Carta a todos los hermanos de la Custodia
Quito, 18 de agosto de 2015

Queridos hermanos de la Custodia: Paz y Bien en el Señor
Les escribo para darles una nueva noticia, de esas que siempre que acontecen causan dolor y muchas preguntas personales y fraternas.
Me acaban de comunicar que dejan la Orden de manera definitiva los hermanos Vicente Quisirumbay y Fernando Ortega.
Como les decía, noticias como éstas causan mucho dolor en cada uno de nosotros. Ese es el dolor que nos han causado estos últimos meses las salidas de otros hermanos: Livio Cuenca, Carlos Cabrera y Oscar Ramos.
En realidad nos hacemos preguntas como estas: ¿qué les pasó?, ¿por qué tomaron la decisión de abandonar la Orden?, ¿qué hizo el Custodio y los hermanos por ellos?, ¿qué hizo su fraternidad local por ellos?, ¿Qué nos está pasando?...
Más allá de las preguntas es bueno que en cada una de nuestras fraternidades vivamos lo que estamos llamados a vivir: nuestro compromiso de hombres consagrados a Jesucristo y a los hermanos en la Custodia, pero concretado en hechos cotidianos en la fraternidad local y en la misión donde Dios y la Obediencia nos han puesto.
Los hermanos dijeron en el último Capítulo, que hay un bajón en la vida espiritual de la Custodia y es verdad, está a la vista. Si se ora lo mínimo –como está aconteciendo en algunos de nosotros-nos llega más pronto que tarde la anemia espiritual como nos dice el Papa Francisco y el hermano Ignacio Larrañaga. Con dolor veo que la oración contemplativa, larga y sosegada ha pasado de ser una realidad prioritaria de nuestras fraternidades a ser un bello recuerdo que vivieron algunos hermanos en el pasado a los que mencionamos con nostalgia, o es patrimonio de unos poquitos hermanos cuyos dedos de una mano sobran para contarlos.
Queridos hermanos, no es justo ni honesto seguir así, en la mediocridad y en los mínimos de nuestra vida espiritual. Luego no es extraño que se abandone la vocación y otro amor u otros amores, colmen nuestro deseo de plenitud. Hermanos queridos es urgente que volvamos a recrear nuestra vida espiritual desde los valores teologales que sostienen la vocación. Ante la superficialidad en la que nos envuelve este mundo a través de sus múltiples ofertas tecnológicas ahondemos en las palabras de Karl Rahner, cuando expresó la siguiente profecía: en el siglo XXI los cristianos serán místicos o no serán nada. ¿En dónde nos ubicamos hoy: en la mística o en la superficialidad y la nada?
Todos nos damos cuenta que hay también un bajón de vida fraterna. En el paso por las fraternidades estos meses, he observado que en varios hermanos las relaciones están deterioradas y cuarteadas. Algunos hermanos estamos en crisis de diversa índole: crisis de fe, de individualismo, de soledad, de afectividad, de sexualidad, crisis de sentido etc. El problema no son las crisis que inevitablemente llegan, sino la forma de abordarlas o no abordarlas. Si algún hermano está pasando alguna crisis, que no tenga miedo de buscar ayuda humana, profesional o espiritual; a veces, envueltos en diversas crisis creemos que saldremos solos de ella. Pero la experiencia nos dice una y otra vez, que el gran problema que nos hunde en la crisis es no buscar ayuda y creer que vamos a salir solos.
Así mismo, si vemos a un hermano que necesita ayuda porque no lo vemos bien, no dudemos en abordarle y brindarle ayuda, hasta donde él lo permita. A veces un excesivo respeto humano sólo hace que por no hablar con claridad, algunas crisis y salidas de hermanos terminen en verdaderos escándalos, con los que hacemos muchísimo daño a las personas que están a nuestro lado. Ante esto es bueno que tengamos en cuenta esta verdad: se puede hablar de todo, absolutamente de todo –incluso de los hermanos- pero siempre con amor. Lo grave para el hermano, como para nosotros mismos, es cuando abordamos las crisis y salidas de los hermanos desde el chisme, el comentario insano, el moralismo y la crítica negativa.
Por otro lado, en más de una fraternidad hay poca aceptación al hermano al que le expreso mi inconformidad de distintas formas que van desde el rechazo explícito hasta la queja a otros, pasando por largos silencios que lastiman la convivencia fraterna. Somos profesionales cuando predicamos del don de la fraternidad, diciendo: Y el Señor me dio hermanos, pero en muchas ocasiones fraternidad no pasa de ser una bella palabra. Somos una fraternidad espiritual y humana donde necesitamos dar y recibir amor, donde experimentemos día a día el amor gratuito al hermano, si nos falta el amor dentro de nuestras fraternidades con seguridad acertada o equivocadamente lo encontraremos fuera. En la última reunión del Consejo hace pocos días veíamos con preocupación la falta de presencia física de los hermanos en la fraternidad local, vemos la urgente necesidad de saber estar y permanecer en la casa, pero no de manera virtual sino real.
En cada fraternidad no abandonemos al hermano en la crisis, antes bien acompañémosle en su vulnerabilidad y fragilidad, qué fácil es amar a los hermanos cuando todo nos va bien y vivimos la fraternidad armónica e ideal, pero qué grande amar y sentirnos amados –como lo hace Dios- en la fragilidad del hermano y no olvidemos nunca lo que nos dice Francisco: y ámalos precisamente en esto, y no quieras que sean mejores cristianos… y en esto quiero conocer si amas al Señor y me amas a mí… si procedes así: que no haya en el mundo ningún hermano que habiendo pecado todo lo que pudiera pecar se aleje jamás de ti, después de haber visto tus ojos, sin tu misericordia, si es que busca misericordia y si no buscara misericordia, pregúntale tú si quiere misericordia. Y, si mil veces volviera a pecar ante tus propios ojos, ámalo más que a mí, para atraerlo al Señor.
Es bueno que recordemos las palabras de Monseñor Carvallo a la Vida Religiosa de Ecuador, el año pasado: “La vida religiosa está en crisis, cada año abandonan la vida religiosa a nivel mundial, cerca de cuatro mil religiosos, convirtiéndose esto en una verdadera hemorragia que sufre la Vida Consagrada. Y añadía: Ante esta constatación de la realidad si bien no debemos ser profetas de calamidades, tampoco podemos decir que no pasa nada y, por ello estamos llamados a hacer algo, para detener esta hemorragia de las salidas de los hermanos”.
Los que seguimos y nos quedamos en la vida capuchina, tenemos que hacer algo para reavivar la llama de nuestro carisma en lo espiritual y en lo fraterno, comprometiéndonos decididamente sobre cómo vamos a afrontar esta crisis espiritual y fraterna que estamos viviendo.
Invito a cada guardián a leer y reflexionar esta carta con sus hermanos y que se puedan plantear y compartir estas dos preguntas:
  1. ¿Qué podemos hacer para que en nuestra fraternidad local la primacía no la tengan mis acciones pastorales, personales, fraternas y administrativas, sino la oración y la búsqueda de Dios? ¿Cómo lo vamos a lograr en concreto?
  2. ¿Qué vamos a hacer para que en nuestra fraternidad local se viva una auténtica vida de hermanos donde exista confianza, alegría, sentido de pertenencia, perdón, gratuidad y gozo. Una fraternidad donde en verdad se sienta que nos queremos, nos aceptamos y nos cuidamos siendo guardianes y custodios unos de otros? ¿De qué manera concreta lo vamos a hacer?
Oremos por los hermanos que han abandonado la Custodia con la confianza que el Señor de la Misericordia está guiando con amor sus vidas, pero sobre todo oremos por cada hermano de la Custodia para que el Señor nos conceda la gracia de la fidelidad a Dios y a los hermanos y para que estos acontecimientos de cruz se conviertan en gracia resucitada.
Mientras escribía esta carta he pedido al Espíritu Santo que me ilumine. En ese momento como una luz omnipresente he sentido la compañía de dos grandes hermanos y profetas que sembraron de luz y testimonio nuestra Custodia, hasta hace poco, me refiero a los hermanos Santiago Ramírez y Ramón Echegaray, dos hombres de Dios que guiaron nuestra custodia con su sabiduría y santidad y que sé que nos siguen acompañando desde el cielo. A ellos, que están en la presencia de Dios les he entregado nuestra Custodia y les he pedido que nos ayuden a superar esta crisis que hoy estamos viviendo.
Finalmente y a pesar de todo, hermanos, no dejemos de soñar caminos de Evangelio, dando lo mejor de nuestras vidas a Dios y a los demás como nos pide el Papa Francisco: Mirar el pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrazar el futuro con esperanza.Animo hermanos, que tenemos aún una bella historia que seguir construyendo con Jesucristo y Francisco.
Hermanos, les pido encarecidamente que oremos los unos por los otros.
 
Fraternalmente,
 
Hno. Adalberto Jiménez, OFM Cap.
Custodio
 
 
 
PD
Pido a todos los hermanos de las fraternidades locales que a más de leer esta reflexión puedan hacer con su contenido un día de retiro o un tiempo de oración, que nos ayude a orar y caminar en fraternidad.
 

Comentarios   

# Guest 22-10-2015 02:02
Ñaño, he leído tu carta y he sufrido contigo, y espero a una con vosotros. Arañaré las nubes y haré cosquillas a Taitico Dios, a su Pelao y al Espíritu. Abrazos.
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# Guest 22-10-2015 07:19
Dios tiene sus planes con cada hermano. Me uno tu oración mi querido hermano. y seguimos soñando por un franciscanismo con condumio. abrazos
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