Octavo día (Domingo, 23 de agosto de 2009)

A quien madruga, Dios le ayuda…

El día empezó más temprano que de costumbre: Los hermanos nos reunimos a las 6:00 a.m. para tomar desayuno. Según lo programado, el autobús partió rumbo al norte del país desde Conocoto hasta la ciudad de Ibarra. Tres horas de viaje escoltados por los volcanes Cayambe, Imbabura y Cotacachi, y acompañados por un paisaje que no dejó de sorprendernos. A mitad de camino, a la entrada de la ciudad de Otavalo, el Hno. Germán Arteaga nos presentó a dos personas conocidas allegadas al trabajo pastoral de los hermanos que se unieron al grupo para hacer de guías y valorar la historia y la cultura de los pueblos asentados en la zona.

San Luis de Otavalo, el valle del amanecer

Otavalo es visitado por turistas atraídos por una riqueza cultural en la que pueblos como los Kichwa Otavalo y los Blanco Mestizos mantienen su identidad. Esta diversidad cultural se conjuga con una variedad de ecosistemas que encierran una diversidad biológica representativa de la región. Los otavaleños son conocidos por su habilidad para el comercio, especialmente en la venta de tejidos de lana, que ofrecen para todos los gustos y bolsillos en la “plaza de los ponchos”.

Cuicocha, laguna de los dioses

En la provincia de Imbabura, ya a 120 Km. al norte de la ciudad de Quitose localiza la  laguna de Cuicocha, conocida también como Laguna de los Dioses (Tsui-cocha). Los hermanos tuvimos la oportunidad de recorrer en lanchas la laguna que según los especialistas es un cráter antiguo del volcán Cotacachi, a una altitud de 3068 m.s.n.m. con un diámetro de 3 Km. En medio de la laguna surgen dos islotes que poseen una vegetación con más de 400 especies.

San Miguel de Ibarra, la Ciudad Blanca

Ibarra, Capital de Imbabura tiene una importancia significativa para la Viceprovincia de Ecuador, por haber sido la primera presencia de la Orden, una historia que se remonta al año 1873. Con el afán de restaurar el ánimo y la fe de la población de Ibarra que se vio afectada por un devastador terremoto, el presidente de aquel entonces Gabriel García Moreno, pidió al Ministro General el poder contar con la asistencia espiritual de los Hermanos Capuchinos.

Actualmente la fraternidad en Ibarra se configura como un centro de espiritualidad, que ha sido muchas veces la sede del curso en preparación a la profesión perpetua, abierto a los hermanos de la CCA. Los hermanos Manuel, Marcelino y Francisco nos hicieron sentir en casa, compartiendo la chugchucara, caldo de patas, tostado y más.

“Padre Nuestro que estás en la tierra, desvelado por nuestros desvelos…”

Pucahuaico es uno de los iconos más sobresalientes de la provincia de Imbabura, pues allí descansan los restos de uno de sus más célebres hijos: Mons. Leonidas Proaño (1910 – 1988), un obispo comprometido con la defensa de los derechos de los más desprotegidos; actitud que le valió, por petición del movimiento indígena, ser designado por el Papa Juan Pablo II “Obispo de los Indios”. La Eucaristía –presidida por los hermanos de la custodia de Paraguay- fue celebrada en una capilla, cuya sencillez nos hablaba de la humildad del obispo que consagró sus esfuerzos al anuncio de la Buena Nueva a los pobres de Chimborazo.              

San Antonio, Pasión por el arte, nos da el Adiós

No hay casa en San Antonio de Ibarra que no sea cuna de artista. Parece como si cada poblador hubiera venido al mundo con una capacidad innata para recrear la naturaleza a través del tallado de madera, la escultura y la pintura.

Es la hora de retornar a Conocoto. Con el compás de un rosario de misterios gloriosos, el ómnibus regresa cargado de emociones y vivencias… Antes de dormir, seguramente habrá oportunidad de que el poema compuesto por Mons. Proaño resuene en nuestros corazones: “Tú te vas, tú te vas, pero quedan… los árboles que sembraste”.  

FOTOS DEL ENCUENTRO

 

Vicente Qyuisirumbay y Carlos Piccone

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