Capítulo II: Vocación a nuestra vida y formación de los hermanos

 

Roma, 1 de mayo de 2009

Prot. N. 00355/09

 

Queridos hermanos:

Os presento algunas breves consideraciones sobre la «Propuesta de revisión del capítulo II de las Constituciones». La Introducción preparada por la Comisión y las Notas explicativas sobre las modificaciones del texto actual dan ya suficiente razón de las decisiones tomadas y de las propuestas incluidas en el texto.

Con las intervenciones propuestas el texto de las Constituciones queda ciertamente enriquecido en uno de los aspectos que más nos interpelan e importan: la admisión a nuestra vida y la formación de los frailes. El texto presenta además algunos subrayados nuevos sobre cómo renovar la formación en continuidad con nuestra tradición y con lo que la Orden ha ido reflexionando en estos últimos años.

La formación inicial y permanente son un motivo de preocupación constante para los hermanos llamados a ser guías y pastores de cada una de las Circunscripciones. Hoy vivimos en un mundo globalizado y sometido a continuos cambios, que son percibidos de manera diferente en los diversos contextos culturales y que obviamente generan reacciones y respuestas diferentes. También nosotros, como frailes capuchinos, estamos llamados a poner al día continuamente, y con atención, nuestros itinerarios formativos. ¿Cómo adecuarnos a los tiempos y a los contextos tan diversos sin poner en peligro nuestro carisma franciscano-capuchino? Estoy convencido de que queremos ser verdaderos discípulos de Jesucristo siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, y por ello hemos de ser conscientes de que las modalidades concretas del seguimiento de Cristo han de ser sometidas a una renovación continua.

Me alegra constatar que en el texto propuesto se resalte la interacción, que nunca debe faltar en el ámbito de la formación, entre cada una de las Circunscripciones y el Ministro general y su Definitorio. Los nuevos subrayados del texto corresponden a las exigencias de la Orden en el actual contexto histórico, basadas en las experiencias de colaboración que se han desarrollado desde hace algunos decenios y que hay que madurar y consolidar cada vez más. Por tanto, las instancias de la «Propuesta de revisión» se ofrecen a todos los frailes para que las examinen con cuidado y junto con otras eventuales propuestas razonadas se llegue a un texto compartido que se pueda presentar a su debido tiempo al Capítulo general. Especificar más el papel del Ministro general y de su Definitorio en el ámbito formativo no minusvalora ni mucho menos anula el papel fundamental de las Circunscripciones en su ámbito específico, sino que más bien tiene el valor de anclar en el texto legislativo los instrumentos que permiten al Gobierno general asumir y realizar la responsabilidad propia y específica que le compete en lo referente a la unidad y el crecimiento de la entera fraternidad internacional también en este aspecto fundamental de nuestra vida.

El proceso de iniciación, al que me he referido en mi última Carta circular sobre la formación inicial, «Reavivemos la llama de nuestro carisma», está fundado en las actuales Constituciones y queda adecuadamente subrayado y convenientemente puntualizado en el texto que ahora se nos propone. La iniciación a nuestra vida, en efecto, debe ser el hilo conductor del entero camino formativo.

Notaréis, además, que el texto de la «Propuesta de revisión del capítulo II» no habla de “formación específica”. La Comisión ha preferido hablar de «preparación ministerial y profesional» para subrayar simultáneamente y con mayor inmediatez la única vocación a la vida franciscano-capuchina y para considerar tanto el ministerio ordenado como una profesión específica como realización multiforme y paritaria del único carisma y de su dimensión apostólica, que a todos nos implica debido a la profesión de nuestra forma de vida. En el texto se subraya con razón que es necesario garantizar un acompañamiento formativo a los candidatos a una u otra opción. El tiempo en el cual el fraile se prepara para una tarea específica, de hecho, forma parte de su camino inicial, aunque el hermano haya emitido ya la profesión perpetua. Es importante ayudar a los candidatos durante el itinerario de los estudios a que logren la unidad entre lo que van aprendiendo y la vida capuchina que han elegido.

Ciertamente de la «Propuesta de revisión» presentada por la Comisión emerge una cierta indecisión con respecto a las normas (no fundamentales) que se han de desmembrar y transferir al Código complementario. Es un aspecto sobre el que hemos de reflexionar entre todos y presentar propuestas adecuadas, puesto que es una finalidad atribuida explícitamente por el Capítulo general de 2006 al presente trabajo sobre las Constituciones.

Me atrevo a esperar que la Orden, estudiando el texto del capítulo II, se interrogue sobre lo que os he propuesto y no se sustraiga al esfuerzo de reflexionar, buscar y proponer para llegar juntos a una visión cada vez más clara de nuestra vida. Para hacer esto debemos estar sostenidos por el deseo de revitalizar nuestro carisma con una fidelidad dinámica en las particulares circunstancias de tiempo y en el contexto social en el que estamos llamados a vivir.

 

Fr. Mauro Jöhri

Ministro General OFMCap

 

Elementos para la reflexión de los hermanos

Artículos I-II: La vocación a nuestra vida — La admisión a nuestra vida

El testimonio de una vida capuchina alegre y auténtica es esencial para la promoción vocacional a nuestra vida y para su crecimiento.

¿Hasta qué punto tenemos conciencia de esto en nuestra vida?

¿Esta afirmación es verdad en tu vida, en la de tu fraternidad, en la de tu Provincia?

¿Cuál es la responsabilidad de los hermanos en la tarea de atender y guiar a los candidatos que se plantean vivir nuestro estilo de vida? ¿Te sientes personalmente implicado en la promoción vocacional?

Artículo III: La formación en general

El futuro de nuestra Orden depende, en gran medida, de la capacidad de renovación que tengamos en la esfera de la formación. Los rápidos cambios sociales, las transformaciones epocales que están cambiando los modos de pensar, los procesos de globalización nos obligan a revisar nuestros modelos de formación. En particular, hoy es necesario pensar en la formación en términos más globales, con la conciencia de que los factores decisivos son el Espíritu Santo, la Iglesia y la Orden.

¿Eres consciente de la importancia decisiva de la formación para recalificar nuestra vocación franciscana capuchina?

Pensando en tu formación inicial, ¿qué elementos consideras que se deben tener más en cuenta en la formación para nuestra vida franciscano-capuchina?

¿En qué modos concretos estáis tú y tu Provincia dispuestos a aceptar la orientación y la animación del Ministro General, de su Definitorio y del Secretariado General de la Orden?

Artículo IV: La iniciación en nuestra vida — Artículo V: La profesión de nuestra vida

En los últimos años, dentro de la Iglesia y de la Orden, ha crecido la conciencia del carácter peculiar que la formación inicial debe tener con respecto a la vida consagrada, como itinerario de conformación con Cristo y como vida evangélica en fraternidad. Hoy somos también conscientes de que los procesos de maduración de elecciones definitivas son más complejos que en el pasado. Debido a ello, los procesos formativos deben ir de acuerdo con los problemas actuales.

¿Cómo puede la formación inicial promover una convicción generosa y plena de nuestra vida?

¿Qué podemos y debemos hacer en cada etapa de formación, en particular durante el período del postnoviciado, para dar prioridad a nuestra vida fraterna evangélica?

La profesión implica el carácter público de nuestra forma de vida. ¿Qué valor otorgas a la costumbre de llevar el hábito como signo de nuestra profesión?

Artículo VI: La preparación ministerial y profesional

 Nuestra vida de consagración a Dios se desarrolla concretamente mediante tareas específicas, como puede ser la asunción de un ministerio eclesiástico o de una profesión. Hoy es decisivo que cada uno viva su apostolado y su propio trabajo de un modo integrado en la vida fraterna.

¿Qué sugerencias tienes para promocionar una formación ministerial y profesional que forme parte integrante de nuestra vida evangélica fraterna?

Artículo VII: La formación permanente

La conciencia de que la formación permanente es un instrumento decisivo para mantener la frescura de nuestra vocación es cada vez más clara en los Institutos de vida consagrada.

¿Eres consciente de esta importancia? ¿Qué medidas has adoptado personalmente para participar en la formación permanente? ¿Hasta qué punto te ha servido a ti? ¿Qué es lo que no te ha servido?

 

Introducción

La «Propuesta de revisión» del Capítulo II de las Constituciones ha sido preparada por la Comisión a lo largo de estos momentos:

- en el mes de noviembre de 2008 el texto fue revisado por una Subcomisión, constituida por cuatro Hermanos, que han trabajado a partir de las propuestas que la Orden ha enviado, del Proyecto 2006 y de otras propuestas presentadas por los miembros de la Comisión;

- durante la Plenaria del 9-20 de diciembre de 2008 la Comisión ha examinado y analizado todos los números y párrafos del texto;

- durante los meses de enero-febrero de 2009 la Subcomisión ha revisado nuevamente el texto a partir de lo que se dijo en la Plenaria de diciembre de 2008 y de las observaciones de los miembros de la Comisión;

- en la Plenaria del 2-14 de marzo de 2009 la Comisión ha analizado dos veces el texto, profundizando varias veces en algunas cuestiones y aspectos particulares, y la llegado a la redacción de la «Propuesta de revisión» que se transmite a la Orden.

I. Enriquecimiento del texto

En el trabajo de revisión, la Comisión se ha atenido al mandato del Capítulo general de 2006 y a las sucesivas aclaraciones contenidas en las Cartas del Ministro general y en los otros documentos preliminares. En particular, la Comisión ha tenido presente la Carta circular del Ministro general sobre la formación inicial «Reavivemos la llama de nuestro carisma» (8 de diciembre de 2008) así como la Carta que el 25 de noviembre de 2008 (Prot. N. 00879/08) el Ministro general ha dirigido a los miembros de la Comisión para las Constituciones y en la que, entre otras cosas, afirma: «la tarea de “enriquecer las Constituciones”, como quiso el Capítulo General de 2006, incluye también tomar en cuenta el desarrollo de la Orden durante las últimas décadas y las nuevas circunstancias en que la Orden se encuentra».

Como criterio general sobre el «enriquecimiento de las Constituciones», la Comisión considera que las Constituciones vigentes no deben ser ni sustituidas ni contradichas. Por tanto, en cuanto al contenido, nuestro trabajo tiende a integrar lo necesario en las Constituciones en vigor y, en los pocos casos en los que es preciso, a clarificar o aclarar el texto actual.

A la luz de cuanto se acaba de decir, la Comisión ha querido respetar la estructura del capítulo II, que continúa organizado en 7 artículos:

1º la vocación a nuestra vida;

2º la admisión a nuestra vida;

3º la formación en general;

4º la iniciación en nuestra vida;

5º la profesión de nuestra vida;

6º la formación específica;

7º la formación permanente.

El texto ha sido enriquecido tomando elementos de los documentos del Magisterio de la Iglesia. Los signos más evidentes (no únicos) de dicho enriquecimiento se encuentran en los nn. 14,3; 15,1; 19,4; 21,1-2; 23,1; 31,3-4; 41,1. Más en concreto, el texto ha sido enriquecido en cuanto a:

la dimensión trinitaria de la vocación (16,3);

la promoción vocacional (17,1);

el concepto de formación (23,1-2);

la tarea formativa de la Orden (23,4);

la relación entre la vida consagrada y el Misterio de Cristo y de la Iglesia (33,2);

la dimensión escatológica de la vida consagrada (31,2).

 

La Comisión ha tratado de prestar particular atención al ejemplo y a la enseñanza de san Francisco. Por tanto, en la «Propuesta de revisión» se halla alguna referencia nueva a las Fuentes Franciscanas (cfr. por ejemplo los nn. 35,3; 43,1).

En la redacción del texto nos hemos atenido al Documento del IV CPO (Roma 1981), teniendo también presentes los documentos sobre la formación, tanto de la Iglesia como de la Orden, posteriores a 1982[1].

Se han tenido en cuenta y se han examinado las propuestas que han llegado desde la base de la Orden, así como las indicaciones del Proyecto 2006, que se han asumido siempre que ha sido posible, aunque no con la formulación y colocación del Proyecto 2006. Huellas de esta operación se perciben, por ejemplo, en los nn. 16,4; 17,1.4; 18,1.2; 19,1; 23,2-4; 33,1.

II. La índole de la formación en nuestra Orden

En esta «Nota introductoria» no consideramos necesario detenernos en los dos primeros artículos del capítulo II (La vocación a nuestra vida y La admisión en nuestra vida). Las puntualizaciones que sean necesarias se harán en las «Notas explicativas».

Subrayamos brevemente algunos aspectos que se refieren a la formación.

1º) El artículo III (La formación en general):

presenta una nueva descripción de la formación en clave cristológica (cfr. n. 23,1-2), que integra la del texto vigente (cfr. n. 23,3). En efecto, «toda la formación religiosa se desarrolla a lo largo del eje del seguimiento de Cristo, en la participación intensa en sus misterios actualizados en la liturgia y vividos en la Iglesia, en el don creciente de sí a los hermanos, según la sensibilidad propia de la vocación específica, en la participación progresiva en el carisma del fundador»[2].

integra el texto actual referente a los agentes principales de la formación: el Espíritu Santo, la Iglesia, los pobres (cfr. n. 24,1-3). De este modo, en el contexto de la formación, se ponen de manifiesto dos aspectos fundamentales de nuestra vida consagrada: la dimensión eclesial y nuestra realidad de frailes menores, llamados por vocación a vivir con los pobres y a instaurar con ellos una relación de enriquecimiento recíproco[3];

afirma, basándose en los documentos de la Iglesia[4], el deber y derecho de la Orden en lo que atañe a la formación de los frailes (cfr. n. 24,4);

constata la necesidad de la formación de los formadores (cfr. n. 25,5);

delinea más el cometido del Secretariado general para la formación (cfr. n. 25,8) y expone la conveniencia de que exista una Ratio formationis para toda la Orden (n. 25,10), que la misma Orden considera necesaria[5] y que los documentos de la Iglesia nos piden[6].

 

2º) En el artículo IV (La iniciación en nuestra vida) la «Propuesta de revisión» trata de precisar lo más posible la índole de la formación en sus diferentes fases, buscando una mayor claridad con respecto a la iniciación en nuestra vida, y en especial subrayando más el carácter iniciático del postulantado (cfr. n. 30), del noviciado (cfr. n. 31) y del postnoviciado (cfr. n. 32), cuya finalidad específica queda más claramente manifestada (cfr. n. 32,1.3-5).

3º) En cuanto a la formación específica (artículo VI: De formatione speciali) se ha querido precisar que tiene como finalidad la preparación de los frailes para la vida apostólica (cfr. n. 25,2; 38,1.5-6; 39,3), que se realiza en el ejercicio del ministerio ordenado o en el desempeño de una profesión. A este respecto es útil recordar que parte de la materia actualmente presente en el capítulo II (artículo VI), tradicionalmente estaba contenida en el capítulo IX sobre la vida apostólica. Las Constituciones de 1968, de 1970 y de 1975, también tenían en el capítulo IX un primer artículo referente a la preparación y a la formación para el apostolado (De praeparatione et formatione ad apostolatum). El Capítulo general de 1982, acogiendo algunas indicaciones manifestadas ya en 1968, consideró oportuno que, en las Constituciones, todo lo referente a la formación de los frailes estuviese en el Capítulo II. De tal modo se superó el escollo de una concepción unilateral, estrechamente ministerial (ministerio ordenado), del apostolado de los frailes menores capuchinos. Las Constituciones, pues, pretenden afirmar la igual dignidad de los frailes, que está fundada sobre la vocación fundamental común, que compromete a una preparación por parte de todos y para todos con vistas a toda actividad acorde con nuestro carisma, en la cual y a través de la cual, siempre y en cualquier caso, se expresa la dimensión apostólica de la vida franciscana. Por ello en la «Propuesta de revisión» el art. VI no se titula ya La formación especial sino La preparación ministerial y profesional.

III. El contexto vital de la formación de los frailes

La formación se desarrolla en la Provincia, porque ésta es el lugar natural de la vida de los frailes (cfr. n. 24,8). De acuerdo con el VII CPO (cfr. Proposición n. 13), la «Propuesta de revisión» afirma que la Provincia es el medio a través del que se establece nuestra pertenencia a la Orden; y, en efecto, según el CIC (can. 654) y nuestras Constituciones (cfr. n. 113,1), los frailes, en virtud de la Profesión, son incorporados a la Orden y, simplemente, agregados a la Provincia. Si la Provincia se define como «Fraternidad privilegiada», la Orden es la fraternidad primigenia, de la cual derivan y en la cual se inspiran las Fraternidades provinciales y locales. La Orden no es una federación de Provincias, sino que es una «red» de Fraternidades provinciales y de Circunscripciones.

En los últimos decenios se han desarrollado múltiples formas de colaboración en el ámbito de la formación inicial. Esto se ha producido o por necesidad o por la convicción del valor de la colaboración en cuanto expresión y realización privilegiada de la vida en fraternidad[7] y de la exigencia de la dependencia mutua que nos ha transmitido san Francisco. Consiguientemente, de acuerdo con las indicaciones dadas por el Ministro general[8], la «Propuesta de revisión» tiene en cuenta la realidad actual de la Orden. Estamos, pues, en sintonía con la finalidad fijada por el Capítulo general para el enriquecimiento de las Constituciones a la luz de los CPO, sobre todo de los dos últimos, pero no solo de ellos, así como a la luz de los documentos y las orientaciones de la Iglesia[9].

Por lo tanto, la «Propuesta de revisión», teniendo presente que «la estructuración efectiva de la colaboración en la formación es un área de atención que merece un estudio serio y creativo»[10], se inspira en la praxis que, desde hace algunos años, se sigue en la Orden con respecto a la «Solidaridad de personal», según la cual las Circunscripciones que colaboran deben redactar un convenio, que ha de ser aprobada por el Ministro general con su Definitorio. Por ello, análogamente, la «Propuesta de revisión» al n. 25,3 afirma que «Las estructuras educativas para los grupos de circunscripciones son aprobadas por el Ministro general con el consentimiento de su definitorio» y que «Las colaboraciones interprovinciales estén reguladas por convenios y estatutos adecuados, aprobados por el Ministro general y su Definitorio».

De este modo, a través del instrumento legislativo de las Constituciones y del Código complementario, reconociendo al Ministro general con su Definitorio la «tarea peculiar de garantizar la autenticidad de la formación de los frailes» (cfr. n. 29,4), se pretende subrayar el significado de la colaboración y tutelar dicha colaboración para que se alcance su objetivo, que es la iniciación de los candidatos y la formación de los frailes del mejor modo posible. En efecto, «Una formación inicial sin estructuras claras de autoridad es frecuentemente débil e inestable»[11].

IV. La pluriformidad en la unidad

El criterio de los modi aptiores, etiam pluriformes, establecido en el capítulo I de las Constituciones (cfr. n. 5,4-5) se aplica en el capítulo II de las Constituciones vigentes y continúa presente en la «Propuesta de revisión» elaborada por la Comisión (cfr. por ejemplo nn. 23,3; 40,1; 43,3-4; 45,2; texto previsto para el Código complementario [ex Const n. 16,4]). A la luz de esto tiene todo su valor la indicación de las actuales Constituciones (n. 24,7), propuesta de nuevo ad litteram en la «Propuesta de revisión» sobre la Ratio formationis para cada una de las Circunscripciones o grupos de Circunscripciones: «También cada circunscripción o grupo de circunscripciones, según las circunstancias de las regiones, tengan su plan de formación [en latín: rationem formationis] en el que formulen los objetivos, programas y pasos concretos de todo el proceso de la formación de los hermanos» (n. 25,11). La finalidad de esto es garantizar que la formación se realice y se desarrolle de acuerdo con los diversos contextos geo-culturales.

Puesto que «la vera pluriformis ratio es la que mantiene unidos en el mismo espíritu genuino [= pluriformidad en la unidad] y está enraizada en la comunión fraterna y en la obediencia a los superiores» (Const n. 5.5), la «Propuesta de revisión», reconociendo el papel del Ministro general «constituido para servicio y utilidad de toda la Fraternidad, como sucesor de nuestro santo Fundador y vínculo viviente que nos une con la autoridad de la Iglesia y entre nosotros» (Const n. 10,1), prevé que el Plan de formación o Ratio formationis de cada una de las circunscripciones o grupo de circunscripciones sea aprobado por el Ministro general con su Definitorio (cfr. n. 25,11 – texto para el Código complementario). Así, puesto que cada Ratio formationis debe garantizar la fidelidad al carisma[12] y tiene la finalidad de aplicar los principios y orientaciones establecidos en las Constituciones, no nos separamos sino que tenemos presente lo que está ya dispuesto en las mismas Constituciones en el n. 184,5: «Para que lo prescrito en las Constituciones se aplique convenientemente a las circunstancias de las provincias y de las regiones, los Capítulos provinciales o las Conferencias de superiores mayores pueden establecer estatutos particulares, que deberán ser aprobados por el ministro general con el consentimiento del definitorio».

V. Constituciones y Código complementario

La «Propuesta de revisión» pretende respetar la característica tradicional de nuestras Constituciones, en las que los elementos doctrinales, espirituales y jurídicos siempre han estado intrínsecamente integrados y sabiamente armonizados entre sí. Por otra parte, observando atentamente las Ordenaciones, se constata que éstas, a diferencia de las Constituciones, contienen solo elementos estrictamente jurídicos.

Por tanto, parece oportuno mantener las características de nuestra Legislación actual.

Además, en el estado actual del trabajo, la Comisión considera oportuno trasladar al Código complementario solo que lo que previsiblemente será modificado con el correr del tiempo. A tenor del can. 587, § 1, consideramos que, por ejemplo, hay que mantener en las Constituciones lo concerniente a la admisión de los candidatos y a la «incorporación a la Orden» y, consecuentemente, también las normas relativas a la «separación de la Orden».

La Comisión considera que para decidir con cautela y de acuerdo con criterios válidos sobre la «desmembración» de algunas normas no fundamentales, es necesario proceder primero al análisis y revisión de todos los capítulos de las Constituciones.

Roma, 24 de abril de 2009.

 

Por la Comisión:

 

Fr. Felice Cangelosi

Vicario general OFMCap

Presidente de la Comisión

Fr. José María Sanz, OFMCap

Secretario de la Comisión

 



[1] Hay que mencionar los siguientes documentos de la Orden: 1º Piano generale di Formazione permanente dei Frati Minori Cappuccini en Analecta OFMCap 107 (1991) 441-462 [traducción española: Plan general de Formación permanente de los Hermanos Menores Capuchinos, Conferencia Ibérica de Capuchinos, Burlada 1992]; 2º La Pastorale vocazionale dei Frati Minori Cappuccini «Essere per fare»;Il Postulato dei Frati Minori Cappuccini «Scegliere per essere» en Analecta OFMCap 109 (1993) 447-482 con el título: Pastorale vocazionale e Postulato [traducción española: La Pastoral vocacional y el Postulantado, Conferencia Ibérica de Capuchinos, Burlada 1994]; 4º Formación para la vida franciscano capuchina. Postnoviciado en Analecta OFMCap 120 (2004) 1013-1026.

[2] Cfr. Juan Pablo II, Mensaje a los participantes en la XIV Asamblea general de la Conferencia de Religiosos de Brasil (11 de julio de 1986) n. 5.

[3] Este tema ha sido especialmente tratado durante el VI CPO y aparece en sus Proposiciones finales (cfr. n. 9-10-11; 21) y en las del VII CPO (Cfr. n. 29-30). Cfr. C. Bazarra, Hermanos de los pobres entre los pobres: nuestra especificidad en Analecta OFMCap 114 (1998) 596-608; Fr. John Corriveau, Los pobres, nuestros maestros. Carta circular n. 16 (2 de diciembre de 1999).

[4] Cfr. can. 646-653 y 659-661; CIVCSVA, La colaboración entre Institutos para

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