MENSAJE DE LA XII ASAMBLEA LATINOAMERICANA
Y CARIBEÑA DE LOS CAPUCHINOS

¡Paz y Bien del Señor! Nosotros los ministros provinciales y custodios franciscanos capuchinos de Latinoamérica y el Caribe junto con nuestros delegados para el VIII Consejo Plenario de la Orden nos hemos congregado en el Convento Capuchino de San Pío de Pietrelcina, en Ciudad Benito Juárez, Nuevo León, México, desde el 6 al 10 de julio, 2015. Acompañados por nuestro ministro general, Fray Mauro Jöhri, y nuestros consejeros generales, Fray Sergio Dal Moro y Fray Hugo Mejía, hemos profundizado nuestra vida consagrada y carisma capuchino con el tema especial de La Gracia de Trabajar. En preparación por la elaboración de nuestro mensaje e inquietudes, hemos reflexionado cuatro temas en particular:
  1. La visión del trabajo en la vida de San Francisco de Asís
  2. La visión del trabajo en la historia de los capuchinos
  3. La visión del trabajo en nuestras nuevas Constituciones
  4. ¿Qué espera el pueblo latinoamericano y caribeño del trabajo de los capuchinos hoy?
Como fruto de nuestro diálogo fraterno y abierto en nuestras conferencias de CCA, CCB y CONCAM; buscando el impulso del Espíritu Santo a discernir los signos de los tiempos, compartimos nuestras conclusiones para el próximo Consejo Plenario de la Orden sobre La Gracia de Trabajar y todos los hermanos de nuestras provincias y custodias:
 
Nuestros retos
retos ad intra:
  • Hacer de nuestro principal apostolado-trabajo vivir fraternalmente la vida evangélica en verdad, sencillez y alegría (Cfr Const. 147, 2).
  • Esto se vive de manera concreta en el trabajo manual que hacemos como expresión de nuestra vida menor y caridad fraterna. La identidad de nuestra vida nos hace corresponsables en esta dimensión.
  • En el momento actual hemos fragmentado la visión del trabajo descartando algunas actividades como estudio, ministerio y oración como algo diferente del trabajo. El estudio, comprensión y diálogo sobre las motivaciones e intuiciones originarias de nuestra forma de vida serán una fortaleza para valorizar la adecuada dimensión del trabajo en nuestra forma de vida.
  • Identificarnos con la vida de los pobres en cuanto a ganar nuestro sustento diario.
  • La auto referencialidad. No podemos hablar del trabajo sólo para justificar un modo de vida.
  • ¿Cómo superar el activismo, individualismo y ociosidad que trastorna la vida fraterna, especialmente la vida de oración?
  • Es necesario revisar nuestro compromiso con los hermanos ancianos y enfermos como un signo concreto de nuestra vida fraterna.
  • La formación de los hermanos debe potenciar la capacidad para comunicarse a sí mismos creando ambientes humanos, cálidos, cercanos, incluyentes, de misericordia. Seremos una voz profética en la medida que contrarrestemos la fragmentación humana.
  • Aprender a vivir el descanso no sólo como vacaciones sino también como crecimiento espiritual.
 
retos ad extra:
  • Revisar profundamente el estilo de nuestro trabajo en las parroquias y otros ministerios. Superar la pastoral de la conservación y llegar a las periferias existenciales y nuevas necesidades que se hacen urgentes en nuestro campo pastoral. Por ejemplo, el fenómeno de la migración, drogadicción, alcoholismo y apatía en nuestros pueblos.
  • Elegir trabajos que lleven a la propagación del Reino, es decir, aquellos que el mundo hoy necesita: cercanía, gratuidad, esperanza, construir fraternidad y trabajo en equipo, compartir la vivencia de la fe, fortalecer el crecimiento espiritual a través del estudio.
  • Asumir compromisos reales en el cuidado y defensa de los recursos naturales.
  • Utilizar las nuevas tecnologías como signo profético, ordenándolas al servicio del Reino de Dios. El uso de los medios de comunicación debe ser expresión de nuestra identidad y búsqueda de la construcción de vida fraterna.
  • Asumir el trabajo como un don, es decir desde la gratuidad y nuestro ser imagen de Dios. Por tanto, la remuneración que recibe por nuestros trabajos no debe ser la finalidad principal evitando así valorar los trabajos de los hermanos desde un criterio utilitarista. En este sentido podemos crecer en nuestra capacidad de compartir con los más necesitados.
  • Aprender a vivir en fraternidad entre las circunscripciones y a nivel inter congregacional, para responder a las necesidades allí donde es escaso el personal.
  • Involucrar a los laicos e instituciones en el trabajo como colaboradores y agentes.
 
Nuestras inquietudes:
Es necesario prestar atención a las tensiones entre la vida fraterna y la misión, armonizando estas dimensiones.
  • ¿Cómo animar una parroquia franciscanamente?
  • ¿Cómo llegar a las nuevas periferias?
Distinguir zonas de expansión y zonas de repliegue. Hay circunscripciones que envejecen y se achican y otras que están creciendo.
As tensões entre trabalho tradicional e as novas formas, juntos e individual, gratuito e remunerado.
  • ¿Cómo valorizamos as capacidades daqueles que chegam até nós?
La importancia de cultivar una identidad de fraternidades capuchinas con una misión.
  • ¿Cómo transmitir nuestra espiritualidad capuchina a los empleados o personas que trabajan con nosotros?
 
Nuestra reflexión:
  1. Fomos criados à imagem e semelhança do Verbo. Criados com uma natureza inacabada e chamados à plenitude. Passar se uma semelhança a uma maior semelhança, de uma amizade com o Criador à uma plenitude de intimidade com Deus. Tal vocação, que deveria se realizar na graça de Deus, foi impedida com a entrada do pecado na natureza humana. Contudo, o pecado impede uma passagem, mas não anula o destino. Na plenitude dos tempos (Gal 4,4) o Pai envia o Filho para cumprir sua obra. Gregorio de Nissa ver no domingo da ressureição, quando o ressuscitado aparece em um jardim, o cumprimento do sábado, no qual Deus comtemplou sua obra no Jardim do Ede. Nesse contexto de cumprimento, somos colaboradores na obra de Deus. A partir dessa compreensão o trabalho é para nós um modo privilegiado de colaborar com a transfiguração do criado. Essa dimensão soteriológica do trabalho nos colocar diante do criado como servidores que no serviço vai transformando e colaboração com a obra de salvação. Dimensão tão intima à nossa espiritualidade.
  2. Segundo a nossa tradição franciscana o guardião de ser como uma mãe para os demais irmãos. Comparando-o com a visão dos padres do deserto, podemos dizer que ele é a porta por onde entra o maligno na vida da comunidade. Sua missão é guardar, vigiar para que o mal não entre e faça morada em sua casa. Desse modo o primeiro serviço do guardião é zelar pela vida espiritual da comunidade. Aqui o “poder” é um servir a Deus através dos irmãos, proporcionando a estes um caminho de sempre maior intimidade com Deus através da vida de oração, sacramentos e vida fraterna. Desse modo necessita preparar os irmãos para esse serviço tirando qualquer possibilidade de pensar a guardiania como poder ou status.
  3. Vivemos uma sociedade caracterizada pela técnica. Uma das características fundamentais da técnica é a velocidade. As coisas são realizadas “à velocidade da luz”. Isso se traduz concretamente em uma sociedade sempre mais fragmentada, marcada pelo relativismo, pelo provisório e transitório. Essa realidade foi, na primeira metade do século passado, anunciada de modo quase profético pelo filósofo alemão Martin Heidegger. O que Heidegger anunciara no campo da crítica à metafisica moderna hoje é uma realidade. Nesse contesto, e de onde vem nossos jovens, como propor algo definitivo se tudo vale por um tempo? A formação, como serviço, assume aqui um papel fundamental de imprimir nos formandos valores definitivos.
  4. Fala-se do trabalho como serviço, gratuidade, meio de subsistência, solidariedade com os mais pobres. A este ponto devemos nos perguntar o que nos caracteriza como fardes capuchinhos. O Vaticano II apresenta a vida Consagrada como modelo de santidade, antecipação das realidades escatológicas. O religioso, antes de ser um peritus em matérias humanas, dever ser um peritus em Deus. É assim que as pessoas nos vêm, como homens de Deus. A santidade é nossa primeira vocação que procuramos realiza-la através da observância do santo Evangelho. Contudo não existe santidade sem cruz, expropriação, morte, pois já não experimentamos mais o estado de natureza original, o pecado entro na humanidade e o experimentamos como “espinho na carne”. Considerando nossa realidade antropológica de natureza não íntegra, o trabalho pode ser compreendido como instrumento de santificação, seja porque através dele podemos exercitar nossa obediência, fazendo aquilo que muitas vezes não nos apetece, seja a pobreza, uma vez que dele tiramos nosso sustento, seja ainda a castidade, na medida em que impõe disciplina, autodomínio, tão necessário para chegar à gloria de Deus.
  5. Diante da necessidade de pensar o trabalho em seus muitos aspectos e sobretudo como matéria de formação, necessitamos que o CPO nos apresente orientações concretas para nossas vidas e que tais orientações sejam contempladas na Ratio Formationes que estar a ser elaborada pela Ordem.
  6. Consideramos como líneas maestras, es decir, las ideas y criterios que deben acompañar el trabajo del VIII CPO:
  • Que la vida fraterna sea el espacio donde se aborde la temática del trabajo.
  • El trabajo refleja nuestro carisma minorítico, concretizado en la opción por los pobres.
  • La comprensión del trabajo supera la autorreferencialidad en sus diversas fases.
  • La reflexión sobre el trabajo nos lleva a sentirnos colaboradores con la obra de la creación y de salvación que hace visible el reino de Dios.
Ofreciéndole nuestra sincera gratitud a la Santísima Trinidad por el don de la vida y unidos con Santa María de Guadalupe y nuestro Seráfico Padre San Francisco de Asís, firmamos los participantes esta declaración de la XII celebración de ALAC.
Fraternalmente,

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