El madrugada del 12 de junio 2009, padre Juan Enrique Marco García ha fallecido en el Hospital de San Miguel, Intramuros, Pamplona. Después de 68 años de viviendo una vida llena con amor y gozoso para el Dios y su próximo, el padre Juan Enrique ha vuelto a los brazos de su Padre Divino en el cielo. Descanse en paz.

 

 

 

BIOGRAFÍA

Padre Juan Enrique Marco García

 

(Juan Enrique de Santa Cruz de Grío)

 

Padres: Ramón y Visitación

Nacimiento: Santa Cruz de Grío, 24 de noviembre 1941

Vestición: Sangüesa, 14 de agosto 1963

P. Temporal: Sangüesa, 15 de agosto 1964

P. Perpetua: Pamplona, 16 de septiembre 1967

Ordenación: Pamplona, 30 de marzo 1968

Misionero: Aguarico, 22 de agosto 1969

Fallecimiento: Extramuros, Pamplona 12 de junio 2009

 

EN MEMORIA DEL HNO. JUAN ENRIQUE MARCO GARCÍA

Introducción en la celebración del funeral

Juan Enrique nació en Santa Cruz de Grío (diócesis de Tarazona) el 24 de noviembre de 1941. Hijo de Ramón y Visitación, fue bautizado en la parroquia de San Blas de su pueblo natal el día 4 de diciembre.

Por la profesión de su padre, la familia de Juan Enrique tuvo que cambiar de domicilio varias veces: Santa Cruz, Villanueva de Huerva, Daroca… De 1948 al 55 lo vemos en Villanueva del Huerva, que es de donde ingresó en nuestro seminario de Alsasua en agosto de 1955. En Alsasua permanecerá hasta septiembre de 1960, en que se traslada a Zaragoza para sus estudios de Filosofía.

De julio del 63 a agosto del 64 es Sangüesa quien lo recibe para hacer el noviciado. Hace la Profesión simple el 15 de agosto de 1964 y la solemne en septiembre de 1967.

Estudia Teología en este convento de Pamplona del 64 al 68, siendo ordenado sacerdote el 30 de marzo de 1968 por el obispo capuchino Mons. Gregorio Larrañaga.

Tras el año de Pastoral en Tudela, es destinado al Ecuador el 22 de agosto de 1969. Como los antiguos misioneros, Juan Enrique marchó a América en barco, partiendo del puerto de Barcelona en otoño de ese mismo año, y a finales de diciembre ya lo vemos en el Vicariato Apostólico de Aguarico, donde ha permanecido toda su vida misionera, excepto el año que estuvo en España con motivo de la enfermedad y muerte de su padre, y que aprovechó como año sabático, haciendo algunos cursos en el Seminario de Vitoria (1998-99). El 15 de marzo de 2009  tuvo que volver a Pamplona, a nuestra enfermería provincial, para ser atendido de cáncer de colon con metástasis; decisión que le costó no poco, pero que aceptó ante el consejo de los médicos y de sus superiores. Tras distintas pruebas y análisis, tuvo que suspender el tratamiento de quimio por sus problemas de corazón, que requirieron el implante de un marcapasos pocos días antes de su muerte. Fallecía en la Clínica  San Miguel de Pamplona ayer, 12 de junio, a las dos de la mañana.

¡Descanse en la paz del Señor!

 

En la nota que momentos después de morir Juan Enrique escribía el Obispo del Aguarico, aquí presente, a sus misioneros y amigos de Ecuador decía entre otras cosas:

“El Señor visita nuestra Iglesia de Aguarico con la Hermana Muerte... Enrique vivió para la misión a la que quiso y a la que se entregó durante toda su vida sacerdotal y misionera. Estuvo y misionó prácticamente en  todos los lugares:   Nuevo Rocafuerte, Puerto Quinche, Coca, Sachas, Guayacán... Acompañó a indígenas y colonos en su encuentro con Jesucristo vivo. Aprendió el Quichua, ejerció como profesor y  vicerrector del colegio Gamboa, estuvo siempre atento, como Provicario , para apoyar al Obispo en todo momento.

En su última enfermedad ha sabido acoger con serenidad y buen humor los momentos difíciles del sufrimiento y el dolor. Tuvo la ilusión de vivir hasta el final su vocación misionera en Aguarico; la enfermedad le trajo a España, pero con la esperanza de regresar allá. El Dueño de la Mies bendiga su dedicación y entrega y nos ayude a mantener la tradición de nuestra Iglesia Particular de Aguarico.

Son muchos los testimonios de pésame y solidaridad que estamos recibiendo al conocerse la noticia de su muerte. Aquí quiero citar como ejemplo el de su compañero de Coca Juan Carlos Andueza, que nos dice: 

“Enrique ha pasado por todos los lugares como de puntillas, sin meter ruido, sin dejarse sentir, desapercibido. Era una persona de bajo perfil, reservada...,  pero cuando uno se pone a pensar tenía un montón de valores”. 

Su compañero los últimos años en Guayacán, Vía Aucas, José Mari Sádaba, aquí presente, lo describe como un hombre respetuoso y servicial, buen colaborador y buena persona; alguien cercano y que sabía querer; hombre de prontos, pero con sentido del humor; acogedor y comprensivo…

Miguel Ángel Cabodevilla escribía ayer tarde: “No me cabe duda de que aquí serían  cientos los que quisieran haberlo despedido, decirle una última palabra o dedicarle un abrazo. Porque Enrique tenía algo que se aprecia mucho en estas tierras amazónicas; era mucho más hospitalario y generoso que impositivo, y tenía la mayor parte de los días un gran humor. En un mundo donde cada quien quiere colgarse su medalla o imponer sus ideas, Enrique hacía mangas y capirotes, y sabía convivir con gente de muchos colores”.

El Director del Colegio Gamboa donde, como he dicho, Juan Enrique fue profesor y Vicerrector, en nota dirigida al Obispo del Vicariato, al Viceprovincial de Capuchinos de Ecuador y a otros misioneros, expresa su sentimiento de dolor y solidaridad ante el fallecimiento de nuestro hermano Juan Enrique.

¡Que el Señor lo tenga junto a sí!

 

HAS SIDO, ENRIQUE, GENIAL

Néstor Zubeldia, Capuchino-El juglar de Muskaria)

 

¿Di por qué senda escondida,

romero de libertad,

has sembrado tu bondad

en el jardín de mi vida?

 

¡ Cómo brilla tu figura,

cometa del mensajero,

sacerdote y misionero,

hecha de amor y ternura !

 

Te aclama la Amazonía,

contemplando enamorada,

tu labor apasionada,

tu espíritu de alegría.

 

¡ Qué oasis de gozo pleno,

está viviendo Ecuador

tu medio siglo de amor,

de un hombre sencillo y bueno ! 

 

Ha sido, Enrique, genial,

tu carácter admirable,

hombre profundo y amable,

siempre fiel a tu ideal.

 

¡ Mirad cómo muere un santo,

como el agua de su fuente,

agua vertida en su gente,

con el beso de su encanto !

 

TESTIMONIO JUAN CARLOS ANDUEZA, CAPUCHINO

Enrique ha pasado por todos los lugares como de puntillas, sin meter ruido, sin dejarse sentir, desapercibido. Así también ha pasado por la enfermería, sin molestar demasiado. Pocos enfermos han pasado tan poco tiempo en ella.

Hoy he cocinado papas bravas. Ayer, le comunicaba a Richard, un conocido suyo y de todos nosotros, que Enrique estaba muy delicado. Me contestó: mañana voy a tu casa a comer papas bravas como las que cocinaba Enrique, así que al fallecer ayer mismo, además de nuestro recuerdo en la oración de la mañana, lo hemos recordado en la cocina y en la mesa. Mañana tendremos que poner vino en la mesa, como estoy seguro le gustará que le celebráramos y le recordáramos a Enrique.

Era una persona de bajo perfil, reservada..., pero cuando uno se pone a pensar tenía un montón de valores: organista, buen fotógrafo, mecánico, diseñador de muebles (por ejemplo el altar de nuestra capilla de Coca, que es muy hermoso), diseñador de planos de casas y director de obras (la casa de Coca, es diseño y dirección de obra suya). Uno de los mapas más completos del Vicariato con todas las comunidades lo hizo él para la Asamblea general de 2003. Tiene de las mejores colecciones de teología moderna en sus estanterías. Le gustaban los números y la economía siempre la llevaba al día. El que primero hizo un cantoral donde incluía la plegaria eucarística completa para que pudiera ser participada por todo el pueblo, además de que le gustaba romper algunos esquemas de los que "no rujen en la selva" y fuera de ella son también bien recibidos. Los cantorales de Rocafuerte tienen más de 15 años. Muy ordenado, a pesar de ser chatarrero y enredador; era un excelente cocinero y los de Guayacán querían que siempre estuviera en la casa porque el problema de la cocina estaba resuelto.

Llevaba en Ecuador 40 años los cumplía el 22 de agosto. Alguna vez le escuché contar que el provincial Fidel le dijo: “su caridad estaba destinado a Filipinas”. Enrique le contestó: “yo a Filipinas no voy”, entonces, le volvió a decir: “¿y a Ecuador?”, “¡a Ecuador sí voy!”. Ese fue todo el discernimiento.

En Coca ha pasado bastantes años, sobre todo al inicio. Fue Vicerrector del Colegio Gamboa 14 años, después pasó algunos más. Roque recuerda que estando él en Pompeya los tres primeros meses aprendiendo el Quichua. Infallablemente, todos los jueves, bajaba a visitarle y le traía su cartón de tabacos. Era generoso y aprendió de los quichuas el valor del dinero. En Rocafuerte pasó tal vez otros 14 años, aprendió el quichua, aunque no lo hablaba públicamente, pero lo escribía y leía correctamente. En la vía Aucas (Guayacán) habrá estado unos 10 años y finalmente en Coca 1 año. El ha conocido a pie casi todo el Vicariato.

Bueno, éstos son los datos que salen un poco al apuro unas horas antes del funeral, al que nos unimos desde Coca a todos vosotros, en especial a su hermano y cuñada. Que Pacha Yaya le lleve de la mano el último tramo del camino hasta la "Tierra sin mal".

En Coca lo recordaremos el lunes día 15, en la reunión de misioneros. Con Roque estamos preparando para el lunes, un power point para recordar los lugares y su vida. Ya hemos comunicado a sus amigos más cercanos. la familia Villalba que nos ha proporcionado unas fotos, sus comadres Loli y Lauri, su ahijada Nikté a Zulema y tantos otros que nos han mandado a lo largo del día bastantes correos y llamadas de condolencia. 

Un abrazo a todos,

Juan Carlos Andueza, COCA, 12 de junio de 2009

 

UNA CARTA DESDE EL DIRECTOR DEL COLEGIO GAMBOA, AGUARICO

Monseñor Jesús Esteban, Padre Juan Carlos, Hermano Adalberto y más Hermanos

Paz y Bien a todos.

Desde el Colegio Gamboa, en documento adjunto, hacemos llegar nuestro sentimiento de dolor y solidaridad ante el fallecimiento de nuestro Hermano Enrique Marco. A la vez damos gracias a Dios por sus bendiciones otorgadas a través de nuestro querido Enrique, a los misioneros de la Iglesia de Aguarico y en particular al Colegio Gamboa.

Ciertamente ahora está gozando de la Vida de Dios, y desde allí, junto a Gabi, Angelito, Jesús Langarica, Hno Jesús, Inés y Alejandro, ciertamente intercederán por la Orden Capuchina y por la Iglesia de Aguarico.

Paz en su tumba.

Con amor y mucho afecto en nombre del Colegio Gamboa

Antonio Espinoza

Director Col. Gamboa y Proyectos Educativo-Productivos

Vicariato Apostólico Aguarico

Coca – Orellana - Ecuador

 

LOS QUE TUVIMOS LA SUERTE DE CONOCERLO…

En la despedida de Enrique

A mis hermanos de la Viceprovincia

Como en otras ocasiones y recordando los consejos de Miguel Ángel, quiero dejar por escrito algunos sentimientos que afloran en torno al funeral del Hermano Juan Enrique Marco.

Esta última etapa de su camino, aquí en Pamplona, se inicia la tarde de aquel domingo 15 de marzo, en el que llega a Noain. Enrique, algo débil, ligero de equipaje pero con cierta ilusión, la de aquel que viene a curarse para volver de nuevo, porque en Ecuador, todavía le esperan. Había dejado mucho, yo diría que mucha Vida, su corazón maltrecho de tanto querer, sus huesos quebrados de tanto ir de aquí para allá, cansado de cuarenta años de misión. Han pasado casi tres meses entre médicos, pruebas, transfusiones, tratamientos, anemias, entre el silencio, la paciencia y la conformidad. Nos ha dejado un testimonio de cómo se ha de morir. De todo esto saben mucho nuestros hermanos de la enfermería, así como Mariasun y José Mari Sádaba, que son los que han tenido el privilegio de acompañarle.

Al inicio del funeral, Gabriel, nos mostraba un semblante de Enrique, y como si de un mago se tratara, fue  sacando  del sombrero del tiempo, los recuerdos, las vivencias, los afectos,  descubriendo con cierto asombro ese  talante de hermano menor, de perfil bajo, que pasó de puntillas, hospitalario y tolerante; ahí descubrí la razón de tanta serenidad a lo largo de estos últimos meses.

‘Qué mañana de luz, recién amanecida’… Estrenando los primeros calores de este anticipado verano, la iglesia de Extramuros, lugar de encuentro entrañable, en cuyas bóvedas todavía resonaban los ecos de las últimas, despedidas de Langarica e Hilario, nos ha acogido una vez más para celebrar el funeral de otro misionero. 

Enrique se merecía la presencia de su obispo, Jesús Esteban, quien junto a José Luis Iso y José Mari Sádaba y 11 concelebrantes, entre ellos Dick, uno de sus últimos superiores en Guayacán, con los familiares, los hermanos enfermos, los abnegados enfermeros, capuchinos de casa y venidos de otros lugares, amigos y conocidos,  celebramos con emoción ese encuentro misterioso y definitivo de Enrique con el Padre. El obispo en su homilía nos hizo descubrir en Enrique al misionero, discípulo de Jesucristo, que a través de las buenas obras quiso ser sal y luz de la tierra. Un recuerdo, también para Gabriela Zapata, terciaria capuchina, muerta esta misma semana después de 20 años en la misión, querida por todos-as, jóvenes y mayores, aceptando el paso de la hermana muerte por el Vicariato.

Enrique se fue sin poder haber leído el folleto de Fidel, que preparó para la última semana de formación permanente de la Viceprovincia, cuyo título decía “cada día soñamos, cada día esperamos”;  sin duda, los que todavía quedamos en este mundo, soñamos y esperamos ser para esta sociedad,  una fraternidad evangélica de hermanos menores. La muerte de un hermano, la cercanía a los hermanos mayores y enfermos, me hace descubrir la imagen inacabada de hermano menor, anciano, sin fuerzas, limitado, dependiente, silencioso.

Un abrazo,

Luis Javier

Pamplona 13 de junio de 2009

 

ENRIQUE

Por Miguel Ángel Cabodevilla, Capuchino

Enrique se resistía para volver a España, porque no le gustaba la soledad. La vida, y sus pequeñas ligaduras, las relaciones humanas, los amigos, las había tejido, desde hace mucho, en Ecuador.

Un misionero es alguien que ha salido de su casa y de los suyos a hacer vivienda en otro lugar. No ya a bautizar, sino, primero, a hacer vida alrededor suyo, a crear comunidad humana, a repartir y hacer posible alguna buena noticia entre quienes le acogen. El misionero no tiene su propia familia, sino que intenta familiarizarse con muchos. No construye alrededor de sí mismo y luego defiende su hogar, pero se esfuerza porque el mundo a su alrededor tenga un aire más hogareño y amable.

Enrique, que aceptó su última enfermedad con una admirable serenidad, sin embargo sentía un escalofrío al tener que regresar a la que fue su tierra, pero temía que le esperase el frío. O al menos se sentía más desabrigado, sin esos referentes de la cercanía y el cariño que él apreciaba tanto. De manera que, seguramente, mucho más que aquí, en Pamplona, donde se le echará en falta a Enrique será entre las tierras calientes y gentes cariñosas de Orellana, en la cuenca del Napo amazónico. Allí es donde se hará verdad esa promesa evangélica de recibir, incluso en este mundo el ciento por uno.

No me cabe duda de que aquí serían un ciento los que quisieran haberlo despedido, decirle una última palabra o dedicarle un abrazo. Porque Enrique tenía algo que se aprecia mucho en estas tierras amazónicas; era mucho más hospitalario y generoso que impositivo, y tenía la mayor parte de los días un gran humor. En un mundo donde cada quien quiere colgarse su medalla o imponer sus ideas, Enrique hacía mangas y capirotes con la solemnidad y sabía convivir con gente de muchos colores. 

Dios siente la muerte de sus amigos, dice el salmo, pero se ve que también necesita de su cercanía. Enrique fue siempre una buena compañía para nosotros, los capuchinos de la amazonia ecuatoriana. De manera que, mientras hacemos memoria de tantos buenos ratos vividos junto a él,  sentimos su despedida. Aunque sabemos que está en las mejores manos.

Comentarios   

# Guest 29-10-2017 19:18
Enrique buen amigo y testigo del Señor ya desde la adolescencia. Ruega por nosotros.
Buen amigo de primera juventud. Todo que he leido sobre él lo suscribo
Responder
# Guest 29-10-2017 19:20
Suscribo lo leido sobre él. Un amigo de primera juventud y fiel al Señor. Soy testigo. Ruega e intercede por nosotros
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