CUARTO DÍA: LA GRATUIDAD. SÁBADO 18 DE ABRIL DE 2009

Hoy fue el último día del Capítulo Internacional de las Esteras en  Asís y Roma, con la congregación de todas las Ordenes Franciscanas del mundo entero. Desde las 07h00 todos los peregrinos capitulares, en más de cuarenta autobuses éramos conducidos hasta la ciudad de Roma para culminar con la última celebración y la bendición del Santo Padre, Benedicto XVI.

A media mañana ya todos estábamos congregados en el Centro Mariápolis de los Focolares, en Roma. La última Eucaristía del Capítulo fue presidida por el Ministro General de los franciscanos, quien en un tono muy familiar dio las gracias a todos los asistentes y a todos los que habían hecho posible este gran acontecimiento. Dividió su homilía en torno al Evangelio que debe recorrer un hermano de Francisco: Escuchar al Resucitado, Andar con el Resucitado, Alegrarse con el Resucitado, Correr a anunciar al Resucitado. Nos invitaba así a seguir anunciando con el testimonio y la vida esta gran herencia del carisma que hemos recibido.

Terminada la Eucaristía salimos caminando hacia Castel Gandolfo donde el Papa Benedicto XVI nos recibió en el patio donde siempre recibe a si grey, sólo que esta vez casi no había donde poner un pie. Llegó el Papa con media hora de retraso, pero aun con todo, nadie se movió de su sitio. Se dirigió a nosotros en algunas lenguas: Nos dio un mensaje largo pero muy sentido, invitándonos a todos los Franciscanos y Franciscanas del mundo a continuar hoy el camino de Francisco. A continuación algunos extractos de su mensaje a todos nosotros:

“Queridos hermanos y hermanas de la familia franciscana: Con gran alegría os doy la bienvenida a todos vosotros, en esta feliz e histórica fecha que os ha reunido: el octavo centenario de la aprobación de la "protorregla" de san Francisco por parte del Papa Inocencio III. Han pasado ochocientos años, y esa docena de frailes se ha convertido en una multitud, diseminada en todas partes del mundo, y hoy dignamente representada, aquí, por vosotros. En los días anteriores os habéis dado cita en Asís en lo que habéis querido llamar el "Capítulo de las Esteras", para evocar vuestros orígenes. Y al término de esta extraordinaria experiencia habéis venido junto al "Señor Papa", como diría vuestro seráfico fundador… Desde el pequeño arroyo manado a los pies del monte Subasio, se ha formado un gran río, que ha dado una contribución notable a la difusión universal del Evangelio. Todo tuvo inicio desde la conversión de Francisco, el cual, a ejemplo de Jesús, "se despojó a sí mismo" (cfr Fil 2,7) y, desposando a la Señora Pobreza, se convirtió en testigo y heraldo del Padre que está en los cielos. Al Pobrecillo se pueden aplicar literalmente algunas expresiones que el apóstol Pablo refiere a sí mismo y que me gusta recordar en este Año Paulino: "He sido crucificado con Cristo, y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gal 2,19-20)... Y aquí llegamos al punto que se coloca en el centro de nuestro encuentro. Lo resumiré así: el Evangelio como regla de vida. "La Regla y vida de los frailes menores es ésta, es decir, observar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo": así escribió Francisco al principio de la Regla sellada (Rb I, 1: FF, 75). Él se comprendió totalmente a sí mismo a la luz del Evangelio. Esto es lo que fascina de él. Ésta es su perenne actualidad. Tomás de Celano refiere que el Pobrecillo "llevaba siempre a Jesús en el corazón, a Jesús en los labios, a Jesús en los oídos, a Jesús en los ojos, a Jesús en las manos, a Jesús en el resto de los miembros... Es más, encontrándose muchas veces de viaje y meditando o cantando a Jesús, se olvidaba de que estaba de viaje y se detenía para invitar a todas las criaturas a alabar a Jesús" (1 Cel., II, 9, 115: FF, 115). Así el Pobrecillo se convirtió en un Evangelio viviente, capaz de atraer a Cristo a los hombres y mujeres de todo tiempo, especialmente a los jóvenes, que prefieren la radicalidad a las medias tintas… Han pasado ocho siglos y hoy habéis querido renovar el gesto de vuestro fundador. Todos vosotros sois hijos y herederos de esos orígenes. De aquella "buena semilla" que fue Francisco, conformado a su vez con el "grano de trigo" que es el Señor Jesús, muerto y resucitado para dar mucho fruto (cfr Jn 12,24). Como Francisco y Clara de Asís, también vosotros empeñaos en seguir siempre esta misma lógica: perder la propia vida a causa de Jesús y del Evangelio, para salvarla y hacerla fecunda en frutos abundantes. Mientras alabáis y agradecéis al Señor, que os ha llamado a formar parte de una tan grande y bella "familia", permaneced en la escucha de lo que el Espíritu le dice hoy a ésta, a cada uno de sus componentes, para seguir anunciando con pasión el Reino de Dios, tras las huellas del padre seráfico. Que todo hermano y toda hermana custodie siempre un alma contemplativa, sencilla y alegre: volved a partir siempre de Cristo, como Francisco partió de la mirada del Crucificado de San Damián y del encuentro con el leproso, para ver el rostro de Cristo en los hermanos que sufren y llevar a todos su paz. Sed testigos de la "belleza" de Dios, que Francisco supo cantar contemplando las maravillas de la creación, y que le hizo exclamar dirigiéndose al Altísimo: "¡Tú eres belleza!" (Alabanza de Dios altísimo, 4.6: FF, 261)…Queridísimos, la última palabra que quiero dejaros es la misma que Jesús resucitado entregó a sus discípulos: "¡Id!" (cfr Mt 28,19; Mc 16,15). Id y seguid "reparando la casa" del Señor Jesucristo, su Iglesia. En los días pasados, el terremoto que de los Abruzos dañó gravemente muchas iglesias, y vosotros de Asís sabéis muy bien lo que esto significa. Pero hay otra "ruina" que es mucho más grave: ¡la de las personas y las comunidades! Como Francisco, empezad siempre por vosotros mismos. Seamos nosotros en primer lugar la casa que Dios quiere restaurar. Si sois siempre capaces de renovaros en el espíritu del Evangelio, seguiréis ayudando a los pastores de la Iglesia a hacer cada vez más hermoso su rostro de esposa de Cristo. Esto es lo que el Papa, hoy como en los orígenes, espera de vosotros. ¡Gracias por haber venido! Ahora id y llevad a todos la paz y el amor de Cristo Salvador. Que María Inmaculada, "Virgen hecha Iglesia" (cf. Saludo a la Beata Virgen María, 1: FF, 259), os acompañe siempre. Y os sostenga también la bendición apostólica, que imparto de corazón a todos vosotros aquí presentes y a toda la familia franciscana”

Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en lengua española y nos dijo:“Saludo con afecto a los queridos Hermanos y Hermanas de la Familia Franciscana, provenientes de los países de lengua española. En esta significativa conmemoración, os animo a enamoraros cada vez más de Cristo para que, siguiendo el ejemplo de Francisco de Asís, conforméis vuestra vida al Evangelio del Señor y deis ante el mundo un testimonio generoso de caridad, pobreza y humildad. Que Dios os bendiga”.

Con este efusivo Saludo y Bendición Papal todos los peregrinos entre abrazos y despedidas salíamos de Castel Gandolfo, alegres por haber podido participar de este Capítulo de las Esteras con hermanos y hermanas de la familia franciscana de toda la tierra.

Fraternalmente

Hno. Adalberto Jiménez M. OFMCap.

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