En camino hacia el VIII Consejo Plenario de la Orden
Mäuro Jhori

Una brújula que orienta el camino
El Octavo Consejo Plenario de nuestra Orden, según mi opinión, está llamado a afrontar el delicado e importante tema de “la gracia de trabajar” desde el corazón de nuestro carisma, es decir, desde la centralidad de la vida fraterna. “La Regla y vida de los hermanos menores esta, a saber, vivir según la forma del Santo Evangelio”. Ante de comenzar a hablar sobre las tentaciones que se encuentran a propósito del trabajo, como por ejemplo el individualismo y el activismo, debemos hablar de la vida fraterna según el Evangelio como de la verdadera brújula llamada a orientar todo nuestro camino. Desde los tiempos del Vaticano II hemos comenzado a reescribir nuestras Constituciones y el acento ha pasado decididamente de la dimensión más bien penitencial a la fraterna. Este cambio no ha sido aplicado aún en todas sus dimensiones. Ahora nos toca hacer el trabajo que el VI CPO hizo para la economía.
 
Somos una fraternidad con una misión
Co esto quiero decir que el trabajo realizado por cada hermano debe ser expresión de la fraternidad. Ante todo, es la misma fraternidad evangélica quien está llamada a preguntarse cómo se coloca en la Iglesia y en el mundo de hoy, hacia adonde se dirige, qué quiere privilegiar, dónde identifica la presencia de nuevas y urgentes necesidades. Por lo general nos centramos demasiado en el permitir a cada hermano que desarrolle sus propios talentos, lo cual es ciertamente justo, sólo que esto tiene que ser visto e incluido en la amplia visión de lo que queremos ser y realizar en la Iglesia y en el mundo de hoy como fraternidad. Considerando la vida fraterna como aspecto central de nuestro carisma debemos, por lo tanto, hacernos promotores de todo lo que favorece la colaboración y participación del mayor número de personas. La misma actividad parroquial hecha por los capuchinos debe orientarse firmemente a involucrar a todos en distintos niveles. De igual modo la formación inicial debe introducir progresivamente en la dimensión de las actividades realizadas en común, juntos, valorizando los dones de cada uno. Hemos escogido la vida fraterna, por lo tanto, queremos promover en la Iglesia y en el mundo realidades más fraternas, donde todos son valorizados y llamados a dar generosamente su aporte.
 
Listos para cualquier actividad cuando sea necesario
¿Qué tipo de actividad se atribuye mayormente a los capuchinos? ¡Difícil decirlo! No somos jesuitas con universidades, ni salesianos con escuelas profesionales para jóvenes, ni mucho menos camilos con hospitales. Tengamos presente, por ejemplo, que por mucho tiempo hemos rechazado el servicio de las confesiones para que no nos aleje de la vida del espíritu; pero cuando las circunstancias y la misma Iglesia nos lo pidieron con insistencia aceptamos y tuvimos confesores de mucho valor. Recordemos al P. Leopoldo Mandic y al P. Pío de Pietrelcina. Es importante para mí reafirmar que respondimos a una necesidad real que la Iglesia nos indicó. Lo mismo se puede decir de las misiones. No en vano el primer mártir de Propaganda Fide fue un capuchino, Fidel de Sigmaringa. En siglo diecisiete, durante las fuertes migraciones de Europa hacia las américas , durante las fuertes migraciones de Europa hacia las amilo parroquial.
encia en las parroquias, nuestras casas éricas y Australia, nosotros partimos para garantizar la asistencia pastoral y espiritual a los migrantes. Enriquecidos por esta tradición hace pocos años constituimos una custodia general sui generis para servir a los innumerables migrantes que de las Filipinas y del sur de la India se dirigen a los países del Golfo Arábico.¡Respondimos a una necesidad concreta!
Cuando los capuchinos españoles en la primera mitad del ochocientos fueron forzados a abandonar su propio país, muchos de ellos e dirigieron a Mesopotamia (Siria, Irán, Irak) y se dedicaron a la medicina para poder ayudar a la gente y para poder sustentarse. Sería muy interesante saber a partir de qué momento aceptamos el cuidado de las parroquias y como éste evolucionó. Para muchos de nuestros hermanos esta parece ser la única actividad que podemos tener, pero no ha sido siempre así, ni tiene porqué ser siempre así. Hay provincias que no conocen, o quizás muy poco, este tipo de actividad y se han distinguido sobretodo por ayudar a las parroquias con la predicación y las confesiones. Esto estuvo en auge especialmente cuando las actividades pastorales miraban principalmente a alcanzar el mayor número de personas con los sacramentos. Por otro lado, ¿cómo no recordar la asistencia a los apestados desde el comienzo de nuestra reforma y, seguidamente, la presencia junto a los enfermos y encarcelados? Para promover una pastoral que se proponga, ante todo, de crear comunidades vivas y de promover la formación de los laicos, para que asuman responsabilidades al interno de las comunidades eclesiales y en el ámbito político, se necesita estar convencidos que la fraternidad representa un valor que vale la pena proponer dondequiera que vayamos y trabajemos. Además, se necesita una formación especial para convertirnos, como dice Papa Francisco, en expertos en comunión.
 
Ir a las periferias de nuestro tiempo
Por lo tanto, este CPO debe ser la oportunidad para interrogarnos sobre las nuevas necesidades que nos interpelan y que entendemos afrontar generosamente, inclusive, si es necesario, con una seria preparación. ¡No siempre es necesario improvisar! El hecho de ponernos a la escucha de las sugerencias del Espíritu Santo y de escrutar juntos los horizontes de nuestro mundo contemporáneo, debe constituir un elemento permanente de nuestro estar juntos en fraternidad. En esto somos interpelados fuertemente por Papa Francisco que no cesa de decir que debemos ser una iglesia que sale y que pide a los religiosos de despertar al mundo. No podemos reducirnos a hacerlo sólo con palabras, es necesario presentar signos concretos y proféticos.
 
Los cambios ocurridos en el modo de concebir el trabajo
Acerca del trabajo nosotros no estamos exentos de los cambios ocurridos en la sociedad en la que vivimos. Esta, especialmente con referencia a Europa, ha pasado de un modo prevalentemente agrícola al industrial y, seguidamente, al de los servicios y al digital. Muchos abandonaron la tierra por la fábrica porque se ganaba más, y luego se optó más bien por el mundo de los servicios en cuanto que el trabajo monótono y repetitivo de la fábrica fue fuertemente automatizado. No cambió solamente el tipo de trabajo sino que en el imaginario colectivo cambió también el valor dado al trabajo, particularmente al trabajo manual y repetitivo. Basta pensar a la revolución en el mundo femenino, que por mucho tiempo se contentó con cuidar el hogar y criar a los hijos, mientras el esposo se dedicaba a un trabajo remunerado, fuera de la casa. Un tiempo atrás este era el concepto de la división del trabajo, el marido fuera y la mujer en la casa. Hoy, en muchas sociedades, esto ya no vale. De hecho son siempre más numerosas las mujeres que siendo esposas y madres ejercen una profesión fuera de la casa.
Nuestro mundo capuchino también ha sufrido la influencia de estos cambios históricos. Entre nosotros existía la división entre quienes se ocupaban de los servicios internos del convento y de la mendicación y quienes se dedicaban al trabajo pastoral. Los primeros, los hermanos laicos, estaban prácticamente al servicio de lo segundos, de los padres. Pero está claro que hoy en día, en un mundo donde la especialización cuenta y el trabajo intelectual es considerado superior al manual, este modo de concebir los trabajos dentro de las fraternidades se ha derrumbado, y no hay siquiera motivo para esperar que se regrese a lo que era antes, no hay espacio para la nostalgia por el pasado. Me pregunto si no estará en este cambio sobre el concepto del trabajo uno de los motivos de la crisis de las vocaciones de los hermanos laicos. Trato de explicarme.
 
Hemos reemplazado los hermanos laicos con los empleados asalariados
¿Cuál ha sido la consecuencia? En vez de cambiar el sistema, ¡hemos reemplazado a los hermanos laicos con personal laico pagado! ¡Y en esto en nombre de la actividad pastoral irrenunciable! ¡Los padres siguieron siendo padres! Si nos proponemos a considerar seriamente la centralidad de la vida fraterna, es claro que algo tiene que cambiar en este sentido. La situación se hace particularmente delicada cuando pasamos del estado de hermanos que dependían de la bondad de las personas a ser importantes patrones que ofrecen trabajo. En este caso las relaciones se han invertido y ahora la gente dependerá de nosotros mientras nosotros entramos inevitablemente en un ámbito en el cual ¡estamos ahora llamados a ejercer el poder, y a veces, mucho poder!
 
¿Una Orden mendicante?
Nosotros somos clasificados aún hoy en día entre las Órdenes Mendicantes y es cierto que por siglos hemos vivido principalmente de las limosnas. No todas las actuales circunscripciones de la Orden han conocido esta dimensión. Hoy podemos decir que esa dimensión ha desaparecido y los motivos son muchos, ya en parte los he expuesto en mi carta sobre “La gracia de trabajar”. Sin embargo, constatamos que este hecho ha vuelto candente y muy actual el tema del trabajo.
Cuando como estudiante de teología iba a pedir limosna más de una vez he escuchado: “¡eres joven, ponte a trabajar!”. Hace un tiempo se sugería trabajar para no ser víctima del ocio, ¡hoy en día se ha hecho urgente tener que trabajar para vivir! Este CPO está llamado a promover una seria reflexión sobre los valores que queremos transmitir en la formación inicial y permanente, sobre los tipos de trabajo que van más de acuerdo con nosotros capuchinos, sabiendo que queremos privilegiar siempre y en cualquier lugar la vida fraterna evangélica y el impulso misionero. No olvidemos que los famosos sacerdotes y hermanos obreros no se insertaron en el mundo laboral únicamente para ganarse el pan con su trabajo, sino que partieron de un proyecto solidario y para dar testimonio cristiano allí donde las masas eran fuertemente tocadas por la descristianización.
 
El sentido de pertenencia
Hace dos años, en Islandia, cené con cuatro obreros polacos llegados allí para trabajar en las fábricas de aluminio y ganar dinero para mantener a sus familias. Cuando durante la cena mostraron las fotos de sus familiares que estaban en Polonia y nos dijeron que sus hijos estaban estudiando en la universidad, ¡hubiesen visto cómo brillaban sus ojos! Estaban cumpliendo un sacrificio lejos de casa, viviendo en un ambiente difícil, y sin embargo estaban contentos porque sabían por quien lo estaban haciendo. Su vida es una vida dura, de muchos sacrificios, sin embargo, ¡están contentos porque todo tiene sentido!
Este es un desafío para nosotros: ¡saber por quien hago las cosas! La fraternidad no se puede reducir al lugar que me da determinadas oportunidades, pero por lo demás me las arreglo como sea. Trabajo para mi fraternidad y estoy contento de entregar a ella el fruto de mi trabajo porque comparto los compromisos que ella asumió. Sé que parte del salario nos permite de tener lo necesario para vivir y que otra parte cubre, por ejemplo, los gastos del hermano que trabaja entre los pobres y que no recibe nada a cambio. Estoy orgulloso de que lo haga y éste es mi modo de participar.
 
Provenimos y vivimos en contextos muy distintos
Hace un tiempo leí una consideración sobre el continente africano, en ella se hacía notar que este continente no había conocido prácticamente la era de la industrialización. La mayor parte de los productos son importados. Al mismo tiempo, este continente ha vivido la experiencia tristísima de la trata de esclavos. Por lo tanto, es claro que un hermano africano tiene una mirada distinta sobre muchas realidades concernientes al trabajo y lleva consigo un tipo de rechazo hacia el trabajo manual, considerado esclavista.
Hay circunscripciones que deben la realización de sus infraestructuras y el financiamiento de la formación inicial casi completamente a los aportes llegados de fuera. Todo esto se ha podido hacer por medio de un considerable y admirable esfuerzo de solidaridad, pero ahora, en el momento en que los cambios de nuestros tiempos nos obligan a una disminución drástica de los medios a disposición ¿cómo se aprestan para afrontar el futuro con menos medios provenientes de fuera y debiéndose apoyar principalmente en sus propios recursos?
 
Una gran oportunidad
Yo considero el VIII CPO como una gran oportunidad para nuestra Orden, un verdadero y propio momento de gracia. Queremos interrogarnos sobre un solo aspecto de nuestra vida, el trabajo, pero apenas lo afrontamos nos damos inmediatamente cuenta que con él nos vemos obligados a tocar todos los otros aspectos fundamentales de nuestro vivir capuchino hoy.
El mundo está cambiando a una gran velocidad. Hay nuevos desafíos por doquier y nosotros queremos estar presentes en modo activo, teniendo un proyecto fraterno para la Iglesia y para el mundo. San Francisco, la Regla, la historia de nuestra Orden Capuchina, son realidades que pueden y deben inspirar nuestras opciones, pero luego somos nosotros los llamados a realizarlas con un renovado sentido de responsabilidad y de audacia. Las respuestas nacen sobretodo de la capacidad de captar lo que ocurre a nuestro alrededor (ver). Hay situaciones que promover y otras que combatir, y eso depende de los valores que inspiran nuestra vida (juzgar). Pero a continuación, nace la exigencia de actuar, de emprender algo concreto.
¡Confiados en la presencia de tantos santos en la historia de nuestra Orden estamos seguros de su intercesión y afrontamos este momento histórico con confianza y esperanza!

 

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