Fraternidad “La Inmaculada” – Quito, 13 de marzo, 2017

 

CUARESMA

TIEMPO DE RENOVACIÓN Y DESAPROPIACIÓN

Me gustaría que antes de adentrarnos en este mensaje cuaresmal, contemplemos y reflexiones esta frase de Timoteo: «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7). Así la Palabra de Dios nos pone ante la realidad y el misterio que se abren paso en nuestra vulnerable existencia: somos pasajeros, transeúntes o como diría San Francisco: “Peregrinos y forasteros en este mundo que pasa”.

El camino cuaresmal nos invita a adentrarnos más y más en el seguimiento a Jesús que sube a Jerusalén para entregar la vida por amor a todos nosotros. Jesús es consciente de su misión concreta, determinada por un tiempo y un espacio donde está llamado a entregar la vida por amor a los hombres. Así Jesús nos enseña a no apropiarnos de nada ni de nadie, nos ayuda a mirar más allá de nuestra corta mirada y, sobre todo, nos enseña a dar la vida por amor a Dios y a las personas más necesitadas de todo.

Jesús es consciente que los seres humanos, en nuestro paso por la tierra nos apegamos y agarramos a personas, cosas, títulos, bienes, estatus, dinero, reconocimientos, tierras, etc, pero El quiere ayudarnos a relacionarnos y a usar de ellos sin apegarnos. Jesús nos trae la verdadera libertad frente a las personas, los acontecimientos y las cosas, para unirnos y apegarnos a lo que únicamente Dios quiere de cada uno de nosotros.

Al contrario de alienarnos Jesús nos pide un compromiso real y concreto con esta humanidad, con las personas con las que nos relacionamos día a día, con los hermanos, no dejando que la dispersión que aliena y el consumismo visible e invisible maten nuestros ideales de acoger, vivir y anunciar el Reino de Dios de manera plena.

El Papa Francisco, nos pide que en esta cuaresma acojamos a los pobres como un don que se nos ofrece y así sigamos a Dios en el camino hacia la Pascua. Nos dice: “Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua”.

Queridos hermanos vivamos este tiempo hermoso que nos regala la Iglesia, como un tiempo propicio de renovación y desapropiación personal, apostólica y fraterna.

Con profundo afecto

 

Hno. Adalberto Jiménez

 

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