A todos los hermanos de la Provincia

Carta de Navidad

“Mientras estaban en Belén,

le llegó a María el tiempo de dar a luz” (Lc 2,6)

 

 

Queridos hermanos: Paz y Bien

Un año más, estamos en Adviento, tiempo de renovación y de esperanza. La Palabra de Dios con la que nos encontramos cada día nos recuerda que el Señor viene con un mensaje de salvación, que es una promesa y una realidad.

En la provincia acabamos de celebrar una asamblea sobre nuestra pastoral social y misionera con el fin de conocer lo que se hace en las fraternidades, en las diversas obras sociales en las que estamos implicados y poder establecer los criterios desde los que funcionar y canalizar nuestra solidaridad provincial. Ha sido un primer paso sencillo, pero importante, si queremos recorrer juntos el mismo camino y en la misma dirección.

Somos muy conscientes de que la situación actual de la sociedad en que vivimos está muy marcada por la crisis, por los recortes económicos, por las  movilizaciones sociales,  por la  inquietud… Por eso, es importante que nos impliquemos para quitar o suavizar todo el dolor humano que podamos. Si además somos capaces de hacerlo no tanto de manera individual sino como fraternidad local y provincial, mucho mejor.

En estas fechas que rodean a la Navidad experimentamos de una manera más viva que Dios es Solidaridad: solidaridad con el ser humano; solidaridad con la realidad toda. El Dios de Jesús es un Dios solidario que nos impulsa a vivir la solidaridad. Habrá penuria y escasez en muchos hogares en estas navidades. Por eso  hemos de ser sensibles ante las necesidades de tantas personas  y estrecharnos un poco para  hacer un hueco en la mesa de la fraternidad a quien está necesitado de nuestra ayuda.

Conforme se va acercando la Navidad y nos vamos contagiando del “espíritu navideño” somos más conscientes de que “Belén” en hebreo significa “casa de pan”, en árabe “casa de la carne” y en cristiano, “casa de todos”.  Cada vez que partimos el pan en casa, en la fraternidad o con quienes lo necesitan, cada vez que lo compartimos y lo repartimos, se prolonga aquel Belén.

Una de nuestras ocupaciones y tareas es poner el Nacimiento en nuestras fraternidades e iglesias, porque en la calle y a nivel social hace tiempo que se “ha  armado el Belén”. Al ponerlo, nuestra intención no ha de ser tanto estética. Precisamente porque queda mucho Belén por hacer, por amasar, hemos de  preocuparnos de que Jesús nazca en nuestro interior y crezca hacia fuera, hacia el exterior de nuestras vidas, para que vivamos con mayor conciencia y sensibilidad ante las necesidades de los demás.

En estos momentos nada fáciles para muchos hogares si los hermanos somos capaces de compartir un trozo de pan, de confianza, de paz, de fe y de esperanza haremos que estas Navidades sean un poco más felices para muchos. Este es mi deseo para estos días y el Nuevo Año de la Fe.

 

Madrid, 14 de diciembre de 2012

 

Hno. Benjamín Echeverría,

ofm cap

 

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