénes mediante la práctica diaria de valores y buenos hábitos; sembraron en tierra fértil la semilla de "ser misioneros" "ayudar a quienes más lo necesitan", despojándose de la "zona de confort", para compartir de cerca los infinitos desafíos de la vida y ser ese "ángel" en la tierra para afrontar con amor, responder y comprender a "los porques" de nuestro destino trazado por Nuestro Padre Dios.

Que la fortaleza de Nuestro Hermano Jesús, se multiplique en vuestros corazones y la solidaridad de Francisco continúe en vuestros actos de misericordia y honestidad..., finalmente que el amor de Nuestra Madre María Pastora entreteja historias únicas de fraternidad.

con amor

Francisco David
(Oswaldo y Marcela)
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