COMUNICADO A VENEZUELA

Y A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

 

Las Superioras y los Superiores Mayores de las Órdenes, Congregaciones e Institutos de Vida Consagrada de la Iglesia Católica Venezolana (CONVER), reunidos en Asamblea anual el día martes 2 de Mayo de 2017, bajo el lema “salgamos aprisa al encuentro de la vida en Venezuela”, sensibles a la grave situación que vive nuestro país, orando y también con la actitud de evangelizadores llamados a mantener presente, en toda circunstancia, la fuerza viva del Evangelio, queremos dirigirnos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad de nuestra nación y de la comunidad internacional.

Como consagrados al servicio de Dios y de su Reino, hacemos vida en diferentes lugares de este país -la gran mayoría en zonas de periferia- a través de numerosas obras y misiones que prestan su ayuda a personas de todas las edades sin hacer distinciones de raza, credo, estrato social o pensamiento político. Somos hombres y mujeres con nuestros defectos y virtudes, que sentimos, lloramos, sufrimos, tememos y luchamos con audacia y valentía; que tratamos de ser lo más fieles posibles a la vocación recibida, a pesar de las limitaciones propias de nuestra condición humana. Compartimos nuestra misión con un gran número de laicos que se entregan cotidianamente como cireneos de los crucificados de hoy que pululan en nuestra sociedad y cuyos clamores suben al cielo haciéndose cada día más numerosos. Vemos con muchísimo dolor y preocupación la creciente agudización de la crisis política, moral, social y económica que nos afecta a todos, pero de manera muy especial a los más empobrecidos y vulnerables.

Asumiendo nuestra vocación profética queremos anunciar con fe, fuerza y esperanza el mensaje evangélico que exige disipar las tinieblas y denunciar las estructuras de pecado que están hundiendo a nuestro país en el odio, la anarquía, la división, la muerte, la violencia, el hambre, la desesperanza, la frustración, la polarización, el resentimiento, la ignorancia, la venganza, la ilegalidad, el militarismo, la desintegración del tejido social y la violación sistemática de los Derechos Humanos y constitucionales.

En medio de esta difícil situación, queriendo superar las horas de tinieblas, queremos salir al encuentro y defensa de la Vida, así como María de Nazaret salió a encontrarse con su prima Isabel, solidarizándose y alegrándose con ella por el fruto de sus entrañas. Queremos anunciar con alegría y esperanza que Dios, Padre de Amor y Misericordia, camina, sufre, llora y lucha con su pueblo. Él alienta nuestro caminar e infunde su Espíritu a todos los que aman la justicia, la libertad, la verdad, la paz y la reconciliación. Él es la garantía última de victoria de todas las víctimas de la injusticia sobre los poderes que oprimen y atentan contra la vida y la dignidad de la persona humana. Dios no es ajeno ni tampoco permanece alejado de nuestra realidad. Es más, actúa abiertamente inspirando y alentando a todos aquellos que luchan por hacer posible la promesa hecha en la profecía de Isaías 43,18-19: " No recuerden lo de antaño, no piensen en lo antiguo; miren que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notan?".

En estos momentos constatamos que muchos de nuestros hermanos, indistintamente de las ideas que defienden, son aplastados, reprimidos sin misericordia y otros asesinados. Hacemos un llamado a evitar las situaciones extremas y posiciones intransigentes que acentúan la violencia que, sin duda, nos conducirá a un despeñadero y a la muerte de muchos ciudadanos.

En este sentido, como seguidores de Jesús de Nazaret, estamos llamados a asumir la defensa de la Vida, de la libertad, de la dignidad humana, de la democracia, de los rectos valores morales y culturales que permitan restituir la convivencia ciudadana en paz y fraternidad. Nuestra historia de Salvación está transida de extremo a extremo con la actuación de un Dios que ama y defiende la justicia y el derecho, siempre a favor de los más vulnerables y débiles. Por ello, responder al llamado de Dios a la vocación cristiana también implica asumir riesgos y peligros propiciados por aquellos que odian a Dios y que reiteradamente manipulan la realidad para encubrir sus desmanes e injusticias. Por tal razón, queremos rechazar y repudiar:

La criminalización del llamado a la desobediencia civil por parte del Gobierno Nacional y otros actores políticos. Este acto constituye el desconocimiento de un derecho de todo ciudadano venezolano, consagrado en el artículo 350 de nuestra Constitución Nacional.

La inexistencia de un Estado de Derecho igualitario, justo e imparcial, que garantice el debido proceso y la correcta administración de justicia; el encarcelamiento arbitrario, abusivo y vejatorio de muchas personas que adversan la ideología política imperante y que denuncian los atropellos y desmanes de muchos organismos públicos. Nuestro apoyo, solidaridad y nuestras oraciones para con ellos.

El no reconocimiento, el irrespeto y la falta de protección de los Derechos Humanos, Civiles y Constitucionales de todos los ciudadanos, mediante acciones protagonizadas por el Gobierno Nacional o por cualquier otro agente político que atentan contra estos derechos, los menoscaban, violentan o niegan.

El anuncio de la convocatoria a una nueva Asamblea Constituyente realizado por el Gobierno Nacional puesto que obstaculiza la búsqueda de una salida consensuada, pacífica y legítima a la profunda crisis que vivimos como sociedad venezolana..

Rechazamos y condenamos con profundo dolor el número creciente de víctimas y fallecidos a causa de la violencia desmedida y criminal, venga de donde venga, en contra de ciudadanos que, pacífica y cívicamente, salen a las calles de nuestro país a exigir paz, pan, trabajo, salud, progreso y democracia. Nos unimos al dolor, la desesperación y la frustración que sienten los familiares, amigos y allegados de todos aquellos que han muerto por causa de la fuerte represión de la Guardia Nacional, otros organismos públicos y grupos paramilitares de civiles armados.

La ineficiencia gubernamental que mantiene postrada la economía y la producción de nuestra nación. El alto índice inflacionario, la falta de oportunidades laborales y de salarios justos, las largas colas para conseguir poco o nada para comer, la búsqueda desesperada de medicinas que no hay o que se agotan rápidamente y que son esenciales para la salud de muchos, la precaria asistencia hospitalaria, el aumento diario en las cifras de personas que hurgan entre la basura para encontrar algo para sobrevivir.

Igualmente, nos solidarizamos con las organizaciones eclesiales, laicales, no gubernamentales, y con iglesias de otras confesiones que están orientadas a la búsqueda de la justicia y la paz verdaderas. Alertamos a la sociedad, que esta labor se ha visto atacada, descalificada y amenazada, incluso de muerte, por agentes políticos y grupos de delincuentes, paramilitares o colectivos, contrarios a la verdad y a la justicia evangélica. Muchos de nuestros hermanos y hermanas, víctimas de amenazas, se han visto desamparados y abandonados ante estos y otros ataques, sin conseguir amparo y defensa por parte de las instituciones del Estado destinadas a la defensa y protección de la ciudadanía.

Desde nuestras convicciones de fe, hacemos un llamado evangélico a que se evite cualquier forma de violencia, venga de donde venga. Ya es hora de detener la represión que intenta esclavizar e imponer un pensamiento único. Una sociedad verdaderamente justa e inclusiva no se construye desde el odio, la descalificación, la polarización, la división o la imposición. La verdadera paz se construye desde la justicia y no hay justicia sin verdad y sin libertad.

En consecuencia, asumimos y apoyamos el gran reto que nos deja el papa Francisco en su legítima preocupación por Venezuela “todo lo que se pueda hacer por Venezuela hay que hacerlo, con las garantías necesarias”, y es por ello que como Vida Consagrada Venezolana (CONVER), sensibles a la grave situación que vivimos en el país y a la luz del Evangelio que anunciamos a tiempo y a destiempo, estamos dispuestos a vivir con mayor intensidad nuestra consagración, asumiendo los siguientes desafíos:

1. Seguir acompañando a los hermanos y hermanas que sufren, sin ningún tipo de exclusión, con gestos visibles de fraternidad y reconciliación.

2. Fortalecer la defensa de la vida mediante la promoción y el respeto de los Derechos Humanos, con acciones coordinadas de mayor compromiso de solidaridad, justicia y paz.

3. Revitalizar nuestra misión profética, como Vida Consagrada, anunciado con valentía el Reino de Dios.

4. Aunar esfuerzos y acciones junto a la Conferencia Episcopal, clero diocesano, la Asociación Nacional de Laicos, otras confesiones religiosas, organizaciones de la Sociedad Civil y personas de buena voluntad, para reconstruir el tejido social y humano de Venezuela.

Nuestra Madre de Coromoto, que acompaña los pasos de cada uno de sus hijos que se encomienda a su cuidado, sin importar su condición, oriente nuestro caminar hacia la reconstrucción de nuestra nación.

En Caracas, a los dos días del mes de mayo de 2017.

 

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