Con motivo del día de san Francisco

CONSTRUCTORES DE PUENTES

Queridos hermanos: Paz y Bien

El Papa Francisco se ha acercado últimamente a Asís en dos momentos, para celebrar el aniversario del Perdón de Asís y para participar en la jornada mundial de oración por la Paz. “Sed de paz. Religiones y culturas en diálogo”, fue el lema de este último encuentro. En Asís todo suena a perdón. En la Porciúncula todo habla de perdón.

En el primer encuentro decía el papa que “el perdón de Dios no conoce límites; va más allá de nuestra imaginación y alcanza a quien reconoce, en lo íntimo del corazón, haberse equivocado y quiere volver a él. Dios mira el corazón que pide ser perdonado. El problema, desgraciadamente, surge cuando nosotros nos ponemos a confrontarnos con nuestro hermano que nos ha hecho una pequeña injusticia… Cuando estamos nosotros en deuda con los demás, pretendemos la misericordia; en cambio, cuando estamos en crédito, invocamos la justicia. Esta no es la reacción del discípulo de Cristo ni puede ser el estilo de vida de los cristianos. Jesús nos enseña a perdonar, y a hacerlo sin límites”.

El segundo encuentro nos habla de religiones y culturas en diálogo. Me he acordado de él ante los acontecimientos a los que hemos de hacer frente en este tiempo en nuestro país. Tenemos un panorama complicado a nivel nacional ante la falta de gobierno y la posibilidad de unas nuevas elecciones. La división creada en el PSOE estos días parece que acrecienta esa sensación de desentendimiento que existe entre la clase o “casta” política, que es reflejo de lo que suele acontecer “en el llano” de nuestra sociedad. En estos momentos de ruptura, de crisis, que nos afecta a todos, independientemente de la opción política que defendamos, somos más conscientes de lo importante que es el diálogo en la vida de toda persona, de todo grupo y de toda sociedad. Tenemos que empezar en ponernos de acuerdo en qué significa eso de dialogar. Creo que tiene razón González Faus cuando dice que “dialogar no es decir al otro que haga lo que yo quiero, ni es criticar al otro, ni es negociar, o repetir cansinamente eso de que “no es no”. Dialogar es simplemente ceder: dejarse atravesar por la palabra del otro (dia-logos) hasta que esa herida arranque concesiones parciales, y por ambas partes”. “Hablando se entiende la gente”, afirma la sabiduría popular, convencida de que en este mundo cada vez más globalizado y complicado es la mejor estrategia frente a la exclusión e intolerancia.

No sé si como franciscanos podemos apropiarnos el título o la convicción de ser hombres y mujeres de diálogo y en diálogo. El lema que ha elegido la Comisión de Pastoral Juvenil de nuestra Provincia capuchina para este año es “ser puente”. Tenemos la pretensión de presentarnos ante los demás como “constructores de puentes”. Personas que tratamos de vivir con el corazón abierto. Convencidos de que es una buena tarea, una buena misión, ser capaces de tender puentes hacia las personas y hacia las cosas, en este mundo y en este tiempo en el que tanto abundan los constructores de barreras, muros y zanjas.

Hacer puentes, y, sobre todo, hacer de puente, no es una tarea fácil, entre otras cosas porque hay que soportar el peso de los que pasan por él. En Francisco de Asís podemos ver hoy su labor de pontífice, de constructor de puentes. De él admiramos y valoramos que fuera capaz de rechazar la lógica del poder, del dominio, y por eso mismo de la violencia, para afirmar la lógica de una vida fundada en la gratuidad del darse a sí mismo sin pretender nada. Al detenernos ante su vida y su persona vemos que todo ser humano crece y se desarrolla creando encuentros. Estos encuentros exigen de nosotros apertura de espíritu, una cierta disponibilidad, sencillez, humildad, actitud de colaboración, generosidad… Él nos anima a ser puentes, a hacer de puentes desde el sueño que él alimentó. El sueño en el que creemos que “ser hermano es posible”. En definitiva, esto es lo que nos permite implicar nuestra vida con los otros.

Un abrazo fraterno.

Madrid, 1 de octubre de 2016 

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