TU MAYOR MISERICORDIA:
¡LA LLEGADA DE TU HIJO JESÚS!

El regalo más grande de la misericordia de Dios hacia nosotros es la llegada de Jesús a la tierra, vestido de carne y hueso, tejido de sangre y nervios, lleno de sentimientos y pensamientos humanos como cualquiera de nosotros. Y la llegada del Mesías para un solo propósito: salvarnos y llevarnos por los caminos que transita el mismo Dios, con frecuencia tan alejados de los nuestros.

Hoy, como cada año, se nos vuelve a brindar este tiempo tan especial para que no se nos olvide llenarnos de la humildad de Dios, repleta en Jesús de misericordia y de sentimientos buenos que hacen más grande al ser humano. Jesús se fue haciendo persona progresivamente, se fue haciendo más y más humano, lo que lo hizo también más divino. Es allí donde podemos entender el estribillo del villancico: “Dios se acerca y se hace hombre, para que el hombre se haga Dios”.

Hermanos, aprovechemos este tiempo que Dios nos ofrece para hacernos más humanos y más divinos como Jesús. Que demos paso de la muerte a la vida, del perdón a la reconciliación, del orgullo a la humildad, de la violencia a la paz, de la corrupción a la Justicia. Que ésta Navidad sea un tiempo para acercarnos a abrir puertas de misericordia – tal como nos lo pide el Papa Francisco – en aquellos lugares donde hay seres humanos, heridos por el poder del mal, del odio, de la injusticia, de la muerte, de la fragilidad y del pecado.

Que como hermanos capuchinos llevemos a todos los sentimientos de Jesucristo y celebremos estos días la Navidad en la cárcel más cercana; en el hospital donde están los enfermos desahuciados o incurables; que vayamos a familias cuyos hogares están heridos por la separación, el abandono o por la migración; que vayamos a algún barrio donde hay pobreza extrema e incluso miseria; que vayamos a algún centro de enfermos mentales o a una clínica de rehabilitación de alcohólicos y drogadictos; que vayamos a algún lugar donde la vida clama.

Jesús nos invita hoy a celebrar su nacimiento en los lugares donde su carne está herida en otros seres humanos. Jesús nos invita a salir de nuestra zona de confort, es decir, dar un paso más y acercarnos como él lo hace, sobre todo donde está presente el caos de la deshumanización y la ausencia del amor.

Navidad es un tiempo para hacer pocas cosas que se resumen en contemplar en oración el misterio de Dios hecho carne como nosotros y en acercarnos a la mujer y al hombre doliente de nuestro mundo que ha perdido la esperanza. Vayamos a ellos con Jesús en nuestra vida y hagamos que nazca en el pesebre vivo de sus corazones.

FELIZ NAVIDAD HERMANOS.
 
Adalberto Jiménez
Custodio
 

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