Introducción
Llega el Adviento, llega la gracia de la salvación. San Pablo nos dice en el primer domingo de Adviento: Tomen en cuenta el momento en que vivimos. Para eso nos hemos reunido en este retiro: para pedir la gracia del Adviento: esperanza, salvación, encuentro con Cristo. Cada uno estamos muy necesitados de ánimo, nuevo entusiasmo, despertar de nuestra tibieza. La Iglesia está muy necesitada de la gracia del Adviento, tanto la universal como la nuestra particular, como las comunidades en que trabajamos pastoralmente. Pidamos la gracia de no desaprovechar este día de salvación.

PARTE PRIMERA: ADVIENTO, TIEMPO DE ESPERANZA
Las tentaciones de desesperanza
¿Cómo me siento al comenzar el Adviento? A veces nuestra vida puede parecer un laberinto que nos atrapa. Un sentimiento indefinido, como una niebla, cae sobre nosotros: emociones inadecuadas, impresiones dolorosas, tristeza, depresión, ansiedad y miedo… Son las tentaciones de la desesperanza:
El desánimo: lo poco que se consigue en la pastoral, en el cambio de las personas y comunidades.
La dureza de la vida: la situación ambiental: social, económica y política. La situación de la Iglesia: escándalos, etc. La situación de la vida religiosa, de mi Congregación…
Mi situación personal: hemos podido recibir algunos golpes especialmente duros; podemos estar ante unas situaciones de difícil solución.
El Dios de la esperanza
El Dios de la esperanza es el alma de la comprensión cristiana de la vida. La esperanza es el objetivo del pensamiento, de la vida, de la oración cristiana en su integridad. Todo el cristianismo se podría reducir a esta fórmula: Es la fe en la que Dios afirma sin reservas la esperanza de los hombres. La esperanza forma parte del elemento propio de la vida del hombre. Hay que entender la esencia del ser humano a la luz de su último destino: la entrada en Dios. El hombre solo puede vivir mientras se concibe a sí mismo como esperanza.
Dimensiones de la esperanza
El presente tiene sentido en la medida que hay un futuro. De lo contrario la vida carece de sentido. Y hay esperanza porque hay promesa de Dios. Saber de quién puede uno fiarse abre el corazón a la confianza. Por eso tenemos que acudir a la revelación, a lo que Dios nos ha dicho y nos dice, en su Palabra, en la Biblia. La dimensión esencial de la esperanza es la fe: fe en las promesas de Dios. La “función” que a Dios le toca: dar futuro de esperanza. Y lo da en su Palabra.
La esperanza en la Biblia
A.T. Gen 5, 15- 9, 17; Gen 12, 1ss. La Esperanza en las promesas de Yahvé. Misteriosa promesa hecha en los orígenes de la humanidad pecadora. Dios jamás deja sin esperanza. Con Abraham empieza la historia de La esperanza. Bendiciones de Yahvé, dones de Dios, son bienes de este mundo, presagio de una esperanza mejor.
La tentación de Israel: buscar seguridades humanas fuera de Dios: culto formalista, alianzas con otros pueblos…
La verdadera esperanza. Jr. 29,11: Os daré un porvenir lleno de esperanza.
N.T. JESUCRISTO, ESPERANZA DE LA IGLESIA.
La esperanza de Israel se realiza en Jesús. Hch – 2,33-39; Rom 12,12; 2Cor 4,17; Hbr 6,18. El don del Espíritu realizó colmadamente la promesa. La esperanza de la Iglesia es gozosa, pues la gloria que se espera es tan grande que supera todo conocimiento. Fijada en el mundo venidero, anima toda la vida cristiana.
Doctrina paulina de la esperanza: Rom 4,18-25: fe en las promesas; 1Tes 5,24: confianza en la fidelidad de Dios. 1Cor 1,20 Cumplimiento de la promesa en Jesucristo. Rom 15,13: sobreabundar en esperanza; Flp 2, 19: nuevas esperanzas en el Señor; Rom 8, 9ss: la esperanza abraza todo el designio de Dios; 1Tes 4,13: “No os aflijáis como quienes carecen de esperanza”. San Pablo es el teólogo de la esperanza.
ESPIRITUALIDAD DE LA ESPERANZA
Adviento es el tiempo para renovar esta virtud teologal
Raíces de la esperanza. El cristianismo es esperanza; lo escatológico es el centro de la fe cristiana. La clave de interpretación del hombre en su destino final. ¿Qué relación existe entre la condición humana y la esperanza? La persona humana es un ser abierto al futuro. Mientras vive en esta tierra vive en una clausura, en la provisionalidad. El ser humano es una apertura a la infinitud. Vive en un incontenible deseo de existir sin límite de tiempo.
La esperanza pertenece a la estructura fundamental del ser humano. En esta estructura constitutiva del ser personal del hombre radica el impulso de toda la humanidad a lo largo de la historia hacia el progreso indefinido.
La esperanza es la opción fundamental con la que el hombre interpreta el sentido último de su existencia.
El Dios bíblico de la promesa revela en su Palabra la promesa de una consumación definitiva del hombre y del cosmos: es el Dios de la esperanza. Israel vivió su existencia como historia abierta al futuro.
La esperanza aparece como una de las actitudes fundamentales del hombre bíblico. Es una de las estructuras base de la espiritualidad cristiana.
Sin la esperanza la fe decae y se vuelve tibia. La esperanza es la verdadera dimensión de la fe. El nombre de Yavé es interpretado así: Yo estaré presente como aquel que estará presente. La esperanza es el fundamento que hace posible el amor. La esperanza es un abandono valiente en el Dios fiel. La esperanza es un constitutivo permanente del vivir cristiano.
 
PARTE SEGUNDA: LA GRACIA DEL ADVIENTO. DIOS SALVA.
“Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”: Jn 3,16-21.
1. El Adviento es salvación. La idea de salvación es constante en la Biblia. Salvarse es verse libre de un peligro en que se estaba expuesto a perecer. Salvación quiere decir rescate, liberación, curación. Dios es salvador, Cristo es nuestro salvador. Estamos en un término clave de la revelación cristiana. Todo el Evangelio nos presenta a Cristo como salvador: cura a los enfermos, libera a los oprimidos, consuela. Perdona los pecados. el evangelio se define como palabra de salvación. Este es el sentido de la vida de Cristo: “Dios quiere la salvación de todos los hombres”: 1Tim 2,4.
2. La Iglesia no tiene otra finalidad que anunciar a Cristo como salvador. Lo hace a través de toda su actividad pastoral: en la liturgia celebrando la salvación de Cristo, haciendo que se haga presente en medio de la humanidad. En la predicación, anunciando la buena nueva del Evangelio. En la acción caritativa, siendo las manos de Cristo que salva, siendo su voz que anima y levanta. ¿Qué es el Adviento? Anunciar a Cristo como SALVADOR, hacerlo presente en la humanidad de hoy.
3. Los peligros de una mala celebración del Adviento:
  • La rutina: una pastoral sin creatividad: seguir como siempre, pensando solamente en pequeñas exterioridades: corona de Adviento, novena…
  • No entrar en el alma del mensaje salvador: y, si personalmente no se entra, no se anuncia con fuerza y amor. Nadie da lo que no tiene.
  • Una oración personal rutinaria y acortada por cualquier pretexto. Si no hay fuego en el alma no se puede encender la fe y el entusiasmo de los demás.
  • Todo esto nos indica que cada uno necesitamos. UNA CONVERSIÓN AL ADVIENTO.
Por eso. PIDE LA GRACIA DE ENTRAR EN ADVIENTO.
 
PARTE TERCERA: PROPUESTA DE ORACIÓN PERSONAL PARA PEDIR LA GRACIA DEL ADVIENTO
1. Ponerme ante Dios.
Profundo acto de fe. Descalzarme como Moisés ante la zarza ardiente. Hacer un ejercicio profundo de estar ante Dios: relajar el cuerpo, despejar la mente. Suplicar la gracia de entrar en oración.
2. Autoanálisis personal: ¿Cómo estoy? ¿Cómo me sorprende este Adviento del año 2013 en mi vida? ¿Cuáles son mis tentaciones de desesperanza? ¿Qué es lo que me está llevando al pesimismo, a la angustia, a la tristeza? Tengo que sacar a flote todo lo negativo que hay en mí, es la basura que hoy tengo que quemarla. Analizar mis miedos, mis zonas oscuras.
3. Sentirme humanidad: soy un ser humano en esta humanidad del siglo XXI, con tantos cambios, tantas injusticias (analizar lo negativo de mi zona pastoral) Soy Iglesia: analizar la situación de la Iglesia: lo negativo, los fallos…
4. Luz en las tinieblas. Escuchar a Dios que me llama en la noche: Tomar la Biblia en mis manos y leer lentamente todos los textos de esperanza. Hacer que resuenen en mí, detenerme cuando alguno me llega más al corazón.
5. Hablar con Jesús: diálogo íntimo. Contarle mis miedos, mis preocupaciones. Verle a Él cuándo tuvo miedos.
6. Diálogo final con María, madre de la esperanza. 

José Antonio Recalde

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