“Reavivemos la llama de nuestro Carisma”

ENCUENTRO DE FORMADORES DE LA CCA

Conocoto (Quito), del 16 al 30 de agosto de 2009

 

PROPUESTAS Y ORIENTACIONES

 

INTRODUCCIÓN

Desde el día 16 al 30 de agosto de 2009 hemos tenido un Encuentro de Formadores Capuchinos de las CCA, en la casa de las hermanas Bethlemitas de Conocoto [1] (Quito), para compartir nuestras experiencias y anhelos; celebrar juntos el don de la vocación y la misma búsqueda de fe; buscar caminos que nos hagan recorrer con entusiasmo y novedad nuestra vocación-misión formativa… Han sido días de estudio, diálogos, más preguntas que respuestas, oportunidad para dejarnos interpelar e iluminar, y –sobre todo- hemos tenido la gran oportunidad para celebrar el don de los hermanos.

El sentimiento de fraternidad y comunión que une a las diferentes circunscripciones de la CCA [2], hace posible que, a través del diálogo y del compartir, se encuentren puntos comunes que dan una orientación sobre el camino a seguir para lograr la integración y colaboración mutas.

Gracias a los aportes de los grupos de reflexión, de los diversos/as expositores/as[3], de los secretarios y de los plenarios [4], hemos podido definir algunas propuestas y orientaciones para la vida de cada uno de los hermanos asistentes, para los ministros de cada una de las circunscripciones de la CCA, para los directorios de formación y pastoral vocacional de las Circunscripciones y para el uso que estimen oportuno en las instancias de la Orden de cara a la conformación de la “Ratio formationis”[5].

 

1. MIRADA DE LOS FORMADORES CAPUCHINOS SOBRE LA REALIDAD (VER)[6]

1.1.- ASPECTOS GENERALES

A nivel de la formación se va logrando una práctica consensuada, es decir, una propuesta que permite superar un modelo seminarístico y pasar a un modelo más carismático. En la mayoría de las circunscripciones se postergan los estudios académicos hasta después del Noviciado, para que el proceso formativo carismático no se vea afectado. Donde hay estudios académicos antes del Noviciado, se busca salvar también la formación carismática.

La formación es una de las prioridades de la Orden, a la que se dedica grandes esfuerzos, para lo cual, se está constituyendo fraternidades formativas y replanteando las etapas de formación con miras a que sea personalizada, progresiva e integral (humana, cristiana, religiosa y franciscana).

Se constata la formación inicial y permanente como un crecimiento para la vida y la misión.

Los formadores son en su mayoría jóvenes y nativos. Están contentos y agradecidos por la confianza que han recibido. 

Ha tomado mayor importancia el acompañamiento como modelo de presencia formativa.

Se valora el equilibrado relevo de formadores como una oportunidad de crecer en experiencias.

Se siente necesario volver al lugar teológico y carismático de los pobres.

 

1.2.- SITUACIÓN PSICO-AFECTIVA Y SEXUAL DEL FORMADOR

1.2.1. Luces sobre lo psico-afectivo-sexual

Se valora la historia de vida como una experiencia de gracia y salvación.

El formador siente que su afectividad está profundamente arraigada en el seno familiar, donde muchos han recibido el apoyo, respeto y confianza necesarios para el desarrollo de su personalidad.

El acompañamiento y el respeto con que se ha vivido las experiencias de enamoramiento y las crisis, han permitido madurar. 

El ambiente fraterno genera equilibrio, libertad y seguridad para superar con transparencia sentimientos de represión y desconfianza.

La afectividad y la sexualidad son una gracia de Dios, que, bien canalizadas, son una manera de engendrar vida y amplían la capacidad para amar.

La castidad es un don de Dios que amerita un proceso de crecimiento y de acompañamiento, a través de una profunda unidad con Dios, acompañamiento psico-espiritual y la ayuda de los hermanos. La castidad sólo se entiende desde la primacía de Dios, que se nos revela, nos llama y nos pide libertad, entrega y un corazón indiviso.

1.2.2. Sombras sobre lo psico-afectivo-sexual

El formador proviene, en ocasiones, de un ambiente fracturado por la violencia, el abandono y la miseria. Esto repercute en la vida fraterna: dificultades para el diálogo, faltas de transparencia y confianza en el acompañamiento.

Desde la familia se ha aprendido a tener sentimientos de culpa y vergüenza que puede llevar a una incapacidad para lograr éxitos. 

Los conflictos en la fraternidad con la autoridad y con hermanos mayores pueden ser fenómenos de transferencia y contra-transferencia.

Los problemas afectivos y sexuales suelen estar ocultos hasta después de la profesión perpetua.

La educación e información sexual no ha estado, en la mayoría de los casos, a cargo de la familia por ser visto como un tema tabú; de ahí surge la limitación para tratar estos temas. En cambio, la información ha venido de ambientes sociales (medios de comunicación, amigos de estudios y personas mayores) que no siempre la han dado de manera positiva.

El machismo, uno de los fuertes condicionamientos culturales frente a la afectividad, impide cualquier muestra de afecto y hace que el hombre se muestre siempre fuerte, valiente y hasta agresivo, y no tenga un trato digno con las mujeres, reducidas muchas veces a objetos.

Esta mentalidad machista va a la par con sentimientos de homofobia y discriminación por motivos de orientación sexual que generan la burla, la desconfianza, el rechazo y el miedo.

Al perder el sentido de fraternidad y pertenencia, las relaciones son enfocadas en términos contractuales: el hermano realiza sus obligaciones sin mística, con sentimientos de rivalidad y competencia, buscando vivir un proyecto individualista.

En la sociedad hay una creciente apertura a la homosexualidad; en algunos ambientes ya no es percibida como tabú, pero es un tema complicado que no se sabe cómo afrontar. Desde este ambiente se percibe el temor y la dificultad para el trato con los homosexuales. La vida consagrada no es ajena a esto. Es necesario, por tanto, confrontar el tema al interior de la Orden con seriedad y respeto.

 

1.3. EL ACOMPAÑAMIENTO DEL FORMADOR

1.3.1. Luces sobre el acompañamiento

Se tiene conciencia de que la vocación, en la mayoría de los casos, ha nacido y ha sido nutrida con la ayuda de la familia, desde donde se siguen extrayendo las motivaciones necesarias para seguir el proceso de crecimiento y maduración en la vocación, de ahí que la historia de vida sea valorada como un elemento importante en los procesos de acompañamiento

Los grupos juveniles y parroquiales también han sido una parte importante en el proceso de acompañamiento y en el discernimiento vocacional.

El buen ambiente de relaciones fraternas ha sido fundamental en la generación de posibilidades para un buen acompañamiento, en libertad, sin prejuicios y con respeto, aunque también se considera un reto.

Se valora la cercana presencia y el testimonio de frailes mayores en las etapas de formación.

Los hermanos se sienten animados en tanto son valorados como personas: cuando hay una preocupación por el estado de ánimo personal; cuando las correcciones son constructivas, motivadoras y en un ambiente fraterno; cuando se comparte toda la vida en fraternidad y no sólo los trabajos.

El acompañamiento que se ha tenido por parte de los hermanos, de especialistas y de asesores espirituales, ha permitido que se supere muchas crisis afectivas.

Se valora las posibilidades que se ofrece para crecer humana y espiritualmente con miras a hacer un mejor acompañamiento a los formandos.

1.3.2. Sombras del acompañamiento

Existe el temor de no estar preparado para encarar ciertas situaciones, y se piensa que pueden sobrepasar las capacidades personales.

La falta de apoyo fraterno en la tarea formativa; la frecuente crítica ante las decisiones que se toma, genera una sensación de incomodidad, desgaste y cansancio.

Existe la sensación de que hay un interés sólo por lo funcional, por las tareas y labores. Hace falta más comprensión y escucha atenta a las necesidades de los hermanos.

Las buenas relaciones y el adecuado acompañamiento son perjudicados por los juicios temerarios, comentarios hirientes, murmuraciones, chismes, envidias, etc. También condiciona la falta de apertura y de tolerancia, que genera actitudes desafiantes.  

 

1.4. PASTORAL JUVENIL Y VOCACIONAL (PJV)

En la pastoral juvenil y vocacional han existido unos hitos importantes que valdría la pena mencionar:

El primero es que en la Iglesia Católica se pasó de una época de la abundancia vocacional a la escasez. Antes del Concilio Vaticano II había grandes semilleros vocacionales; acudían muchos niños y adolescentes inmersos en el régimen de cristiandad; existía el “reclutamiento vocacional”.

El segundo es el tiempo de crisis que vino inmediatamente después del Concilio Vaticano II; se comenzó a plantear la necesidad de hacer “pastoral vocacional”. Sin embargo, se podría decir que en muchos casos se pensó solamente en la supervivencia de los institutos de vida consagrada.

El tercer hito, el “salto cualitativo”, es fruto de la recepción progresiva del mencionado Concilio: proponer la vocación universal a la santidad en los diversos estados de vida, con las implicaciones de servir a la humanidad, especialmente a los pobres. 

1.4.1. Luces de la PJV

En la animación vocacional algunas circunscripciones están en un momento de salto cualitativo, otras en un momento esperanzador, de purificación, pero con buenas expectativas y de mejoramiento en el modo de hacer pastoral vocacional. En algunos lugares se ha tomado conciencia de la importancia de contar con la participación de todos los hermanos en la animación vocacional.

La PJV ve en los jóvenes personas colaboradoras, generosas  sobre todo en momentos difíciles; con sensibilidad por lo social. Buscan radicalmente algo que les apasione y les dé nuevas oportunidades. Son acogedores, hospitalarios, quieren tomar sus propias decisiones, son alegres y humanistas.

Se constata que una buena parte de la juventud latinoamericana, ha asimilado valores positivos en el seno de la familia; ahí han aprendido a superar los obstáculos y los traumas, y buscan la superación personal, familiar y social.  En el ambiente familiar se funda las primeras experiencias de fe. En sus búsquedas constantes los jóvenes se interesan por lo religioso y quieren vivirlo apasionadamente, arriesgándose en procesos de discernimiento.

Los jóvenes son especialmente atraídos por lo comunitario, por eso muchos crecen y se forman en grupos parroquiales, sociales, culturales y ONGs, donde llegan a comprometerse seriamente con causas muy nobles. 

La PJV está mejor organizada, se hace un esfuerzo de proponer el carisma a través de los medios de comunicación.  Se está constituyendo equipos para trabajar de manera mancomunada.

1.4.2. Sombras de la PJV

Muchos candidatos provienen de familias desintegradas, afectados por la migración de los padres, carecen de afecto, han sufrido maltrato físico y psicológico. Hay una realidad social que los arropa y los condiciona: creciente desempleo, violencia, corrupción e injusticia. Muchos jóvenes se ven empujados a la prostitución o inducidos a la promiscuidad por la erotización de la sociedad de consumo. Hay un alto nivel de jóvenes en pobreza y con pocas oportunidades para superarse intelectual y económicamente.

Se puede vislumbrar en una parte de la juventud un gran vacío; buscan identificarse siempre con algo novedoso, son poco estables en sus relaciones, su planteamiento vital es la diversión y la inmediatez. Se entusiasman con rapidez, pero el encanto dura poco. Son muy hábiles para la comunicación virtual, pero les falta profundizar en las relaciones personales. Las relaciones comunitarias les dan seguridad y encuentran atención en ellas, pero muchas veces sus grupos los llevan a ser víctimas de la droga, del alcoholismo, etc.

A nivel religioso viven de superficialidades, buscan emociones fuertes pero que no les exijan cambios profundos. Son víctimas del sincretismo. Perciben a la institución eclesial como algo lejano y anticuado.

Existen muchos discursos que minusvaloran a los jóvenes, sobre todo aquellos que no los consideran como personas ni como parte proactiva de la sociedad, sino como inferiores, estigmatizándolos y viéndolos como un gran problema.

Algunas veces la pastoral vocacional está disociada del resto de las pastorales sobre todo de la pastoral juvenil. En la animación vocacional se siente la dificultad de entrar en la cultura juvenil de las “tribus urbanas”, a la vez que se constata que estamos un poco alejados de esta realidad.

Hay una sobrecarga de actividades en el promotor vocacional, impidiendo que se logre llevar a cabo un discernimiento personalizado.

 

2. LA VOCACIÓN DE LA FORMACIÓN, COMO DESIGNIO Y MISIÓN DE DIOS (ILUMINAR)

2.1.- PALABRA DE DIOS

“Vivir de una manera digna la vocación a la que hemos sido llamados” (Ef  4,1).

“Por tanto, hermanos, pongan el mayor empeño en afianzar su vocación y su elección. Obrando así nunca caerán. Pues así se les dará amplia entrada en el Reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2Pe 1,10-11).

“Los dones y la vocación de Dios son irrevocables” (Rom 11,29).

“Si alguno viene a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. El que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,26-27.33)

La conciencia de la vocación lleva consigo paz y libertad (Cf. Lc 10,1-16)

“El Espíritu que está con ustedes les enseñará estas cosas” (Jn 14-16).

 “Si alguno dice 'amo a Dios' y odia a su hermano, es un mentiroso; porque quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1Jn 4,20)

"Ustedes saben que los jefes de las naciones las tiranizan y que los grandes las oprimen con su poderío. Entre ustedes no debe ser así, sino que si alguno de ustedes quiere ser grande, que se haga servidor de todos, y el que de ustedes quiera ser el primero, que sea el último" (Mt 20,25-26).

“Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá! Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y al Dinero” (Mt 6,21-24).

“¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: Estos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.  (Mc 3,33-35).

“No extingan el Espíritu; no desprecien las profecías; examínenlo todo y quédense con lo bueno” (1 Tes 5,19-21).

 

2.2.- MAGISTERIO DE LA IGLESIA

Situarse vocacionalmente en la Iglesia y en la Sociedad. (Cf. DP 860).

“La vida consagrada es un don del Padre por medio del Espíritu a su Iglesia (VC 1), y constituye un elemento decisivo para su misión… Es un camino de especial seguimiento de Cristo, para dedicarse a Él con un corazón indiviso, y ponerse, como Él, al servicio de Dios y de la humanidad, asumiendo la forma de vida que Cristo escogió para venir a este mundo: una vida virginal, pobre y obediente” (DA 216).

“Desde su ser, la vida consagrada está llamada a ser experta en comunión, tanto al interior de la Iglesia como de la sociedad. … y a un compartir la misión con todos los llamados a seguir a Jesús” (DA 218).

 “… los religiosos están llamados a dar testimonio de la absoluta primacía de Dios y de su Reino. La vida consagrada se convierte en testigo del Dios de la vida…” (DA 219).

“…La vida consagrada está llamada a ser una vida discipular (…), misionera (…) y al servicio del mundo, apasionada por Jesús-vida del Padre, que se hace presente en los más pequeños y en los últimos a quienes sirve desde el propio carisma y espiritualidad” (DA 220).

 

2.3.- SAN FRANCISCO DE ASÍS

“Aconsejo de veras, amonesto y exhorto a mis hermanos en el Señor Jesucristo que, cuando van por el mundo, no litiguen ni contiendan con palabras (cf. 2 Tim 2,14), ni juzguen a los otros; sino sean apacibles, pacíficos y moderados, mansos y humildes, hablando a todos honestamente, como conviene”. (Regla Bulada, Cap. III, 10ss).

Servicio a los hermanos en la misericordia. (Cf. Carta de Francisco a un Ministro).

 

2.4.- CONSTITUCIONES

“La formación consiste en la promoción de los hermanos y de las fraternidades, de tal manera que nuestra vida sea cada día más conforme al santo Evangelio y al espíritu franciscano…” (22,1)

“Nuestra formación integral abarca a toda la persona, especialmente en su aspecto psíquico, religioso, cultural e incluso profesional o técnico” (22, 2).

“Toda formación es "ante todo" una acción del Espíritu Santo que vivifica interiormente a formadores y formandos” (23,1).

“Vivir como hermanos menores el uno para el otro es elemento primordial de la vocación franciscana. De ahí que la vida fraterna sea siempre y en todas partes exigencia fundamental en el proceso de la formación” (23,4).

“Para que cada una de las fraternidades, y en modo especial las que son específicamente formadoras, puedan cumplir esta función primaria, es necesario que reciban orientación y estímulo de la primera fraternidad que es la fraternidad provincial” (23,5).

“Aunque todos los hermanos sean formadores, se requiere que haya algunos hermanos con mayor responsabilidad y destinados a este menester. Los primeros, entre éstos, son el ministro provincial y los guardianes, que son los animadores ordinarios y coordinadores del proceso de la formación. Vienen después otros formadores cualificados que asumen este oficio en nombre de la fraternidad” (23,6).

“El proceso educativo exige, ante todo, un equipo de hermanos responsables, que trabajen con criterios coherentes a lo largo de toda la formación. Este equipo contará con la ayuda conveniente de toda la fraternidad” (24,3).

“Igualmente en cada provincia haya un consejo de formación y en los centros de formación un hermano, dotado de especial responsabilidad, que promueva todo lo relativo a la formación” (24,6).

“Cada provincia o grupo de provincias, según las circunstancias de las regiones, tenga su plan de formación, en el que formulen los objetivos, programas y pasos concretos de todo el proceso de la formación de los hermanos” (24,7).

 

2.5.- CONSEJOS PLENARIOS OFMCap.

“…Para llegar a encontrar esa formación mejor, es muy de desear el intercambio de las diferentes circunscripciones”. (I CPO, 7).

“…Abriga grandes esperanzas de que han de ser ellos quienes han de impulsar eficazmente la legítima y continua encarnación franciscana en estos países.  Y corresponde a los hermanos nativos la parte principal en la realización de esta vida, como responsables que son del porvenir de la Orden” (I CPO 8).

“Con el fin de hallar vocaciones auténticas es preciso ensayar métodos nuevos de pastoral vocacional.  Por esto se propone: a) Emplear diversos métodos; b) Dar preferencia a la atención pastoral de los jóvenes que dan esperanza de una decisión más madura; c) Preparar hermanos especializados; d) Formar comunidades de presencia y de testimonio capaces de despertar y alimentar la mística de consagración en la vida franciscana” (I CPO, 12).

“La formación es un proceso que se desarrolla en un contexto histórico cultural concreto. No se pueden elaborar planes válidos de formación sin referirse al mundo en que vive la comunidad formadora y el sujeto en formación… “ (V CPO, 3).

“(…) Debemos formar constructores de una sociedad humana capaz de libertad y de sentido crítico frente a las ideologías dominantes” (V CPO, 6).  

“Los hermanos durante el período de formación inicial no deben ser sacados de su contexto cultural. Desde el principio han de tratar de adquirir un profundo conocimiento de las actitudes, de los valores, de las normas, del estilo de vida, de los modos de pensar y de obrar, del lenguaje, de los símbolos, del arte, de la literatura, etc... de la propia cultura. Y esto sobre todo a través de una genuina experiencia y un contacto vital con el pueblo. Deben entrenarse en el discernimiento de los valores de la propia cultura a la luz del Evangelio (...). En cuanto sea posible, los formadores deberían provenir del mismo ambiente cultural y ser formados en el ámbito de la propia cultura….” (V CPO, 30).

 “La orientación vocacional es una actividad pastoral ordenada a ayudar a los candidatos a descubrir el proyecto de Dios sobre su vida, profundizando con ellos el compromiso bautismal,… Ayúdese a la Orden Franciscana Secular, que comparte con nosotros el espíritu de san Francisco, y a los movimientos espirituales de los jóvenes y colabórese con los organismos de pastoral vocacional en las diversas iglesias locales”. (V CPO, 58).

 “La pastoral vocacional nace de la conciencia que los hermanos tienen de vivir y poder ofrecer un modelo de vida rico de contenido humano y evangélico,… La pastoral de las vocaciones no debe motivarse por deseo de supervivencia o por exigencias de mantener en pie ciertas estructuras, sino sólo por el propósito de realizar el plan de Dios también mediante nuestro carisma”. (V CPO, 59).

 “Entre los medios más eficaces para ayudar al que busca un modelo de vida cristiana y religiosa convincente hay que recordar, en primer lugar, el testimonio coherente de nuestra vida fraterna evangélica, acompañado de la oración, absolutamente necesaria según la enseñanza de Jesús a fin de conseguir vocaciones para la viña del Señor”. (V CPO, 60).

 “Entre los medios prácticos se ha revelado como particularmente útil el ofrecer a los jóvenes la posibilidad concreta de participar, de algún modo, en nuestra vida, sobre todo en sus actos comunitarios, como la oración, la celebración eucarística, el refectorio, las actividades. Y todo esto posiblemente en casas destinadas de propósito a este fin, con la posibilidad para cada uno de una ayuda en la reflexión personal”. (V CPO, 60).

 “Hay que procurar que toda la formación inicial siga una línea coherente y permita un desarrollo progresivo, como también es importante que no se haga pasar a un candidato a etapas ulteriores si no ha alcanzado la meta propuesta para un determinado período” (V CPO, 61).

 “Un tema muy especial y que reviste fundamental importancia es el de la formación de los formadores, los cuales, más que nadie, tienen el grave deber de renovarse y estar al día; esto es, de profundizar y vivir siempre mejor la propia vocación… De todo esto los superiores provinciales deben ser plenamente conscientes y responsables” (V CPO, 73).

 “Cada fraternidad es ella misma en la medida en que toma conciencia de ser formadora. En ella todos deben sentirse formandos y formadores, abiertos a las realidades - culturales, eclesiales y sociales (…). Si una provincia no es capaz de constituir auténticas fraternidades formativas, cuestiónese seriamente si puede asumir la responsabilidad de aceptar nuevos candidatos” (V CPO, 80).

 “Llegamos a tocar así el urgente problema de los formadores cualificados. Estos deben distinguirse por algunas cualidades poseídas con actitud abierta y dinámica; a saber: lleven una auténtica vida de fe; tengan firme esperanza en Dios y en el futuro del mundo, de la Iglesia y de la Orden; amen la vocación franciscana y estén convencidos del valor de la vida religiosa; sean capaces de trabajar en equipo de animar la vida de fraternidad, especialmente por lo que se refiere a la oración, al trabajo y a la convivencia. Sientan la necesidad de una constante puesta al día y, por lo mismo, se les facilite la especialización en materias psicopedagógicas o relacionadas con las tareas formativas. Crean íntimamente en su trabajo de formadores, inspirándose de lleno en tantos modelos que dan continuidad en la historia al rostro auténtico de nuestra Orden” (V CPO, 81).


3. PERFIL AFECTIVO DEL FORMADOR, DEL ANIMADOR VOCACIONAL Y DEL ACOMPAÑANTE ESPIRITUAL (ACTUAR)

3.1. CRITERIOS DE ACCIÓN

3.1.1. Pasión por Dios

Sentirse amado por Dios para poder amar sin medida y sin exclusivismos.

Sentirse llamado por Dios para la misión; asumiendo la vida consagrada como un don, descubriendo que es una gracia y no mérito propio.

Que busque la primacía de Dios, que se nos revela y nos llama y nos pide: libertad, entrega y un corazón indiviso.

Ser hombre perceptivo desde el Evangelio, apasionado por Cristo, verdadero y  único Maestro, y a ejemplo de san Francisco de Asís, teniendo como opción la vida fraterna y la minoridad.

Convencido de su opción de vida, demostrando su pasión por Cristo, por el Reino de Dios y la Iglesia.

Testigo de vida espiritual, humana y fraterna, coherente con el carisma.

Consciente de la propia miseria y de la misericordia de Dios.

Abierto y obediente al Espíritu.

Enamorado de la Orden y del ideal franciscano capuchino.

Disponible para asumir diversas tareas en la Orden y en la Iglesia.

Consciente de que el primer responsable en la formación y acompañamiento espiritual es el Espíritu Santo, seguido del formando.

3.1.2. Pasión por la vida

Que haya asumido valores humanos: respeto, orden, responsabilidad, solidaridad, comprensión, atento para escuchar, persona madura, convencida y contenta de su vocación, alegre y asertivo.

Apertura al diálogo y a la escucha, capaz de comprender y de involucrarse humanamente con los demás, no desde la obligación sino como actitud natural.

Capaz de vivir en medio de los conflictos. Que pueda ver la crisis como oportunidad de acompañamiento integral, transparencia y sinceridad.

Que viva una afectividad sana, bien equilibrada, libre de complejos, de represiones y falsas libertades.

Ser capaz de vivir la soledad con criterios evangélicos.

Ser capaz de compartir experiencias, conversaciones empáticas  y mantener amistades sanas.

Relaciones de respeto con todos (hombres y mujeres), basadas en el amor y comprensión.

Ser atento con lo que está viviendo. Ser consciente que es un ser humano, aceptando y sanando su historia personal; caminando hacia la madurez por medio del autoconocimiento y la autoaceptación, identificando y nombrando sus emociones.

Ser humilde: no creer que uno ha alcanzado ya la completa madurez. Tener conciencia de la propia fragilidad y errores, eso lo coloca a uno en apertura y genera una mirada compasiva.

Transmitir los sentimientos de una manera adecuada. Abrirse a los demás sin exclusividades.

No tener miedo de nombrar las dificultades ni escandalizarse por ellas.

3.1.3. Pasión por la fraternidad

Misericordioso consigo mismo y con los demás. Exigente y flexible.

Ser agente de comunión en la pluralidad, generando confianza en los hermanos.

Que sea transparente en la economía.

Ser consciente de que se comparte lo recibido y aprendido en el camino.

Inspirar y generar confianza, pues permite la apertura y el diálogo.

Que tenga autoridad desde la coherencia de vida, no desde el autoritarismo que puede ser un reflejo de complejos.

Que respete la autonomía y llame a vivir la responsabilidad.

Abierto a la corrección fraterna, realizada en espíritu de caridad.

Que sea capaz de trabajar en equipo (fraternidad formadora). La corresponsabilidad en la formación acrecienta la relación fraterna.

Ser hombre capaz de verbalizar sus sentimientos en la fraternidad, usando la alegría y el diálogo como superación de los conflictos.

3.1.4. Pasión por la misión

Promotor de la comunión con la comunidad eclesial.

Tener carisma, ser valiente y decidido para llegar o acercarse a los jóvenes en sus diversas realidades.

Que sea cercano a la gente sufrida.

Abierto a cambios: constante preparación para servir mejor.

Que sea organizado y planifique; es importante el criterio para establecer prioridades.

Capacidad de relación con personas en situaciones que merecen especial atención: enfermos de VIH, situaciones límites y otros.

Ser capaz de acompañar a las personas con orientación homosexual con serenidad y misericordia.

 

3.2. PROPUESTAS DE ACCIÓN

3.2.1. Propuestas generales

Asumir como vocación - misión la tarea formativa y la animación juvenil y vocacional.

Entender la obediencia como realización de la voluntad de Dios, elemento básico en la integración personal.

Cultivar la vida espiritual: sacramentos, oración, retiros, lectura orante de la Biblia, etc.

Reconocer la necesidad del trabajo personal y de la ayuda del acompañante espiritual, viviendo la transparencia y confianza.

Generar en la fraternidad el ambiente propicio para la apertura personal y la  sinceridad, evitando los juicios temerarios, comentarios hirientes, murmuraciones.

Recurrir a hermanos en temas que nos superan, acudiendo especialmente a la experiencia de los hermanos mayores.

Redimensionar y canalizar las relaciones afectivas con los hermanos y con los demás, buscando un equilibrio entre ambas. En este sentido, es importante cuidar los límites convenientes, considerando personas, lugares y horas.

Ser para todos, no tener preferencias excluyentes, pues eso daña la fraternidad.

Trabajar las relaciones personales motivadas por carencias afectivas.

Vivir de manera integrada la afectividad, la sexualidad y la experiencia de Dios, con apertura de espíritu.

Asumir la castidad como un don de Dios.

Articular la experiencia personal con formación teórica, especialmente en el campo psico-espiritual. 

Ser prudente y abordar a tiempo las dificultades por las que se está atravesando.

Tener conciencia de que las relaciones humanas son complejas e impredecibles. Es un proceso constante.

3.2.2. Propuestas para el Animador Juvenil y Vocacional

Abordar con una visión conjunta la pastoral juvenil y la pastoral vocacional, estableciendo a la vez espacios diferenciados.

Ayudar a crear una cultura vocacional.

Manejar un lenguaje cercano a la realidad del joven. No juzgar, no criticar y antes de darles consejos, escuchar y entender la realidad del joven.

Hacer procesos personalizados con un plan que responda a las necesidades del joven, desde un acompañamiento en su vida de fe. Tener en cuenta la diversidad de los jóvenes valorando sus opiniones, evitando actitudes represivas y autoritarias. Mirando a los jóvenes como actores estratégicos de su desarrollo y sujetos de derechos, así como personas completas que pueden transformar sus vidas y contribuir a un cambio en la sociedad.

Ofrecer al candidato un proceso de discernimiento vocacional, previo al ingreso a la Orden; con un seguimiento constante.

Orientar la búsqueda espiritual del joven para evitar que sea presa fácil de las sectas.

Interesarse por conocer la realidad del joven: saber dónde vive, qué hace, su historia.

Partir desde la realidad del joven, desde un enfoque adecuado que tenga como centro al joven, reconociendo sus particularidades, el mundo en que se desenvuelve, sus formas de ser y de estar en el mundo.

La tarea de la pastoral juvenil y vocacional se realizará en sentido amplio, buscando orientar, suscitar y promover vocaciones a los distintos estados de vida, especialmente a la vida consagrada, ofreciendo a otros nuestro estilo de vida al servicio del Reino.

La pastoral vocacional debe ser transversal; debe estar inserta en las distintas pastorales que realizan los hermanos. Se asume el compromiso del encuentro y la animación vocacional juvenil como tarea de cada hermano.

Proponer una formación integral del joven en los distintos niveles: humano, cristiano, religioso y franciscano capuchino. Procurando la evangelización de las culturas de los jóvenes.

En lo posible, garantizar un adecuado proceso de acompañamiento vocacional, no menor a un año.

Realizar la PJV con un sentido más eclesial. Crear una mentalidad común, inspirar, impulsar y orientar acciones comunes.

Abrir la pastoral juvenil y vocacional al ámbito universitario y a espacios públicos, como centros comerciales y plazas; y hacia la cultura juvenil de las “tribus urbanas”.

Procurar que el joven experimente la llamada a ser discípulo y misionero de Jesucristo entregando su vida por el Reino.

Dedicar una persona a tiempo completo para llevar el trabajo de la animación vocacional, tanto con los jóvenes, como para animar a los demás hermanos en esta tarea.

Conformar fraternidades formativas dispuestas a compartir la vida con los jóvenes.

Usar los medios de comunicación para llegar con nuestra propuesta vocacional a los jóvenes

Aprovechar la catequesis, los colegios y otros espacios para pedir la colaboración de los padres de familia en el trabajo del la PJV. Sería loable que sean los padres quienes presenten a sus hijos la vocación a la vida consagrada y eventualmente los apoyen a seguirla.

Dirigir una convocatoria vocacional preferencial a jóvenes de 20 a 25 años.

Favorecer la participación de los jóvenes en misiones, voluntariado, trabajo solidario y actividades relacionadas con la ecología y el cuidado del medio ambiente.

Interesarse por la realidad familiar de los jóvenes candidatos a ingresar en la Orden.

Elaborar un plan de actividades de la Pastoral Juvenil y Vocacional.

Aprovechar las Asambleas, Capítulos provinciales y locales, celebraciones y eventos importantes para divulgar el material vocacional y sensibilizar a los hermanos sobre la importancia de la pastoral juvenil y vocacional.

3.2.3. Propuestas para el Formador y el Acompañante espiritual

Equilibrar la tarea formativa con el trabajo pastoral. Si bien se debe priorizar la labor formativa, es saludable para el formador realizar trabajo pastoral.

Considerar la formación como un trabajo que incluye una terapia para sanar heridas y propiciar la relación interpersonal.

Ser claro y objetivo con el formando,  ayudándole a descubrir sus actitudes y comportamientos.

El formador debe saber manejar el tema de la transferencia y contra-transferencia.

Motivar al formando para que elabore el proyecto personal de vida como instrumento de evaluación, conversión y confrontación.

Desarrollar la capacidad de la escucha paciente en el momento oportuno y preciso para ayudar al formando a partir de su momento.

Establecer un diálogo fraterno con el formando que presente orientación homosexual. Ofrecerle la posibilidad de una terapia psicológica, para un serio discernimiento. El formador deberá estar atento a dicho proceso en constante y sana vigilancia. Tener en cuenta siempre los documentos de la Iglesia y de la Orden.

 

CONCLUSIÓN

Con el impulso de Aparecida (2007), la Carta del Ministro General sobre la Formación inicial (2008), el Congreso del Postnoviciado celebrado en Asís (2004), el Congreso de Vida Consagrada (2004) y otros documentos de la Orden y de la Iglesia, estamos seguros que estas “Orientaciones y Conclusiones” pueden ayudar a cada uno de los formadores -y a las diversas circunscripciones- para seguir en el proceso de autoformación, integración y consenso de algunos aspectos que nos llevan por caminos de comunión en nuestra Conferencia Andina.

Con el mismo espíritu fraterno, dialogal, participativo, confiado y lleno de esperanza… ponemos en manos de Ministros, Formadores, Animadores Vocacionales[7], cada uno de los hermanos de las Circunscripciones y del Oficio de Formación del la Orden la experiencia vivida y los senderos por donde queremos caminar.

 


GLOSARIO

Acompañante espiritual: También llamado director espiritual. 

Animador vocacional: En algunas circunscripciones, promotor o pastoralista vocacional.

Cultura vocacional: La propuesta de la vocación universal a la santidad en los diversos estados de vida debe inspirar toda labor pastoral.

Formador: También llamado acompañante en la formación.

Homosexualidad: Ver conclusiones del Congreso Internacional del Postnoviciado (Roma, 2004).

Misión ad / inter gentes: Pertenece a la Tradición la Misión ad Gentes, es decir, “a” los que no han recibido la Buena Nueva de Jesús. En la Segunda Regla, San Francisco nos llama a ir “entre” los gentiles.  

Modelo formativo seminarístico y modelo carismático: Por el primero se entiende el predominio de lo académico sobre lo vivencial; el segundo modelo comprende la vivencia cotidiana de las notas carismáticas: oración, fraternidad, minoridad.

Pobres, como lugar teológico y carismático: En la Biblia y en la Tradición, los pobres aparecen como los preferidos de Dios. La minoridad, nota del carisma franciscano, implica la humildad y el vivir gustosamente en medio de los pobres. La opción por los pobres es el hilo conductor de la Pastoral y la Teología latinoamericanas.

Transferencia y contra-transferencia: La primera consiste en la proyección de sentimientos vinculados a experiencias vividas en el pasado, especialmente en la niñez, sobre otras personas en la actualidad. Por ejemplo, si hubo un conflicto con el padre, se proyecta el resentimiento sobre el superior o el formador. La contra-transferencia es la respuesta automática e inconsciente del que recibe la transferencia, es decir, en el ejemplo anterior, que el superior o el formador se identifique con el rol del padre.

Tribus urbanas: Grupos compuestos en su gran mayoría por jóvenes, identificados con signos externos, modos de vida y, en algunos casos, ideologías. Por ejemplo, emos, góticos, punk…

Vergüenza y culpa: Sentimientos universales que forman parte del proceso psicoafectivo. La culpa es la percepción que alguien siente de haber cometido una transgresión; uno ha hecho algo “malo”. La vergüenza es el sentir que, porque uno ha fallado, es incapaz o inferior.



[1] Conocoto es una población cercana a Quito (ciudad satélite) del Valle de los Chillos, a unos 2700 metros de altitud (más bajo que Quito (28880 m.) y que alberga algunas congregaciones y casas de religiosos y sacerdotes..

[2] La Conferencia Capuchina Andina (CCA) ha organizado y celebrado un encuentro para formadores cada dos años (éste es el quinto, desde 1999), rotando el lugar entre las diversas circunscripciones. También se ha invitado a otras conferencias para participar, por ejemplo la CONCAM,

[3] Los expositores/as han sido: Santiago Ramírez, Adalberto Jiménez, Kevin Flaherty (primera semana sobre el “Perfil afectivo del formador”), Carlos Bernal, Gabriela Medina, Gisela Vargas, Vladimir Serrano, Ana Tibau y Mons. Luis Cabrera (segunda semana sobre “Pastoral Vocacional”)

[4] Con la colaboración de os hermanos participantes en el encuentro se han realizado grupos de reflexión, secretarios de cada uno de los grupos, secretarios generales, cronistas y otros servicios voluntarios y fraternos (diferentes en cada una de las dos semanas) que nos facilitado la ejecución de este encuentro formativo.

[5] El Capítulo General del año 2007 tomó la decisión de que se realizada una “Ratio Formationis”, para lo que se pide la colaboración de diversas instancias de la Orden. Agradecemos la apertura del Oficio de Formación (de Frascati) en la persona del Hno. Piero Véliz, por el acompañamiento, ánimo y apoyo en este proceso, especialmente en el encuentro de formadores que hemos celebrado en Quito.

[6] La comisión de coordinación ha optado por el esquema latinoamericano del Ver-Juzgar-Actuar, aunque dando nombres diversos y tomando expresiones de Aparecida.

[7] Recodamos que este encuentro no sólo ha contado con los formadores de las diversas etapas de la formación inicial, sino también a los animadores vocaciones de cada circunscripción, tal como había sido la invitación del Secretariado de Formación (desde Tranquilandia, Colombia, 2007) y de los Ministros de la CCA.

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