DATOS PERSONALES

NOMBRES: Joaquín Hilario Saragüeta Goñi (Fray Conrado de Mezquíriz)

NACIMIENTO: Mezquíriz, 3 de noviembre de 1926

BAUTISMO: Mezquíriz, 6 de noviembre de 1926

CONFIRMACIÓN: Pamplona, San Cristóbal, 5 de agosto de 1931

POSTULANTADO: Estella, Enero de 1942

NOVICIADO: Sangüesa, 12 de agosto de 1942

PROFESIÓN SIMPLE: Sangüesa, 15 de agosto de 1942

PROFESIÓN SOLEMNE: Pamplona, 11 de noviembre de 1947

 

LUGARES DE RESIDENCIA:

Hasta agosto de 1938 en Mezquíriz

Del 3 de agosto de 1938 a enero de 1942 en Alsasua

1943 – 1944 Pamplona. Oficios varios

1944: Alsasua. Oficios varios

1945 Estella. Oficios varios

1946 – 1951: Extramuros. Oficios varios

1951 – 1952: San Antonio. Oficios varios

1952 – 1953: Lecároz. Cocina - Fogonero

1953 – 1954: Zaragoza. Limosnero

1954 – 1963: Jaca. Sacristía y Limosna

1963 - 1978: Zaragoza – San Antonio. Portería

1978 – 1985: Pamplona Extramuros. Portería y Administración

1986 – 1994: Servicios Curia Viceprovincial

1994 – 1996: Guayaquil. Portería y Varios

1996 – 2001-Playas: Despacho Parroquial y “en ausencia“ del Padre que atendía los recintos asistía celebraciones de la palabra, de la eucaristía y algunos funerales durante varios meses.

2001-2006- Quito- Curia Viceprovincial

 

ESTUDIOS:

Mezquíriz, de 1932 a 1938

Alsasua, de 1938 a 1941

Asiste al primer cursillo de Formación Franciscana en Roma y Asís de septiembre a diciembre de 1983.

 

APRECIACIÓN PERSONAL

Conocí a Hilario en el año 1986. Yo estaba en el Aspirantado Capuchino de Ibarra. Él nos visitaba con frecuencia y nos contaba anécdotas de historia y geografía. 

Tenía una memoria prodigiosa. Conocía el nombre de todas las provincias y capitales del Ecuador. Así mismo conocía los nombres de los ríos de Ecuador, más que nosotros mismos. La ciudad de Quito la conocía como si hubiese nacido en ella. En la Curia Viceprovincial donde él vivía y prestaba el servicio de trámites múltiples a favor de cada uno de los hermanos: documentos de visado, censos, reserva de boletos de autobuses y aviones para los viajeros, compras, administración de la curia y cuidado de la casa, hospedería, mensajería, encomiendas y correos, y todos aquellos quehaceres que supone una casa administrativa al servicio de todas las fraternidades. Me parece importante destacar que todo lo hacía con naturalidad y alegría. Siempre estaba de buen humor, le gustaba tener la cafetera siempre lista para brindar un café fresco a cada hermano que llegaba. Decía: A Nuestro Señor lo encontramos en la capilla en el sagrario y en la mesa en la comida. Con él la sobremesa era interminable. Nos compartía de manera sencilla y fraterna todo lo que había llevado a cabo durante el día. Sus ocupaciones las tenía tan bien organizadas que siempre disponía de tiempo para los momentos de oración  litúrgicos de la casa. Recuerdo que en los momentos especiales de confraternización: cumpleaños de un hermano, solemnidades y fiestas de la iglesia, de la Orden y del país, siempre sacaba un puro que lo degustaba delante de todos, en medio de su amena conversación. A los demás nos brindaba buenos vasos de vino con una o más copitas de coñac.  Como podemos ver era muy servicial pero no escatimaba en alagarnos con sus canciones.

Es destacable su enorme sensibilidad ante la vida y la gente, eran abundantes sus lágrimas conmovidas que brotaban de sus ojos de niño, siempre inocente, siempre muy sabio.

En Ecuador nos acompañó en Guayaquil, en Playas y en Quito donde nos brindó su jovialidad en cada misión encomendada. En Playas de Villamil se dedicó al despacho parroquial y a la formación de catequistas. Suplía también con las Celebraciones de la Palabra y atención a los enfermos cuando faltaba el sacerdote. Todo el servicio en cuánto al orden de partidas de sacramentos en Playas en su mayoría se debe a él.

Los dos años y medio que vivimos en la Curia ya no podía hacer sus recorridos en la camioneta pero servía de manera exquisita en la casa atendiendo la acogida de los huéspedes, el teléfono y la portería.

Esta es una breve impresión que esperamos ampliarla más adelante. Fraternalmente,

 

Hno. Adalberto Jiménez

 

PONIENDO ALEGRÍA EN EL CIELO

Ya estás en el cielo, Hilario, junto a las personas más divertidas y alegres (toreros, futbolistas, artistas… y toda esa gente que te hizo la vida más llevadera…). Ya estás disfrutando del Dios Misericordioso y Alegre, de la cercanía de la Virgen a la que cantabas “Salve, Salve, gran Señora…” al ritmo del Quinche. Estoy seguro que estás contando a San Francisco de Asís todas las anécdotas propias y ajenas -con todo tipo de detalles-, mientras brindas con buen vino, hueles al “incienso” de tu puro-habano prohibido y levantas un chupito de buen brandy… Ya estás haciendo fiesta y celebrando el gran banquete de la Consagración Religiosa, para que el mismo Cielo sea más divertido, más fraterno y más sensible gracias a tu presencia.

Mientras tanto, te recordamos y tratamos de hacer memoria de tus años ecuatorianos, con el corazón en el Osasuna. Sabemos que aquí lograste ser “capuchino, misionero y santo” con la gente de Engabao y casi obispo en Puerto del Morro. Te recordarán las paredes de la tapia guayaquileña que fue pintada y repintada en tu “destierro hacia el sur”, y aullará por ti la perra “Belcha” hija del Sansón y del “Dañado”. Y es que cada rincón de la casa, cada esquina de la ciudad, cada mercado del barrio y cada hermano de esta Viceprovincia tiene tus huellas y tus sugerentes consejos.

Gracias, Hilario, por ayudarnos a valorar los Salmos, sentir devoción por la Eucaristía, vivir la disponibilidad del Servicio hacia límites insospechados y… esa sensibilidad solidaria y cercana a los más pobres (aunque más de uno te engañó), porque –decías- “en cada pobre que te pide ayuda estás viendo a Cristo mismo”.

Estuviste mucho tiempo sin descubrir el paso de los años ni la aflicción de las enfermedades, y cuando llegaste a “la fatiga inútil”, se quejó la cadera, luego los ojos, las tripas… que se unieron para sacarte el boleto hacia la tierra chica, o mejor hacia las fraternas habitaciones de Extramuros, otrora pastoreada por tu amable servicio de portero y muchos oficios más, ya sea con el carromato, el coche viejo o La Villavesa…

Así como, últimamente, contemplabas al Dios de la vida en el agua del Arga, frente a tu cuarto… ahora es Pamplona, Zaragoza, Jaca, Mezquíriz, Quito, Playas y tanta gente sencilla de Pifo y Data de Villamil que lloramos tu ausencia y bendecimos a Dios por tu vida de Hermano Menor, mostrando sin estridencias santurronas lo hermoso que es vivir, lo religioso que es servir, lo grandioso que es amar con corazón blando y una buena canción del “gitano señorón” acogido por el Buen Dios, amándote más aún que tus papás y lloviendo tu talante fraterno para esta Viceprovincia tuya del Ecuador.

No te digo que descanses en paz, porque estoy seguro que seguirás sirviendo a Dios y a los hermanos desde el cielo… es lo que mejor sabes hacer… y contagiar.

Hasta pronto, hermano Hilario…

 

Jesús García

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