Hno. Carlos de la Vega

HERMANAS Y HERMANOS

“Nada es como es sino como se recuerda”, escribe el poeta Ramón del Valle Indán. En esta mañana para hacer el justo memorial a Carlos de la Vega, gran hermano Capuchino, hijo de estas latitudes norteñas, no podemos menos que desempolvar la historia y junto a ella, evocar a otros hermanos del convento de Tulcán y del pueblo con quienes fraguo sus ideales y su obra.

Ellos fueron y son en el recuerdo agradecido, Mons. Luis Clemente de la Vega, de San Isidro, primer Obispo de Tulcán y hermano del querido Carlos de la Vega que nos ocupa merecidamente éstas líneas; el hermano Eusebio de Iturgoyen, misionero de la provincia de Navarra, quien un día, en expresión de nuestros hermanos Europeos “saltó el charco” para juntarse definitivamente al grupo de los andes y el hermano Luis Fuertes, hermano menor, de Julio Andrade, es decir, geográficamente a un tiro de piedra de la tierra de Carlos.

Estos cuatro hermanos: tres de ellos, desde el “sacro” convento de Tulcán, hoy presidido por los hermanos Conventuales y uno desde la curia Episcopal se convirtieron, en una época difícil de la historia y de la Iglesia, en paradigmas imprescindibles, fieles a la voz novedosa del Espíritu. Al evocar a estos ínclitos hermanos se me antoja recordarlos con las palabras del dramaturgo Berthol Brecht, exactas para ellos:

    “Hay quienes luchan un día y son buenos,

    Hay quienes luchan un año y son mejores,

    Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos,

    Pero hay quienes luchan toda la vida,

    ELLOS SON LOS IMPRESCINDIBLES”

Por ello hermanos siempre recordemos a Carlos, Clemente, Eusebio y Luis y otros capuchinos que lucharon toda la vida. Nunca debemos olvidar la ingente obra social desplegada por Carlos de la Vega: cinco proyectos de cooperativa de vivienda a favor de los menos favorecidos de la ciudad de Tulcán. Jamás hubiera sido posible sin la genial idea, estrategia y apoyo de su hermano, Mons. Luis Clemente de la Vega quien se acababa de especializar en EE.UU. y Europa en Cooperativismo y había publicado su libro en 1957 “El Cooperativismo, sus fundamentos y proyecciones en el Ecuador” con un recordado sentido social. Además él construye la primera cooperativa de vivienda en San Gabriel, el Carchi.

La novedad de Carlos de la vega y Eusebio de Iturgoyen está en su inserción popular –mano a mano, con puco y pala, h}machete y hacha en mano en las mingas con los marginados de Tulcán que no tienen techo. No sin dificultades estos dos hermanos capuchinos organizan el sector excluido de Tulcán: limpiabotas y cargadores, madres solteras, vendedores ambulantes, ex presidiarios....y pobres en general. Junto con ellos, comienzan a trabajar en periódicas mingas: haciendo ladrillos y bloques hasta lograr construir en unos años, más de seiscientas viviendas –qué fácil se dice- Hablar de seiscientas viviendas es hablar de seiscientas familias, hablar se seiscientas familias es hablar de más de dos mil personas con techo.

El hermanos Carlos de la Vega supo conjugar palabra y obra, prudencia y descaro evangélico para pedir y regatear precios a favor de su pueblo. En Tulcán a un poco más de una década de su partida a la casa del Padre, los carchenses lo recuerdan como el “Padre de los pobres” porque su compromiso radical con “Dama pobreza” en favor de los menos favorecidos fue una constante.

Para muestra: un ramo de anécdotas

• Al día siguiente de haber recibido como regalo un reloj enchapado de oro, lo vendió para construir las casas de los betuneros

• En cierta ocasión le regalaron un TV. A los pocos días lo rifó; el dinero obtenido lo empleó para el proyecto social.

• Testigos oculares nos cuentas que el día inesperado de su muerte de infarto no encontraron en su habitación un traje decente para vestirlo.... El hábito y el poncho estaban llenos de remiendos.

• Cuando pedía le daban; cuando organizaba juegos de gallos, fútbol, pelota, bazares y comidas todo era un éxito porque veían en Carlos a un apóstol de los pobres.

Carlos de la Vega y Eusebio de Iturgoyen; hijos de dos culturas diferentes, pero hermanadas en una sola causa y fraternidad, fueron grandes amigos y hermanos. En pleno apogeo de la obra social llega como superior el P. Luis Fuertes de Julio Andrade, quien apoya incondicionalmente la obra emprendida. A la muerte de Carlos el 21 de agosto de 1987, Eusebio y Luis toman la posta, culminando el quinto proyecto llamado “P. Carlos de la Vega”. Quienes le vieron entregarse en la causa social al P. Luis Fuertes, también le rindieron justo homenaje al bautizar a uno de sus proyectos con el nombre de: P. Luis Fuertes. A la muerte de Carlos de la Vega el municipio de Tulcán y el pueblo deciden perennizarlo en un monumento que hoy ya es una realidad.

• En esta mañana de fiesta Capuchina: Carlos de la Vega, Eusebio de Iturgoyen y Luis fuertes, reviven una parte de la historia y nos lanzan a todos los que estamos aquí a un nuevo futuro evangélico y franciscano.

Carlos, Eusebio y Luis, que en la otra orilla, “Dios les pague”.

Hno. Adalberto Jiménez

 

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