Angel González Martínez

+ 10 septiembre 2008

 Angelito descanse en paz

(Angel González Martínez) + 10 septiembre 2008

Recordando a Angelito - 42 años misionero

                     

Angelito: una misión, una homilía, una carta

    Ayer comunicaba el Viceprovincial de Ecuador, Adalberto Jiménez, el funeral que se iba a hacer en la Curia Viceprovincial por nuestro hermano P. Ángel González, “nuestro querido Angelito González, quien sorpresiva y calladamente se nos fue”. Aquí vivimos muy cerca de Ecuador, entre otras cosas, porque dos novicios de aquellas tierras comparten nuestra vida: Guillermo y Saúl. El funeral lo iba a presidir el Vicario Apostólico de Aguarico, Mons. Jesús Esteban Sádaba, y se había convocado a los hermanos de la Viceprovincia. Un funeral en la Curia – pienso – “en la intimidad”, lo cual tiene su entrañable encanto. Acompañaba al mensaje del hermano ministro un “In memoriam” de Miguel Ángel Cabodevilla, escrito con esa maestría suya y muy cordialmente. En Rocafuerte y en la Ribera del Napo se elevarán, cálidas, otras oraciones por este padrecito Cashupai (este es su nombre informático) de corazón bueno, realmente bueno.


Una carta

    Escribo al día siguiente del funeral, y esta gota añadida a la memoria de Ángel quiere poner un simple reflejo para que más brille el sol en la figura de nuestro hermano. Estoy en deuda con él. Cuando en otoño del año pasado concluí las 600 páginas de “Vida y Martirio” de Alejandro Labaka e Inés Arango, hacía falta un esforzado corrector de pruebas, que acometiera la obra línea a línea, para que viera, sin perdón, dónde se había escapado o revuelto una letra, un punto, una coma.

    - ¿Sabes quién es un lince para estas tareas?, me dijo el Obispo.

    - ¿Quién?

    - Angelito – me respondió – Ya le hablaré.

    Había muerto recientemente su padre, y Angelito prolongaba un poco su estancia en España, en Logroño, creo que hasta febrero de este año.

    Línea a línea hizo su tarea con amor. Había corregido antes miles de páginas para CICAME, donde fue impresor, entre otras cosas.

    Pero a lo que voy: con las anotaciones en rojo, y otros detalles críticos, porque él conocía de propia mano la tela que se cortaba, me vino una carta suya. ¡Cómo no tenerla a mano para poder citarla! No quiso meterse en una valoración superior de si el libro hubiera sido mejor así o asá; me decía que la lectura de esas páginas, es decir, la evocación de Alejandro e Inés, le había hecho arrancar lágrimas, y renovar sus mejores anhelos misioneros para la vuelta. El haberse puesto ante Alejandro e Inés le había reafirmado en su genuina identidad, la de toda su vida: misionero.


Una homilía

    Por aquellos días de octubre y noviembre yo estaba en Aguarico, sudando, a presión, con la computadora. Ocurrió la muerte de su padre, o de su papá, como se dice por estas tierras americanas y andinas. Y cierto que estas cosas se viven con cariño, pensando en los hermanos. Nos llegó la homilía de Angelito, que la imprimieron en Coca (el pater senior, Pedro Lephaille, es especialmente sensible para estos eventos).

    Allí decía, al principio, que, como no estaba del todo seguro de sus sentimientos, había optado por hacer una homilía leída. Seguía con mucha llaneza el texto, y, de pronto, nos hizo esta confidencia, que aproximadamente sonaba así: “Llevo 40 años en la misión, y he estado dos años atendiendo a mi padre; pues estos dos años en este servicio filial, que lo he realizado a gusto, me han resultado más duros que todos los otros años de misionero…”

    Es de pensarlo…


La misión

    Yo le llevaba dos cursos a Angelito (pero él me pasaba dos meses de edad). Cantó misa en el 62, y el 63 ya fue de misionero a América hasta hoy. Debió de estar un trienio en la Custodia; el resto, en la misión. Y en la misión, precisamente en La Ribera, no en la Carretera. “Al final de 1973 se ha dado en la Misión un hecho, quizás esperado…, pero fuerte contratiempo para la reorganización de la Misión. La Crónica de Coca, nos da esta noticia que va a ser importante para el curso de dos años y medio de la vida del P. Alejandro: Diciembre, día 20. Salen, al parecer definitivamente, los Hermanos Corazonistas y se hacen cargo, de forma provisional, los Padres Alejandro, como Rector, el P. Enrique (Marco) como Vice-rector, P. Ángel González, Administrador, y Nemesio (P. Nemesio de Los Arcos o Francisco Escudero) como profesor” (Vida y Martirio…)” (Vida y Martirio).

    Más bien, su residencia va a ser la pura Ribera, en Pompeya y más tarde en Nuevo Rocafuerte. En Pompeya unas veces a solas con Juan Santos, como, por ejemplo, se establece en el capítulo de 1985: “Fraternidad de Pompeya: Hno. Ángel González, responsable de la casa; Hno. Juan Santos Ortiz, animador de la fraternidad zonal del Río”.

    El tándem “Juan Santos – Angelito” era algo sonado, comentado sin malicia. Estos siempre juntos, siempre trabajando, eran carne y uña, o “uña y mugre” como caseramente dicen en México. Muy justamente, cuando Juan Santos Ortiz de Villalba escribió Tres nombres y una voz, a propósito de los misioneros Alejandro, Martín Mújica e Inés, Ediciones CICAME, Angelito puso el Prólogo.

    Nos llama la atención un dato especial, que queda destacado en “Vida y Martirio”, y lo transcribo a honor de este misionero. Dice así: “…Hay un asunto que intriga al lector: qué hablan, cómo se entienden. Estamos en un medio indígena, en que domina el quichua. El quichua lo hablan Juan Santos, superdotado para las lenguas, Camilo, que es un maestro y escribió una Gramática de Goajiro, estando en Colombia, y una Gramática de Quichua, en Ecuador, Ángel González, José Miguel Goldáraz… El P. Alejandro, poco…”


Un consejo filosófico

    Ha caído estos días en mis manos un libro excelente titulado: Conversaciones sobre Zubiri (PPC 2008). Este admirable Metafísico pensaba así: “Quien conoce a un amigo sabe quién es él mejor que cualquier biógrafo suyo” (p. 7). Yo, biógrafo de varios, pienso igual, sin haber escrito Sobre la Esencia, como el admirable filósofo. La vida no me deparó una “amistad” con Angelito (ni tuve enemistad, Dios me libre). Pero me viene la sentencia a la mente (¡oye, Juan Santos!) para el “amigo-biógrafo” que nos entregue la semblanza en el Boletín.

    ¡Adiós, Angelito! In Christo vivas. Gracias.

Puebla, 13 de septiembre de 2008

fr. Rufino María Grández

IN MEMORIAM


Acaba de llegarme la noticia de tu muerte y esta mañana de Pamplona se llenó de recuerdos.

Es una manera, frágil y fuerte al mismo tiempo, de mantenerte vivo entre nosotros. Así como nuestra identidad depende de la memoria propia y, si la perdiéramos del todo, dejaríamos de saber quiénes somos, de la misma manera es la remembranza de los demás lo que nos mantiene de alguna manera en pie. Igual cuando vivimos que cuando nos despedimos. Siempre seré alguien mientras otro me considere hermano. Incluso después de la muerte. Leemos en el Cantar bíblico: el amor es fuerte como la muerte.

Muchos de nosotros guardamos tu presencia, Angel. Habrá quedado, quién sabe cómo, en la memoria de los naporunas y otras gentes del Napo. Y permanecerá, más callada pero persistente, en las cosas salidas de tus manos y tu esfuerzo. Te llamaron ingeniero, pero quizá te iba mejor la palabra artesano. Tu vocación de fondo. Te recuerdo haciendo mil cosas en nuestros años juntos en Pompeya. Todas ellas con tanta tenacidad como habilidad. De manera que tu presencia subsistirá impregnada, como un aroma, en tantas cosas que nos sobreviven. Libros, casas, pistas de aviación, motores, puertos de la ribera, árboles, sillas y cualquier tipo de artefactos guardarán la señal de su hacedor. Ayudaste durante 42 años, y eso no es poco, en la recreación de un mundo amazónico. Para quien quiera ver sus huellas, permanecerán ahí.

Pero, sobre nuestra frágil memoria, tan breve como la vida, hay otra a la que nos encomendamos. Esa de la que asegura el Salmo: antes de nacer, ya te conocía; antes de formarte en el seno de tu madre, te había puesto mi nombre. De manera que frente al olvido propio o ajeno, tenemos no solo la salvaguarda de la memoria de los nuestros, sino de esta otra que envuelve nuestra debilidad y la supera: la recordación amorosa de Dios. Esa memoria sin orillas, esa bondad sin final.

Por tanto encomendamos a nuestro recuerdo a Angel, pero también al mucho más potente y amoroso de Dios, que conserva la vida para siempre. Eso quiere decir que éste que ahora estamos celebrando, es el memorial de Jesús y, dentro del mismo, el de Angel, que también entregó su vida y es ya para nosotros oblación, nostalgia y sugerencia. A todas esas memorias juntas nos encomendamos.

Miguel Angel Cabodevilla

 

Ultima Profesión Solemne

 

El 8 se septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen María, en la Iglesia san Francisco de la fraternidad de Ibarra, arropados por la mayoría de los hermanos de la viceprovincia, familiares y amigos, hicieron la Profesión Solemne nuestros hermanos José Germán Medranda García (Esmeraldas), Vicente Antonio Quisirumbay Granizo (San Miguel de Bolivar) y Luis Audino Pesantez Barzallo (Pucará, provincia del Azuay). La profesión la recibió nuestro Ministro viceprovincial hermano Adalberto Jiménez.

Escribe Rufino María Grández

 

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