Mensaje de Cuaresma 2016
SEAMOS HOMBRES DE PERDÓN, DE RECONCILIACIÓN Y DE PAZ
Guayaquil, 14 de febrero de 2016

El 9 de febrero, vísperas de comenzar este tiempo de Cuaresma, el Papa Francisco se reunió con miles de hermanos Capuchinos en la Basílica de San Pedro, para celebrar el Jubileo de la Misericordia, teniendo presente las reliquias de dos grandes santos nuestros: San Pío de Pietrelcina y San Leopoldo Mandic, quienes durante muchos años sanaron el corazón de las personas, al impartir la misericordia y el amor de Dios, mediante el Sacramento de la Reconciliación.
A los hermanos capuchinos de todo el mundo el Santo Padre nos ha dicho recientemente: sean hombres de perdón, de reconciliación y de paz….y….no se cansen de perdonar.
Al iniciar este tiempo de Cuaresma, quiero dejarles con lo central de este mensaje, en la primera parte de esta carta, a fin de que la hagamos nuestra:
“Vuestra tradición de capuchinos es una tradición de perdón, de dar el perdón. Entre ustedes capuchinos hay muchos buenos confesores, porque se sienten pecadores, saben que son grandes pecadores y delante de la grandeza de Dios continuamente rezan: ‘Escucha Señor y perdona’. Y porque saben rezar, saben perdonar; en cambio cuando alguien se olvida de la necesidad que tiene de perdonar, lentamente se olvida de Dios, se olvida de pedir perdón y no sabe perdonar.
El humilde, quien se siente pecador es un gran perdonador…; el otro, como los doctores de la ley que se sienten los puros, los maestros, solamente saben condenar. Quien viene a nosotros, viene a buscar consuelo, perdón, paz en su alma y busca encontrar a un padre que lo abrace, que le diga que ‘Dios te quiere mucho’, pero necesita que se lo haga sentir.
Ustedes capuchinos tienen este don especial del Señor: perdonar. Y les pido, no se cansen de perdonar. Sean hombres de perdón, de reconciliación, de paz. Hay muchos lenguajes en la vida, el lenguaje de la palabra, pero también el lenguaje de los gestos. Si una persona se acerca al confesionario es porque siente algo que le pesa, que quiere quitarse. Quizás no sabe cómo decirlo, pero el gesto es este. Si esta persona se acerca es porque quiere cambiar, y lo dice con el gesto de acercarse. Por lo tanto no es necesario hacerle preguntas...Sean grandes perdonadores… porque quien no sabe perdonar termina siendo un gran condenador”.
Ciertamente este pedido del Santo Padre es muy hermoso pero es también muy dificil de llevarlo a la práctica entre nosotros, al interior de nuestras fraternidades y entre las gentes que nos rodean. Y todo esto, porque hemos sido educados desde niños para señalar y enjuiciar lo que vemos que no funciona en el otro y para buscar siempre al culpable para castigarlo, es decir el juicio y la condena es parte de nuestra sociedad. Por eso nos cuesta tanto digerir esa manera de ser de Dios que va en otra dirección porque Él es: Ternura y Misericordia. Y como dice en St 2, 13, incluso la misericordia triunfa sobre el juicio y la condena.
En la segunda parte de esta carta, hermanos, les invito para que en este tiempo de Cuaresma practiquemos las obras de misericordia tanto materiales como espirituales y que cada fraternidad y cada hermano decida hacer alguna peregrinación real a alguna periferia existencial llámese: cárcel, hospital, clínica de rehabilitación de alcohólicos y drogadictos, familia emigrante, familia víctima de la violencia, familia muy pobre…así como una peregrinación a un lugar de oración retiro y silencio: trapa, casa de retiros, centro de espiritualidad. Ofrezcamos nuestras casas a los hermanos de la Custodia y permitámosle espacios de oración en nuestras fraternidades. Ayudemos a cuidar estos espacios de oración para brindarlos a los hermanos que llegan a nuestra fraternidad.
Dentro de una semana estaremos viviendo nuestra semana de Ejercicios Espirituales como Custodia. Hagamos el compromiso de vivirlos en total silencio y recogimiento; démosle descanso al celular, al ordenador pero, sobre todo, a nuestras mentes bulliciosas. Que los retiros que se aproximan sean una bella oportunidad para acercarnos un poco más a Dios y dejarnos reconciliar por El y, una vez reconciliados con el Padre, que vayamos a nuestros hermanos, a los de casa y a los de fuera, con un corazón lleno de misericordia como el de Dios.
 
Fraternalmente.
Hno. Adalberto Jiménez M.
Custodio
 

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