22 DE ABRIL: DÍA MUNDIAL DE LA TIERRA

¡ LA TIERRA CLAMA JUSTICIA!

Hace ya casi 40 años, en 1970, se instituyó el 22 de abril como Día Mundial de la Tierra. Esta fecha fue instituida a propósito de la declaración de la Organización de las Naciones Unidas en la "Cumbre de la Tierra " celebrada en Estocolmo el año 1970.

Son ya casi 40 años desde la primera vez que surgieron voces de alerta y preocupación por el medio ambiente, convocándonos a todos a tomar conciencia de nuestra corresponsabilidad en el cuidado de nuestro planeta y a estar alerta acerca de los problemas que más daño están generando a nuestra casa grande.

Habrá que recordar que a lo largo de estos últimos 40 años se han celebrado varias cumbres, y otros cónclaves, que han convocado a líderes del mundo entero con el objetivo de implementar políticas orientadas a preservar el planeta ante las inminentes amenazas que sobre él se ciernen. Habrá que resaltar que en este lapso muchos países han dado pasos importantes en la legislación y reglamentación ambiental. Habrá que subrayar, también, que Estados Unidos se rehusó a firmar el Protocolo de Kyoto sobre el  cambio climático para reducir sus emisiones de gases tóxicos a la atmósfera.

Todo parece indicar que el deterioro del planeta no encuentra vías que reviertan tal estado de cosas. Más al contrario,  se han hecho más  patentes que nunca el deterioro creciente de la atmósfera, la pérdida de la biodiversidad, la lluvia ácida que acaba con los bosques y contamina las fuentes de agua, los cambios climáticos que ocasionan sequías e inundaciones y golpean a los más pobres, la desertificación de los suelos, la constante circulación de desechos tóxicos que provienen de los  países industrializados; para citar solo algunos de los muchos problemas que ahora enfrentamos. En suma, se ha hecho muy evidente la falta de capacidad para sustentar la existencia de todos los seres vivos en el planeta.

También hay que decir que en estas últimas décadas la enorme inequidad en el acceso y disfrute de los bienes y recursos no solo no se resuelve, sino que se ha agudizado.

Llegados a este punto, es legítimo preguntarnos: ¿Qué es lo que obstaculiza para que los países del mundo entero implementen de manera decidida acciones que se orienten a preservar el planeta?

Sin duda, uno de los principales factores que nos ha conducido a esta "crisis ambiental global", es una visión de desarrollo que se basa en una lógica estrictamente economicista.  Esta visión, a decir de Boff, "separa al ser humano de la naturaleza y lo coloca fuera y por encima de ella, presuponiendo que las cosas sólo tienen sentido cuando son útiles para él".  Se trata, en suma, de un economicismo que se orienta más a los capitales, a los mercados, a las inversiones, a las ganancias sin límite.  Se trata de una visión económica que no repara en la sobreexplotación de los recursos de la naturaleza, que no repara en que la brecha entre ricos y pobres es creciente y que, de hecho, nos ha llevado a un enorme desequilibrio.

Urge pues cuestionar de manera profunda la estructura económica que desatiende las necesidades de todos y de nuestra casa común: la tierra.  Se hace preciso construir una propuesta de sociedad basada en una economía que entre en sintonía con la naturaleza, que respete sus ciclos y su capacidad de soporte.  Una verdadera economía que asegure la vida material de todos en base a valores universalmente asumidos, tales como la justicia y la equidad.

Se hace preciso, pues, implementar políticas globales en la que ningún país sienta que está en desventaja frente a la tiranía del mercado que dictamina producir, comprar y vender de manera irracional y compulsiva. Se hace urgente buscar un modelo de desarrollo alternativo e integral y solidario. Un modelo que no ponga énfasis en el "crecimiento" a costa del agotamiento de los recursos del planeta.

Estas políticas globales de profundos cambios difícilmente serán posibles solo por la buena voluntad de los líderes mundiales y de los grandes intereses económicos.  Estas políticas deben ser alimentadas desde los movimientos ambientales en el mundo entero, en pos de "proteger la naturaleza frágil e indefensa ante los poderes económicos y tecnológicos"

En este punto, los pueblos indígenas tienen mucho que aportar: la sabiduría de mujeres y hombres que por miles de años han sabido convivir armónicamente con la naturaleza.  Habrá que valorar suficientemente el legado de las culturas indígenas – originarias por su respeto a la naturaleza y el amor a la madre tierra como fuente de sustento, casa común y altar del compartir humano.

Las propuestas de cambios profundos vendrán de la sociedad civil, de la participación ciudadana, de los movimientos y organizaciones sociales de base.  Las propuestas de cambio deberán estar orientadas en lograr una equitativa distribución de la tierra, del agua, en suma, de los recursos que son de todos.

UNIDAD DE FORMACIÓN Y COMUNICACIÓN (CEPA)

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