TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN

 

 

A todos los hermanos de la Provincia

con motivo de la celebración de la Pascua

 

 

Queridos hermanos: 

Un año más, el domingo siguiente a la primera luna de primavera celebramos la fiesta de la Pascua, la Pascua de Jesús, la pascua florida, la llena de vida, tal como podemos contemplar en la naturaleza,  el paso de la muerte a la resurrección.

A  lo largo de estos días pasados hemos recordado, revivido y celebrado los últimos momentos en la vida de Jesús a través de unas celebraciones repletas de gente y cargadas  de gestos y símbolos con los que la comunidad cristiana, desde los primeros tiempos, ha expresado su fe.

Hemos recordado la confusión y el desaliento de aquellos testigos que  acompañaron los últimos días de la vida de Jesús. Ahora, durante los próximos cincuenta días recordamos lo que nosotros llamamos “la experiencia pascual”, la experiencia indiscutible de que estaba vivo, de que la muerte no había podido con Él. Ahí nació la fe de aquellos hombres y mujeres que nosotros llamamos los primeros testigos: creyeron en aquel hombre, reconocieron que, a pesar de la muerte en cruz, “Dios estaba con él”, y estuvieron dispuestos a reconocerlo como “El Señor”.

 Aquellos testigos no fueron simplemente transmisores de una información; su testimonio no fueron simplemente sus palabras. Fueron testigos de Jesús porque cambiaron de vida; su fe en Él consistió en aceptar sus criterios, sus valores y su Dios. Se sintieron resucitados y empezaron a vivir una vida “nueva”, inspirada por el mismo Espíritu de Jesús.  Por eso la Pascua es siempre la fiesta de la confianza.

 La fe de toda la Iglesia está construida sobre la fe de aquellos testigos. La fe se vive y se expresa como confianza, como forma de situarnos ante los demás y ante el mundo. Creer significa, entre otras cosas, que de un modo u otro nos sentimos fundados, protegidos, preservados. Significa que podemos pedir porque recibiremos, buscar porque encontraremos, llamar porque se nos abrirá (Mt 7,7).

La fe no sólo es cuestión de tener ideas sobre Dios, sino entrar en relación con Aquel que llama, Jesús el Señor, para seguir  su propio camino. Entramos en relación porque alguien nos habló de Él, por eso el punto de partida es conocerlo “de oídas”. Pero sólo la relación personal puede conducirnos a escuchar su llamada y decidirnos a seguirlo.

Un día cada uno de nosotros decidimos seguirlo, organizar nuestra vida desde Él, siendo conscientes de que el seguimiento es todo un proceso que va cambiando y madurando nuestras vidas a lo largo de los años.  Como Capuchinos lo seguimos en compañía de otros hermanos que también andan tras sus huellas. Organizados en fraternidades compartimos la vida, la fe y la misión, reunidos en torno a Él, que se deja sentir en medio de nosotros, nos asiste con su espíritu y nos alienta cada día para escuchar su Palabra, buscar juntos la voluntad del Padre y ser sus testigos con nuestra propia vida.

Si realmente queremos ser testigos del Señor resucitado hemos de dar respuesta a la pregunta e invitación de Jesús que escuchamos siempre el día de jueves Santo: ¿comprendéis lo que he hecho con vosotros?... Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

 Que la paz y la alegría del Señor Resucitado estén presentes en vosotros y en las fraternidades en este tiempo.

 

Un saludo fraterno

 

Madrid 7 de abril de 2012

 

Benjamín Echeverría

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